Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

El horror televisivo en (casi) todas sus variantes: «TV Horror» de Lorna Lowett y Stacey Abbot.

Es evidente que el horror/terror es uno de los géneros más ampliamente desarrollados en la historia del cine. Desde las versiones clásicas de los textos emblemáticos de la literatura gótica (Drácula y Frankenstein especialmente) hasta las más contemporáneas en las que se remodelan y varían los clichés del género (todas las sagas de Saw, Viernes 13, Scream, The Purge, Insidious o The Conjuring solo por poner algunos ejemplos) pasando por los grandes títulos del terror psicológico (Rosemary’s Baby, Repulsión, Carrie) o las parodias (Scary movie), las películas de terror forman parte de nuestras vidas. ¿O no preparamos listas de películas para hacer un binge watching para la fiesta de Halloween?.

Sin embargo, y a pesar del auge actual de las series de terror -algunas de las cuales forman parte de nuestros seguimientos, como es el caso de American Horror Story, Scream Queens, The Walking Dead o Penny Dreadful, el género no entró en los hogares hasta la década de los años 50 en el caso de los Estados Unidos e Inglaterra y de los años 60 en España. Así, a nombres como Alfred Hitchcock y Rod Sterling con sus antologías del terror en el primer caso, debemos unir el de Narciso Ibáñez Serrador con sus ya emblemáticas Historias para no dormir que, aunque ahora nos puedan parecer pueriles,  daba unos buenos sustos a los telespectadores de la época,  entre los que me cuento. Y el terror también nos provocaba en esta época la sonrisa gracias a la familia Munster (aunque los más jóvenes recuerden mejor a la familia Addams, su simulacro).

The Munsters, la normalidad de unos vecinos un tanto extraños pero que no desentonan

Aspectos muy divergentes entre sí pero que recogen dos de los elementos esenciales que caracterizan el horror en la pantalla tanto desde sus elementos argumentales como estéticos y que marcarán dos grandes etapas del terror en televisión: el desarrollo de lo fantástico, sobrenatural y maravilloso pero realista de las primeras producciones televisivas dará paso -especialmente a partir de las llamadas series de culto con Twin Peaks a la cabeza-  a lo misterioso y a la idea del monstruo como cuerpo cultural purgativo de la sociedad, siendo el reflejo de sus ansiedades y miedos.

Y contamos todo esto como preámbulo al comentario del texto que deseamos reseñar y recomendar, publicado en 2013 por dos profesoras de Cine y Televisión,  Lorna Jowett (Universidad de Northampton) y Stacey Abbot (Universidad de Roehapmton) quienes son autoras de TV Horror, investigating the dark side of the small screen bajo los auspicios de I.B.Tauris.

El libro, dividido en diez capítulos de muy diferente factura, intenta abarcar los grandes temas de la ficción televisiva del horror desde su entrada en los hogares de acuerdo con la cronología que hemos esbozado. Y decimos que «intenta abarcar» porque el planteamiento de las autoras es, desde nuestro punto de vista, extraordinariamente amplio y complejo para un solo volumen. De este modo, su lectura debe tomarse como una muy buena introducción  -con ejemplos muy concretos, eso sí, algunos de ellos conocidos, otros no tanto- a los grandes temas de estudio y de divulgación que conforman las características de la ficción televisiva del género. A pesar de que todos los capítulos son continuos y sin un aparente orden temático, se puede apreciar una disección temática más o menos específica. Vamos a ello.

Twin Peaks, una de las grandes series del new horror

El primer bloque lo conforman los cinco primeros capítulos: «The TV in TV horror», «Mainstreaming Horror», «Shaping Horror», «Adaptation: Traslating Horror Tales» y «The Horror Auteur». Desde una perspectiva más o menos histórica -que no cronológica-  los capítulos abordarán los tres grandes periodos de la ficción televisiva desde los años 50 hasta la contemporaneidad así como la reflexión acerca de algunos géneros que, en un momento dado, se asimilaron al horror como pueden ser los géneros médicos y las producciones destinadas a la infancia con temáticas fantásticas y/o terroríficas en una versión edulcorada como no podría ser de otra manera. La reflexión acerca de la importancia de las antologías del horror y de las adaptaciones realizadas en la televisión (tanto referidas a conjuntos de narraciones como de autores concretos entre los que destaca Stepehn King) van a mezclarse con la idea de autoría en el género, es decir, la aparición de nombres claramente relacionados con lo fantástico-maravilloso-monstruoso. Los ejemplos planteados son muchos e intercambiables en cuanto a su estudio: Torchwood (en especial su tercera temporada), Masters of Horror, The Quartermass y, como no podía ser de otro modo, el binomio Stefen Moffat-Doctor Who. Supongo que el lector, como yo misma, estamos pensando en más títulos recientes pero no olvidemos que las autoras son británicas y las producciones inglesas van a suministrar una gran cantidad de ejemplos para su análisis. Algo que no está de sobra y que aleja parcialmente al libro de la dependencia respecto a la ficción norteamericana.

Carnivàle y las estéticas del new horror

El segundo gran bloque lo forman los cuatro capítulos siguientes: «Revisiting the Gothic», «The excess of TV horror», «Horror, Art, and Disruption» y «TV as Horror». Si el bloque anterior se dedicaba de manera más o menos homogénea a una cronología de los productos televisivos, este va a centrarse en elementos estéticos y argumentales: la insistencia en la recuperación de lo Gótico como elemento esencial y definidor del género y la aparición de ejemplos del Southern Gothic o el Kitchen Sink Gothic (con ejemplos como American Gothic, True Blood o Being Humans); los excesos estéticos de las producciones que remarcan la corporalidad o la prostética como elemento esencial en la creación de la monstruosidad (como BuffyDexter, Pushing Daisies o Psychoville); la surealidad como marca de los autores del género como David Lynch o Lars Von Trier; y, finalmente el uso de la televisión como objeto-simulacro de realidad que trasmite el terror o es un medio para construirlo como en Doctor Who o en Supernatural.

Los cuerpos prostéticos de Buffy The Vampire Slayer

Una retahíla de temas más que interesantes aunque un tanto deslavazados en su construcción final que da más que pensar al investigador. Y, por supuesto, al lector. Porque estoy segura que el lector de este post ya debe haber puesto desde hace tiempo su memoria televisiva en marcha para buscar ejemplos diferentes a los que hemos anotado.

Finalmente, el colofón al texto lo pondrá el último capítulo, «The Monster in our living room» en el que se comentará el cambio de paradigma en la construcción del personaje del monstruo y de la monstruosidad empática de las últimas producciones televisivas contemporáneas. Un capítulo que, desde nuestro punto de vista, sobra ya que el objeto del texto no son los personajes sino las constantes que encontramos en la ficción televisiva del género del new horror. Aún así, resulta del todo interesante aunque, insistimos, suprimible y más que incompleto.

La propuesta de Lowett y Abbott es, pues, más que reveladora en el sentido de poner sobre la mesa un repertorio de temas y problemas a los que enfrentarnos tanto en la investigación de la ficción contemporánea (o histórica, tanto da) como también las claves de lectura de las series de terror/horror -o su combinación- para espectadores que, aunque no sean absolutamente fanáticos del género, sí que tienen en su imaginario colectivo a estas criaturas que nos quitan el sueño por las noches o nos sobresaltan en las butacas de los cines o de nuestro sofá cada vez que las vemos. Un libro, pues, más que recomendable.

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