Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

El hombre que soñó con el séptimo arte: «Close-up» (Abbas Kiarostami, 1990)

A lo largo de la historia del cine se han realizado diversas películas metacinematográficas. A la mente se me vienen bellísimas cartas de amor al cine como Fellini, ocho y medio (Federico Fellini, 1963) o La noche americana (François Truffaut, 1973) aunque sin duda existen muchos otros films que tratan sobre ellas mismas, sobre el mundo, la gente, que las crea y las engendra. Existe una película que va más allá del discurso metacinematográfico, que trasgrede el terreno metaficcional. Esa es Close-up del director iraní Abbas Kiarostami, un realizador conocido por su cine autoral que siempre se ha movido en esa fina línea que separa la ficción de la no-ficción.

Este film nos pone en situación a través de un periodista que se sube a aun taxi junto a dos policías para cubrir una noticia de última hora. A través de la conversación dentro del coche -Kiarostami es ya reconocido por este tipo de escenas- entre el reportero y el taxista se nos relata el suceso a cubrir: un hombre se ha hecho pasar durante semanas por un afamado director de cine -Mohsen Makhmalbaf- y ha engañado a una familia la cual tiene ahora retenido al impostor a la espera de los gendarmes. Tras una larga conversación entre el periodista, que busca obtener la noticia del año, y el taxista, que clama no tener tiempo para ver películas, llegamos hasta la casa de los afectados en la que se efectúa la detención (fuera de campo).

Abbas Kiarostami aparece de espaldas conversando con el impostor de Makhmalbaf

Una vez el impostor, Hossain Sabzian, es detenido y a la espera de pasar a disposición judicial, aparece una sorprendente visita. Un hombre desea hablar con el impostor. «¿Cual es su nombre? pregunta el detenido. «Kiarostami» responde la figura de espaldas a la cámara. Se desvela pues el alma y la «realidad» de la película, pues se trata de un film que retrata la historia real de este hombre detenido que se hizo pasar por el cineasta en la que todos los personajes los interpretan las mismas personas que lo vivieron. «Podría hacer una película sobre mi sufrimiento» afirma el impostor, y en ese momento ya estamos en el minuto 20 de esa película sobre ese sufrimiento.

Tras el acto de Sabzian se esconde una pasión pura por el cine y la voluntad de ser, de convertirse, en alguien que jamás podría ser por su condición social y económica. Sin embargo, el impostor -mejor llamémosle «amante del séptimo arte»- se emociona al verse reflejado en los personajes desdichados, atormentados y solitarios de películas como El ciclista (1987) de Mohsen Makhmalbaf o El viajero (1974) del propio Kiarostami. Ahí radica la carta de amor al cine que es Close-up. Abbas Kiarostami rueda el juicio del joven que relata su dura vida y cómo llego a hacerse pasar por su amado realizador y cómo le hizo creer a toda una familia que era quien realmente no era para sentir la admiración de alguien, sentir lo que sienten tantos creadores a la hora de retratar -magistralmente- la crudeza del mundo. Retrata -y recrea- esa lenta detención en la que todos los personajes -incluso nosotros- están al corriente de lo que sucederá a continuación. El propio Sabzian mira por la ventana, ve a los policías y aguarda, disimulando, su esperada detención. Los sueños duran poco.

Sabzian aguarda a que le arresten. Su semana de ensueño, siendo quien no es, ha acabado. Le toca volver a la cruda realidad de la vida

Kiarostami rueda con respeto esta «historia de sufrimiento». La estafa de Sabzian deja un sabor amargo a los miembros de la familia a los que engañó y por ello claman cierta justicia. El director iraní se reúne con ellos para escuchar su versión de los hechos, como buen periodista y reportero. Finalmente, el relato y defensa del impostor logra ablandar los corazones de toda la sala, y el de los espectadores. Sabzian simboliza ese amor loco y puro por el cine que tantos sentimos, maravillados por todo lo que es el séptimo arte, por todo lo que se puede expresar a través de él, por ser un puente entre culturas, entre personas, entre mentes. Un reflejo de los sentimientos humanos.

El final del film es el clímax perfecto. El verdadero Mohsen Makhmalbaf se reúne con Sabzian al salir de prisión. Impostor y director cruzan palabras -que apenas podemos entender pues sus micros están estropeados- y miradas. El impostor rompe a llorar de vergüenza y admiración frente a su ídolo. Ambos se suben a una moto y regresan a la casa de aquella familia que Sabzian engañó para disculparse fraternalmente una vez más. Un bellísimo recorrido en moto del que solo podemos gozar a través de la imagen. Todo lo que se dijeron tan solo lo recordarán ellos mismos, nadie más.

Sabzian rompe a llorar junto a Makhmalbaf a las puertas del hogar de la familia a la que «estafó»

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