Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Una oda romántica al fracaso del amor. «Deseando amar» (Wong Kar-wai, 2000)

«Fa yeung nin wa», conocida en español como «Deseando amar», o por su título internacional en inglés «In the Mood for Love», es una película hongkonesa del año 2000 escrita, producida y dirigida por Wong Kar-wai que fue estrenada en España en el año 2001 por lo que este año conmemora su 20 aniversario. El título original en chino significa «la época de florecer» o «los años floridos», dos metáforas chinas que hablan sobre la fugaz época de la juventud, la belleza y el amor. Y de eso mismo trata el largometraje, de los sentimientos prohibidos que florecieron en el corazón de dos jóvenes tristes y solitarios.  

La pasión y el amor entre los dos personajes es evidente, no obstante, sus deseos nunca llegan a ser cumplidos

Situada en el Hong Kong de los años sesenta, una visión idealizada y mágica de la ciudad de la infancia del director, el filme nos presenta a Chow (Tony Leung) un redactor jefe de un diario local y autor amateur de novelas de artes marciales que se muda con su mujer a una habitación alquilada de una casa mayor, en las que la intimidad es un lujo que no pueden permitirse. Allí conoce a la Sra. Chan (Maggie Cheung), una joven que también se acaba de instalar en una habitación del apartamento de al lado con su esposo. Ella es secretaria de una firma de exportación y su marido está continuamente de viaje de negocios. Ambos están viviendo una situación muy parecida con sus respectivas parejas a las que cada día notan más distantes. 

Cada vez más alejados de sus ausentes parejas, empiezan a fijarse el uno en el otro, se cruzan, una y otra vez, en los pasillos y callejones de su barrio bajo la lluvia en su rutinario camino a comprar tallarines al mercado, marchando a cámara lenta al ritmo de ‘Yumeji´s Theme’, de Umebayasi Shingeru. Pero, poco a poco, comienzan a entablar amistad y descubren que sus respectivas parejas están teniendo una aventura. Juntos encuentran en el otro la comprensión y el estímulo para ser fieles.  Además, a modo de terapia, deciden empezar a salir y en sus encuentros cada uno debe fingir ser la pareja del otro para tratar de entender los motivos del adulterio. Se ponen en el lugar de sus parejas, imaginando cómo fue su aventura, esa que la película ha decidido dejar fuera.

El sr. Chow y la sra. Chan van teniendo encuentros fortuitos que desenlazan en una profunda relación simbiótica

Simulan que se enamoran, que son infieles, que se despiden para siempre; representan varios papeles o etapas dentro del gran juego que es el amor. Wong Kar-Wai pretendía llevar al máximo este doble juego de amor e infidelidad, haciendo que los dos actores protagonistas interpretasen los cuatro papeles correspondientes a las dos parejas; son, a la vez, tanto la pareja que engaña, a los que nunca vemos sus rostros, como la engañada. 

“No somos como ellos”, dice en una ocasión la Sra. Chan, pero ambos se demoran en esa situación, por lo que conforme avanza su ficción, la unión entre ambos comienza a ser aún más real, ligada por un melancólico afecto, un doliente amor que recuerda al amor cortés de los libros de caballerías. «Deseando amar» se mueve y desarrolla en ese terreno, más que una película de amor es una producción sobre el amor que, aunque está, nunca se consuma. De este modo, la mesura se convierte en la más intensa de las pasiones y el fracaso en el más romántico de los finales.

Esta es una historia realista filmada de una forma que quiere evitar el realismo, generando un estado de ensoñación y retratando un mundo onírico de recuerdos mediante el uso de una cámara expresiva. Lo que vemos no son hechos, sino memorias idealizadas por la herida del paso del tiempo.

En un mundo frío, injusto y cruel, los protagonistas tan solo pueden contar el uno con el otro

El filme se cuenta mediante las imágenes al mismo nivel que los diálogos o las acciones de los personajes. Por lo que es tremendamente remarcable el magistral trabajo de fotografía, realizado por Christopher Doyle y Mark Li Ping-Bing, y de la dirección artística a cargo de William Chang. Ambos aportan otro toque más de belleza a un film visualmente extraordinario de colores, lluvia, espejos empolvados y paredes gastadas.

