Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

5 razones para ver «The Crown»

En un momento delicado para la historia del Reino Unido, Netflix estrena la primera temporada de The Crown (2016). Con un ambiente post-Brexit, la serie se reafirma como un éxito del género televisivo proporcionando una visión nostálgica de la grandeza de una nación desconectada de la escena mundial. ¿Pero cuáles son las razones por las que ya estamos tardando en ver este biodrama de la reina Isabel II de Inglaterra?

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– La serie más ambiciosa de Netflix hasta la fecha no es un Downton Abbey más en el panorama audiovisual. La serie de Peter Morgan no comienza con un lacayo corriendo hacia el nuevo monarca con la noticia de que su predecesor ha muerto. Lillibet (Claire Foy) se transforma paulatinamente en la reina Isabel a lo largo de los cinco primeros episodios, lo que permite explorar en la ficción algunas de las reacciones más humanas de la monarca. En su papel institucional como reina, su función es pasar completamente desapercibida, erigirse en la máxima neutralidad posible, un tema realmente interesante para indagar en este tipo de ficciones. En otras palabras ¿qué es lo que piensa realmente la mujer más influyente del mundo moderno? Y es que como bien indica la reina María (Eileen Atkins), la abuela de Isabel, Lillibet debe desvanecerse poco a poco para convertirse en la Corona.

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– Algunos episodios ni siquiera tienen como epicentro a Isabel. Es la historia de su marido Felipe, con sus ambiciones frustradas y un orgullo herido, de su primer ministro Winston Churchill y sus maniobras políticas, de su hermana Margarita o el Duque de Windsor y sus múltiples escándalos. Otros episodios contienen una carga mayor de revisionismo histórico, como la niebla letal que asoló Londres en 1952, el descarrilamiento de Winston Churchill como líder de su partido, o los intereses del Estado en política internacional y el papel de la Monarquía en la Commonwealth.

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– La magnífica interpretación de todo el elenco. Es sin duda una serie para disfrutar en versión original. Los matices traspasan la pantalla, la ironía y los silencios siempre tan elocuentes son tan importantes en los diálogos como cada una de las palabras que entonan sus intérpretes. La imitación de Foy es quizás más mecánica mientras que la de Matt Smith (Duque de Edimburgo) resulta mucho más convincente, ya que es más orgánica. No obstante, la interpretación de todo el elenco, especialmente la de John Lithgow (Churchill) resulta magnífica, y aunque en ocasiones puede resultar complaciente con el personaje histórico que encarnan, no siempre es así. Así pues, en los diez episodios de la primera temporada se hacen patentes la arrogancia de Isabel, o falta de sensibilidad cultural y emocional del Duque de Edimburgo.

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– La serie muestra un retrato irónico y calculador de la clase política del momento, encarnada en la figura de Winston Churchill en sus últimos años en el poder. John Lithgow en el papel de este bulldog inglés es sin duda la elección más arriesgada en la serie, pero es un riesgo que ha merecido la pena. Su interpretación en ocasiones desdibujada por la caricatura, adquiere el peso y la solemnidad necesaria en las escenas clave de la trama.

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– Finalmente, resulta realmente interesante para aquellos espectadores que conocen a fondo la historia contemporánea del Reino Unido. ¿Dónde se encuentra la línea roja entre la ficción y los hechos históricos acaecidos? Meses interminables de documentación, archivos de la radio y televisión públicas, una fotografía exquisita y un cuidado rigor dramático convierten a The Crown, si bien no en un documental, al menos en una historia fantásticamente bien contada.

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