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Representación Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«Los Minions», la fiebre amarilla

Hoy en la sección de cine de RIRCA una de nuestras colaboradoras externas habituales, María de Lluc Quetglas, nos adentrará en el mundo de las nuevas criaturillas animadas que, poco a poco, se están adueñando de las salas de cine y de nuestros corazones: los Minions.

«Minionmanía», así es como podríamos definir a día de hoy el fenómeno Gru, mi Villano Favorito y a sus entrañables compañeros, los Minions, que se han convertido en una de las franquicias más fructíferas del último lustro. La historia del súpervillano tranformado en padre de tres niñas ha conseguido conmover tanto a pequeños como a mayores. Pero, ¿de dónde surgió esta idea? No nos tenemos que ir muy lejos para encontrar la respuesta ya que, aunque mucha gente no lo sepa, nuestros adorados Minions nacieron en España de la mano del animador y diseñador de personajes Sergio Pablos – que ha trabajado en films como El Jorabado de Notre Dame (1996), Tarzán (1999), El Planeta del Tesoro (2002) o Río (2011). Fue en 2008 cuando su propio estudio, The SPA Studios, vendió la historia a Universal Studios e Illumination Entertaiment para llevarla a cabo. El concepto era sencillo: dar la vuelta a los roles y colocar al villano en primer plano como protagonista.

Pero, para entender de dónde nacen los Minions, primero tenemos que situar a su querido jefe. Según explicará el propio Sergio Pablos, a los espectadores les suele interesar más el villano en las películas de animación (en lo que a films destinados al público infantil se refiere). Desde su punto de vista, los protagonistas suelen tener pocos defectos y eso convierte a los supuestos “héroes” en personajes aburridos; poniedo de ejemplo al malvado Dios del Inframundo, Hades (Hércules, 1997) – personaje que él mismo animó – que, aunque podría ser aborricible en ocasiones, robaba todas las escenas en las que aparecía. Siguiendo los clichés de los supervillanos, Gru es un personaje despreciable que lo único que quiere es provocar estragos en el mundo y cuyas exclusivas preocupaciones son alcanzar la fama y generar el mal a todos los niveles allá por donde pase. Sin embargo, a pesar de su descabellada idea de robar la luna, asistiremos a su encariñamiento hacia tres niñas huérfanas (a las que pretenderá utilizar para realizar sus perversos planes) haciendo que veamos la verdadera pretensión del film: su paso de supervillano a padre. De hecho, será su conducta contradictoria la que le otorgará una personalidad pícara a la vez que encantadora y que producirá la complicidad de los espectadores hacia él.

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Kevin, Stuart y Bob son los protagonistas de la película de Los Minions (2015)

Entonces, como Hades tendrá a Pena y Pánico para “ayudarle” en sus malintencionados planes, Gru contará con los Minions. Si ya hemos comentado, en el caso de Gru, que mantendría todos las convenciones de los supervillanos más clásicos, en el caso de sus adorables secuaces, no iba a ser una excepción. Tal y como explicaría su creador, necesitaban que Gru fuese más simpático y malévolo y, la manera más fácil de que eso sucediera era rodearlo de incompetentes, así se entendería mejor su frustación. Esta incompetencia coral que es extenderá entre todos los Minions será su característica principal – más allá de su voz tan singular y su obsesión por las bananas – y se verá reflejada a lo largo de todas las películas en las que aparecen. Estos pequeños seres amarillos han sabido encandilar a todo tipo de público y han ganado una popularidad tremenda, siendo en gran medida la principal causa del éxito de la saga gracias a su actitud encantadora a la par que descarada.

Pero, no siempre fue así. De hecho, el concepto inicial de los Minions era totalmente opuesto al diseño definitivo que terminó en la gran pantalla. Siendo mucho más violentos en sus fases preliminares, los productores los definían como un ejército de criaturas semajantes a los orcos de The Lord of the Rings: musculosos, con el ceño fruncido y casi siempre malhumorados. Su diseño original surgió de un episodio de la serie de animación Looney Tunes (Hyde an Go Tweet) en donde Piolín tomaba una poción llamada Hyde y se convertía en un monstruo. Si a eso le sumamos algunos rasgos de los Oompa Loompas de Charlie y la Fábrica de Chocolate y los Jaws de la trilogía original de Star Wars, nos podemos hacer una idea del engendro resultante de esta especie de “experimento“, que no terminó de causar el efecto que necesitaban para que el súpervillano Gru encandilase al público. Así que, poco a poco, les fueron suavizando los rasgos haciéndolos mucho menos grotescos, más amigables y tontorrones hasta concebir a los Minions tal y como los conocemos hoy en día.

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Primer concept art de los Minions

Si en las películas de Mi Villano Favorito, los Minions serían unos meros “trabajadores” (por decirlo de alguna manera) de Gru, en su primera cinta –  y precuela de los demás films de la saga – como únicos protagonistas se nos desvelarán su origen y su auténtico propósito en la vida: encontrar al supervillano perfecto al que poder servir. La acción girará entorno a tres de estas criaturas, Kevin, Stuart y Bob, que emprenderán un largo viaje donde todos los hechos de la película se darán como consecuencia de su torpeza y su ineptitud. El film se estructurará como una serie de aconteciemientos extravagantes y alocados con un tono completamente distinto a la de sus predecesoras y que mostrarán las características ya reconocibles y los gags recurrentes y exagerándolos aún más, juntamente con un humor más irreverente y gamberro.

Entonces, lo último que queda por preguntarnos es: ¿cuál será el futuro de estas adorables criaturitas amarillas? A pesar de que el paso lógico sería la realización de “Gru 3” para cerrar la trilogía, se rumorea que el spin-off de Los Minions gozará de una continuación eclipsando al maestro. Aunque la película fue autoconclusiva, obtuvo una gran repercusión, tanto mediática como económica que ya ha traspasado la gran pantalla hasta nuestros hogares, dando la posibilidad de producir nuevas entregas. En cualquier caso, y a pesar de que los planes de la saga son para un futuro lejano, esta claro que la ya llamada “fiebre amarilla” está aquí para quedarse y aún nos queda mucho para disfrutar de estas entrañables y alocadas criaturas ¡Y, por nosotros, que se queden por mucho tiempo más!

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De la Torre, Toni (coord.). La medicina en las series de televisión. Barcelona: Cuadernos de
 

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