Es merecida también una mención aparte para el apartado de vestuario. Los diversos y deslumbrantes vestidos contribuyen a que Maggie Cheung luzca extraordinariamente bella, además de las distintas corbatas de Leung que marcan el paso del tiempo y el cambio de escenario. Asimismo, la historia no sería así de majestuosa sin los dos brillantes actores protagonistas: Maggie Cheung y Tony Leung, ambos maravillosos, elegantes e impecables. Cheung logra mostrarse fría cuando realmente no quiere, actuando con una gran sutileza que está al alcance de muy pocas actrices, pero logrando estallar en lágrimas cuando la situación es terminalmente desalentadora. Leung es un actor carismático y encantador, con maneras de galán del Hollywood clásico

Apenas se hace uso de planos generales sino que vemos a los personajes enmarcados en primeros planos, encerrados en límites visuales y espacios claustrofóbicos de los que no puedes escapar, incentivando así la sensación de frustración y prisión, sobre todo mental, en la que se encuentran. También les vemos en encuadres asfixiantes, dando la sensación de que hablan a un muro cuando se relacionan con los demás. En ocasiones se le otorga  al espectador el papel de un voyeur que ve el mundo a través de ventanas y reflejos de los espejos. De este modo, estamos dentro de la visión subjetiva de los personajes, que presentan un estado mental confuso y frustrado, pero con resquicios de belleza, pasión y mucho deseo.

El juego con el color, la luz y la profundidad es uno de los aspectos más admirables de «In the mood for love»

Así como el amor es confuso entre estos extraños amantes, lo es también el espacio en el que se desenvuelven. Las zonas protagonistas son los pasillos y escaleras, lugares de tránsito, confusos laberintos de sus secretos amorosos, otro símbolo de su confusión y de su engaño. El filme también nos enreda con el tiempo mediante el uso repetitivo de escenas parecidas que parecen una sola secuencia, dando la impresión de que repiten un día tras otro situaciones similares durante un largo período. Pero gracias a sus bellos atuendos y a la comida podemos distinguir el paso del tiempo. 

A esta historia la acompaña una banda sonora hermosa en la que Nat King Cole canta ese ‘Quizás, quizás, quizás’, además de ‘Desde que tú te fuiste’ y ‘Aquellos ojos verdes’ entre otros. Así cómo también suena una versión de ‘La Violetera’ de la actriz y cantante Rebecca Pan que interpreta a la Sra. Suen, La casera de los Chan. Boleros en español que la madre del director escuchaba en emisoras filipinas, por lo que contribuyen a esta bella ensoñación inspirada por los recuerdos nostálgicos del autor de la cinta.

Son recurrentes los reflejos de personajes en espejos como símbolo de los múltiples papeles que desempeñan y de sus sentimientos dispares

Viendo lo complejo de sus entramados narrativos y la importancia de cada pequeño gesto, es difícil creer el conocido método de rodaje del cineasta que construye la película mayoritariamente en el rodaje en producciones tremendamente largas, llenas de variaciones e improvisación. Cuesta también no imaginar la existencia de múltiples versiones en las que a la pareja le depararía un destino distinto, pero nunca sabremos con seguridad si su encuentro amoroso se llegó a producir.

Pasados unos años, ella le sigue y él a ella, pero nunca se encuentran. En un momento dado, Chow le cuenta a su amigo Ping en Singapur que tiene un secreto y que, como antiguamente, va a contárselo al agujero de un árbol para luego taparlo de barro y así permanezca allí para siempre. Al final del filme, vemos que lo hace en Camboya años más tarde, pero en el hueco de un ruinoso templo de Angkor Wat. De ese hueco nació una planta, y es que el secreto de Chow es que amó a la Sr. Chan, ella fue el único brote de vida que habitó en su ruinoso corazón de piedra

Un delicado y emotivo movimiento de cámara lateral desvela a Chow confesando su mayor secreto a un hueco en los muros de unas majestuosas ruinas

Wong Kar-wai nos cuenta una historia llena de autenticidad, el recuerdo de un amor desafortunado capaz de conmover a cualquiera, en el que reconocemos nuestras propias memorias, porque no hay nada más inmenso que un “quizás”. 20 años después de su estreno, «Deseando amar» sigue siendo una de las mejores películas del siglo XXI y quizás lo siga siendo hasta el final de nuestra centuria.

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3 thoughts on “Una oda romántica al fracaso del amor. «Deseando amar» (Wong Kar-wai, 2000)

  1. Preciosa película, y excelente reseña. Especialmente emotiva la fotografía, y la banda sonora.

    Muchas gracias y enhorabuena.

     

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