Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Análisis serie “Working mums” (Netflix, 2017-2020): desmitificando la maternidad

Catherine Reitman es la directora, creadora, productora y también protagonista de la serie “Workin’ mums”, la cual se inició gracias al beneplácito de la televisión canadiense en 2017 con su primera temporada hasta 2020 con su cuarta temporada. Anteriormente, había trabajado como presentadora de algunas series de animación como “Padre de familia” o “Padre in USA”, aunque su humor no resulta tan ácido como en la serie comedia australiana “The Letdown”. La serie se centra en la vida de cuatro mujeres (en capítulos cortos de 20-25 minutos) que, tras haberse convertido en madres/padres primerizos, se convierten en amigas en un club donde comparten experiencias en relación a la maternidad (y paternidad) y la difícil tarea de conciliación familiar con sus carreras profesionales y las relaciones sentimentales, maritales, extramaritales o interpersonales. Uno de los grandes puntos clave de la misma radica, precisamente, en el desafío de las normas y convenciones sociales atribuidas a su concepto cultural de madre, se pretende adoptar un punto de vista suficientemente abierto como para aceptar la diversidad y las características de la vida de cada una, sin caer en el juicio rápido o prejuicio.

Así pues, todas ellas viven en Toronto y tienen profesiones muy distintas y tienen que volver al trabajo después de una baja maternal que implica una larga (cabe decir que la baja maternal en España es una de las más cortes en comparación con el norte de Europa) temporada de noches sin dormir, de biberones, cambios de pañales, entre otros que chocan la vuelta a la realidad. El choque con la nueva realidad de incorporarse al trabajo estará llena de inconvenientes y obstáculos, volver a sentirse capaz y motivada para poder ofrecer la mejor versión de sí mismas, además de tener que lidiar con problemas cotidianos tales como la lactancia, la transformación que se produce a nivel del cuerpo materno, el agotamiento físico y mental, la depresión posparto, además de preocuparse por la guardería o la niñera.

Por una parte, Kate Foster (la misma Reitman) representa el personaje protagonista de la serie, la ejecutiva de relaciones públicas para la marca “Gaze” que tiene una personalidad arrolladora, está tremendamente ocupada y tiene una gran capacidad de liderazgo que pondrá en práctica montando su propia empresa (en la tercera temporada), tras ser discriminada precisamente por otra mujer, despidiéndola tras tener una emergencia médica de su hijo pequeño.

Por su parte, Anne (Dani Kind), su mejor amida es una psiquiatra con consulta propia y madre de dos hijos que, en la primera temporada, se ha quedado embarazada por tercera vez. Lidia con una hija preadolescente un tanto narcisista que repite unos patrones analíticos que la desconciertan. A lo largo de la segunda y la tercera temporada, le permiten coger el metro por sí misma, después de haber hecho prácticas de artes marciales para defenderse, en caso de un agresor sexual.

La tercera integrante es Frankie (Juno Rinaldi), agente inmobiliario cuya depresión posparto e inestabilidad emocional y mental la llevaron a perder el sentido de su vida y a actuar de forma totalmente impredecible. Perdió su trabajo, se separó, pero después de estos episodios temporales, recuperó las ganas de vivir, aceptó su nuevo papel como madre, encontró el amor y volvió a trabajar.

La cuarta integrante del grupo de madres es Jenny (Jessalyn Wanlim) la cual ha sido madre sin desear serlo y, en este sentido, siente un rechazo inicial por su hija, además de manifestar el descontento con su pareja y tiene una relación extramatrimonial que conlleva una separación. Tiene un concepto muy elevado de sí misma y una gran facilidad para ser desagradablemente sincera con los demás.

Teniendo esto presente, la serie tiene la capacidad suficiente como para desmontar estereotipos atribuidos a la maternidad, concretamente, al concepto de “buena madre” occidental y patriarcal, es decir, una madre entregada e incluso abnegada que sacrifica todas las facetas de su vida en pro de sus hijos. Otro de los puntos fuertes de la serie lo encontramos en que el equipo es mayormente femenino tanto en guionistas, primer equipo de cámara, casting, directoras, actrices…De hecho, en una entrevista de Reitman ella misma declara que tuvo la idea de crear esta serie después de un “Día de la madre” lejos de su hija de seis meses. Este hecho le hizo recapacitar sobre el papel de las mujeres madres ya que existe una represión contra las madres que se espera que sean trabajadoras a tiempo completo y madres a tiempo completo.

Cabe tener presente que es cierto que la serie nos ofrece un retrato de madres urbanitas de clase media, en general viven desahogadamente, sin apenas demasiados problemas económicos (a excepción de cuando el marido de Anne pierde su trabajo en la tercera temporada y empiezan a depender únicamente del proyecto del libro que la psiquiatra tiene en marcha sobre establecer un método para lidiar con adolescentes complicados, tomando como ejemplo a su propia hija). En este sentido, independientemente de clase, resulta acertado el uso de constructos de maternidad que se alejan al concepto normativo (cas) decimonónico de madre abnegada, santas y eternamente pacientes para mostrar una realidad en la que pueden ser, simplemente, humanas, con lo que ello conlleva: ser también egoístas, torpes, crueles o incluso mezquinas. Se nos aporta una realidad carente de complejos en una desnudez emocional de la maternidad que no busca ser sensacionalista ni exhibicionista y que constituye una sitcom entretenida, divertida y cotidiana.

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