Nacionalismo, identidad y género en “Harry Potter” (II Parte)

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Tras analizar la estrecha relación entre los conceptos de clase, racialización y nacionalismo en Harry Potter, no podemos obviar que estas tensiones también se articulan en torno a cuestiones como la sexualidad y género. En primer lugar, el universo creado por Rowling resulta realmente problemático en cuanto a la representación del género femenino proporcionado en sendos discursos literario y audiovisual. Personajes femeninos con cierto peso actancial, como Hermione o McGonagall, ven relegado su campo de acción al servicio de los intereses de los personajes masculinos. En el caso de Hermione, a Harry, y McGonagall, a Dumbledore.

Dolores Umbridge a su vez es penalizada por actuar de acuerdo con sus intereses particulares, fuera de los límites del comportamiento civilizado o el discurso hegemónico del universo narrativo. McGonagall, sin embargo, acata con estoicidad las órdenes de Dumbledore y resulta recompensada a ojos de la audiencia. En definitiva, anteponer cualquier deseo personal al discurso patriarcal se castiga en el universo Potter, mientras que cualquier representación femenina que siga las reglas patriarcales establecidas, se considera cuanto menos adecuado.

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Como héroe nacional, Harry se enmarca en el contexto de una epopeya nacional de proporciones casi míticas. Al comienzo de la saga se presenta como el salvador que el mundo mágico espera, y él es el único que puede mantener a raya al mal. ¿Pero cómo podemos relacionar en concepto de héroe nacional y heteronormatividad? A través del concepto de masculinidad hegemónica y los diversos ritos de iniciación adolescentes presentes en el universo Hogwarts. Dicho universo está íntimamente ligado a toda una ficción previa que desde el siglo XVIII sentía una fascinación especial por aventuras narradas en célebres internados ingleses. Ya desde finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la school story se asocia indisolublemente a la heteronormatividad o a un concepto similar al de masculinidad hegemónica más actual, como la masculinidad cristiana. Autores como Spiering (2007) o Starkweather (2010) manifiestan cómo cualquier deporte constituía uno de los pilares esenciales de dicha masculinidad para un perfecto caballero inglés.

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La primera school story (1749)

En este sentido y en línea con esta imagen, Harry no resulta un alumno particularmente brillante, y rara vez se retrata sentado en la biblioteca. De hecho, cuando tiene acceso al libro de pociones del príncipe mestizo en su sexto año, Rowling sentencia cómo Harry no era particularmente un buen estudiante. Ese tipo de comportamiento resultaba poco cool para casi cualquier persona salvo Hermione (HBP 365). En cambio, Harry destaca como jugador de Quidditch, con un talento innato, casi divino y épico (PS 162, 165; HBP 167), que no pasa desapercibido para el sector femenino de la escuela:

He mounted the broom and kicked hard against the ground and up, up he soared, air rushed through his hair and his robes whipped out behind him – and in a rush of fierce joy he realised he’d found something he could do without being taught – this was easy, this was wonderful. He pulled his broomstick up a little to take it even higher and heard screams and gasps of girls back on the ground and an admiring whoop from Ron“. (PS 162)

El heroísmo que se le exige a Harry es proporcional al modelo de masculinidad hegemónica que margina sistemáticamente a aquellos que se desvían de la norma. Si bien en este sentido, no existe rasgos especialmente homofóbicos en la saga, y el sexismo es tamizado a través de la representación de determinados personajes femeninos con cierta agencia, entre más de los ochenta estudiantes que (tanto en novelas como largometrajes) adquieren un mínimo de representatividad en el universo Potter, ninguno se cuestiona su identidad sexual o los roles de género hegemónicos. En este sentido, Rowling ofrece una salida mucho más multicultural en términos de racialización, que de género o sexualidad.

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Sin embargo, sí que existe cierta representación simbólica en términos inclusivos, que se reduce a un par de metáforas en el universo narrativo HP. De algún modo, Harry “sale del armario” pero como mago. Así llegamos a conocer a Harry, durmiendo en un pequeño armario a los pies de las escaleras en la casa de sus tíos (PS 19-20), al tiempo que el instituto de su barrio, el Stonewall High (PS 32), no podría connotar mayor carga semántica para el capital cultural de la comunidad LGTB. Dicha desviación del discurso mágico (y sexual) que entre las paredes de los Dursley no se tolera (PS 1, CS 2). En este sentido, el miedo a la condición mágica de Harry opera entre los Dursley bajo los mismos códigos discursivos que la homofobia, y Rowling lo plasma de forma evidente.

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La masculinidad hegemónica también opera en HP a través del individualismo, característica ampliamente estudiada en relación a dicha masculinidad. Sólo puede haber un héroe – Harry – sobre quien descansa todo el destino del mundo mágico. Si bien puede parecer que esta teoría no resulta particularmente explícita para el público, debemos fijarnos en el rol que ocupa Ron Weasley y su representación en términos de género. Como compañero de aventuras de Harry, la masculinidad de Ron debe ser secundaria, y por tanto queda supeditada a la del héroe, Harry. En este sentido, Ron nunca puede equiparar sus logros a los del protagonista, ni en términos intelectuales, atléticos, ni mucho menos heroicos. Existe una clara emasculación, y femenización de Ron a través de elementos como su ropa (GF 411) o incluso en términos de conquista sexual. Como ejemplo, Ginny bromea sobre los logros sexuales de Ron, que se reducen a un beso de su tía Muriel (HBP 287), y cualquier avance romántico o sexual hasta bien avanzada la saga siempre mantiene un tono cómico, que emascula más aun si cabe a su personaje.

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Una feminización del personaje de Ron que tiene su punto álgido con la llegada al universo narrativo de Viktor Krum, reflejo de una masculinidad hegemónica que, por otra parte, compite con Harry, el héroe nacional. En este sentido, heteronormatividad, nacionalismo y otredad resultan nuevamente indisolubles.

“Ron hovered behind the bookselves for a while, watching Krum, debating in whispers with Harry whether he should ask for an autograph – but then Ron realized that six or seven girls were lurking in the next row of books, debating exactly the same thing, and he lost his enthusiasm for the idea.” (GF 373)

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Otras representaciones diversas se reducen a personajes como los licántropos, en los que Rowling articula homosexualidad, sida y exclusión social. Otras series de televisión británicas como Being Human (2008-2013) han coqueteado ya con esta cuestión. De hecho, las palabras de Lupin cuando se descubre como licántropo no podrían resultar mas claras en este sentido. En ellas se advierte la histeria y el miedo a sendas condiciones – el SIDA y la licantropía – que se transmiten a través del intercambio de fluidos corporales. Este discurso también conecta con la polémica Sección 28 (1988), el gobierno de Margaret Thatcher y los centros escolares:

“Parents will not want a werewolf teaching their children, Harry. And after last night, I see their point. I could have bitten any of you… That must never happen again.” (PA 423)

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Para acabar, no podemos olvidarnos del controvertido caso de outing que padece el personaje de Albus Dumbledore. Todo un outing extranarrativo, e hiperdiegético en el que Rowling somete a Dumbledore en 2007. Si bien la polémica en los medios de comunicación merece otra entrada en este blog, queda también por resolver si dicha representación positiva de Dumbledore podrá trasladarse al personaje de Gellert Grindelwald en Fantastic Beats and where to find them (2016). De lo que no cabe duda, es que en unos segundos ante la cámara Grindelwald aporta más carga sexual de la que podremos encontrar jamás en toda la saga al completo. Un capital homoerótico en el ámbito de las relaciones afectivosexuales del que Fantastic Beats  no sale bien parado.

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