Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

El evangelio según Bresson: «Notas sobre el cinematógrafo» (Robert Bresson, 1975)

En la historia del cine Francia aparece como un país occidental clave desde el punto de vista autoral como crítico. En Francia se fraguaron movimientos cinematográficos como el impresionismo, el surrealismo y, sobre todo, la nouvelle vague además de ser la punta de lanza de la teoría del autor. Nombres como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Agnès Vardá, André Bazin o Alain Resnais son y fueron reconocidos por gran parte del público. Otros cineastas como Max Öphuls, Jean Pierre Melville o Henri-Georges Clouzot quedaron eclipsados por otros nombres, por ligarse -en parte- a un género cinematográfico específico cuando la «innovación» era deshacerse de todo aquello.

Robert Bresson -cuyo aniversario se celebrará (o celebraría) el próximo 25 de septiembre y por ello le dedicamos estas palabras- también pertenece a esos cineastas olvidados, ajenos a esa modernidad específica que era reconocida mientras que seguían senderos igualmente innovadores pero menos llamativos en la época. Sus películas suponen uno de esos ejemplos de cine que nos obligan o mejor dicho: nos dan el placer de «aprender a leer las imágenes de cero cada vez que comienza una película» tal como señala Aaron Rodríguez Serrano en su reflexión sobre el recientemente fallecido Jean-Luc Godard; quien también llegó a alabar al director afirmando que «Bresson es al cine francés lo que Dostoievski a la novela rusa y Mozart a la música alemana».

Y es que Robert Bresson, a pesar de las dificultades y la poca aceptación que pudo sufrir durante su carrera, fue un cineasta idolatrado por otras grandes figuras del séptimo arte como Andrei Tarkovski, Marguerite Duras o Paul Schrader, quien dedicó un capítulo de su libro El estilo trascendental en el cine (1972) al cineasta francés y le definía como «un caso poco habitual entre los directores de cine» pues «al parecer, sabe exactamente qué hace y por qué lo hace».

En toda la obra de Bresson no solo encontramos películas. También escribió un libro titulado Notas sobre el cinematógrafo, catalogado como «texto literario» por el académico Santos Zunzunegui; uno de los mayores estudiosos de la obra de Bresson en lengua castellana.

El texto supone una serie de aforismos y meditaciones -como si se tratasen de las del propio Marco Aurelio- sobre la concepción que tenía Bresson sobre el cinematógrafo, que no cine. Y es que el director francés diferencia al cine -un producto artístico demasiado sujeto al teatro y carente de verdad- del cinematógrafo; aquello veraz, puro… «una escritura con imágenes en movimiento y sonidos» como decía el propio Bresson en una de las afirmaciones del libro.

Affiches de tres films de Bresson: Un condenado a muerte se ha escapado (1956), Al azar Baltasar (1966) y El diablo probablemente (1977)

La versión de la que parto, publicada por la editorial Ediciones Ardora y traducida por Daniel Aragó Strasser, recoge las notas de Bresson divididas entre dos etapas que discurren entre 1950 -año en el que comienza la producción de Diario de un cura rural (1951)- a 1959 -año de estreno de Pickpocket- y de 1960 a 1974 -fecha de estreno de Lancelot du lac– además de un muy interesante anexo con dos textos sobre el director.

Realmente el libro cumple un sinfín de funciones. Por un lado permite a aquel interesado en la figura del cineasta a adentrarse en su pensamiento y concepción sobre el cine. Obra literaria y fílmica se retroalimentan, dialogan y se (re)descubren. Aquel que esté perdido ante la dificultad del cine bressoniano -criticado por algunos reaccionarios a repensarse como un cine aburrido plagado de actores fríos y acartonados- podrán entender mejor las claves del cine del director de Mouchette (1967). Es una puerta abierta a su concepción sobre su/el cinematógrafo (que no cine, recuerden) donde enuncia cómo se enfrenta a sus películas, cómo las concibe, qué ideas tiene sobre aquellos que protagonicen sus películas a los que llama modelos y no actores, etc.

A la vez, Notas sobre el cinematógrafo funciona como una suerte de diario donde podemos atender a las reflexiones del director sobre cómo le afecta el proceso de creación, cómo se siente ante él, qué otros artistas le inspiran (Bach, Mozart, Rousseau, Cezanne… ningún nombre de director de cine) y qué deseos/ideas tiene sobre su/el futuro en el cine.

Último e inspirador aforismo de Notas sobre el cinematógrafo

Asimismo también funciona como una serie de enseñanzas que Bresson brinda a todo aquel que le quiera leer y quiera dedicarse a hacer y/o reflexionar sobre el cinematógrafo. El director nos habla directamente a nosotros y nos apela (cuando comienza una afirmación diciendo «Modelos», ¿no nos estará hablando a nosotros?) a través de elementos primitivos de los que partir. De elementos tan «básicos» como la imagen (en movimiento) y el sonido -pilares del cinematógrafo- sugiere e invita a repensarlos y a ir más allá de ellos. Nos habla de (re)escribir a través de ellos, del uso (necesario) que debemos darle, de la importancia de la sucesión/unión de imagen+imagen/imagen+sonido/sonido+sonido, etc.

Dos de las citas más inspiradoras de Bresson

Al final, Notas sobre el cinematógrafo, es una puerta que nos lleva a explorar una manera muy particular de hacer y entender el cine. Quizá parezca a primera vista una concepción muy cerrada, inaccesible o elitista, pero tan solo se trata de dejarse enseñar de nuevo, aprender y abrirse a investigar y descubrir nuevas formas de aproximarse al séptimo arte. Por ello, esta obra clave de Robert Bresson merece la pena en múltiples sentidos. El director nos brinda haikus llenos de convicción y personalidad para que nos trasciendan y nos abran los ojos.

Fotograma de «El proceso de Juana de Arco» (Robert Bresson, 1962)

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