Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«El joven Sheldon»: Episodios 18 y 19, temporada 3

En el episodio número 18, “A Couple Bruised Ribs and a Cereal Box Ghost Detector” toma protagonismo un personaje muy secundario de la serie: Ms. Hutchins, la bibliotecaria del instituto de Sheldon. Su característica soledad se ve paliada, paradójicamente, por un accidente. Y es que asistió a un partido de fútbol americano y, mientras hablaba con el entrenador, el padre de Sheldon -por quien, por cierto, preguntaba la pobre en ese momento para sentarse con alguien- fue atropellada por uno de los jugadores. Si no se hubiese quitado de en medio, habría sido George quien habría recibido el fuerte impacto, pero el instinto de supervivencia pudo más que el de caballero en él y dio lugar al fatídico atropello que las cámaras de televisión se encargaron, además, no solo de retransmitir, sino de repetir a cámara lenta, para no perder puntada del cobarde acto. Todo ello se iba acumulando en el remordimiento del entrenador hasta tal punto que, no sólo no dudó un instante en llevar a Ms. Hutchins al hospital, sino que se ve en la obligación moral de llevarla a casa para seguir cuidándola en su convalecencia, dado que sus únicos compañeros de hogar no son sino gatos -Edgard y Allan. Los mismos animales, por cierto, que George tiene que ir a dar de comer y se le escapan y le provocan arañazos en el rescate. Conforme avanza el episodio, da la sensación de que, viendo las consecuencias del movimiento con que esquivó el golpe en el partido, George quizá hubiese preferido quedarse donde estaba en el momento del accidente y recibir él el impacto.

Esta serie se convierte en un arma de doble filo para los que vamos entrando en añitos, que nos sentimos viejos cuando reconocemos detalles realistas presentes en ella tales como las secuencias que aparecen en la pantalla del televisor del salón de Sheldon, que muestra programas que pocos -por no hacer mucha sangre- jóvenes reconocerían, tales como Autopista hacia el Cielo. La serie se hace eco de detalles propios del momento en que se sitúa el argumento (lo que nos recuerda a otras series españolas que llevan a cabo este tipo de iniciativas, como Cuéntame). No obstante, esos detalles no siempre son exactos, como han señalado algunos espectadores muy observadores. Cito, como curiosidad, dos de ellos: la presencia en la placa de matrícula de Texas de un cohete espacial: estos no empezaron a aparecer en ellas hasta febrero del año 2000; y la de los cereales General Mills Tiny Toast, que son de 2016, mientras que el episodio se sitúa en 1991.

Algunas escenas de la serie lo que sí reflejan a la perfección es la naturaleza humana. En esta ocasión me refiero a cómo damos consejos fácilmente a los demás que difícilmente aplicaríamos a nosotros. Lo podemos ver en el momento en que Georgie acude a su abuela (que, paradójicamente le resulta más moderna que su madre) en busca de consejos amorosos, mientras ambos ven en la tele algo tan profundo como es la Teletienda. Ahí, Connie explica a George que es normal que se sienta la presión de su relación con su novia, dado que es muy joven, por lo que le hace ver como normal el que intercale “ciertas distracciones” de otras chicas. A la abuela le cae encima como una losa su propia sentencia cuando Georgie le responde que eso es justo lo que le dijo Dale (el nuevo novio de Connie). Así, el consejo de la abuela, que expuso como una sentencia de lo más lógico, cuando lo ve repercutiendo en su propia relación, ya no le parece tan “ideal”, y le lleva incluso a plantear a su novio en qué situación se encuentra su relación. De cualquier modo, lo que resulta sorprendente y agradable de toda esta trama es que se muestre cómo las personas mayores también pueden tener una vida plena y que no se les muestre como seres pasivos en espera de un punto final.

Mientras tanto, Sheldon también tiene su sitio en el argumento de este episodio donde sigue luchando por su objetivo de ir a las clases de la Universidad, para lo que su madre le encuentra aún muy pequeño. Él, dadas sus capacidades, no puede compartir esta opinión de su madre, cosa que queda aún más patente de forma graciosa cuando le dice que cómo puede parecerle él aún poco preparado para ir a la universidad cuando tiene una hermana gemela que cree que los cereales traen un premio capaz de detectar fantasmas. Más peso que sus argumentos debió de tener él mismo con su pesadez, ya que, a pesar de que Mary es una madre de armas tomar cuando ve claro lo que más conviene para la educación de sus hijos, como dice su voz adulta en off, terminó ganando él, ya que no todos son capaces de soportarle.

En el episodio 19, «A House for Sale and Serious Woman Stuff», seguimos viendo a la abuela convertida en la consejera amorosa de sus nietos. En esta ocasión es Missy quien va a tomarse un té con ella para comentarle que tiene novio. Ello presentado con la inocencia de una niña de 9 años que enseña a la abuela como prueba de lo que le está narrando un papel con cuadrículas arrancado de una libreta donde aparece marcado el sí de los casilleros que responden a la pregunta “¿Quieres ser mi novia?”. La abuela muestra su modernidad de nuevo en sus consejos, ya que la niña confiesa a la abuela su miedo a perder a su “amado” si le gana en el partido de béisbol en que se enfrentará a él. Meemaw no duda un instante en aconsejar a la niña que debe sacar lo mejor de ella sin importarle las consecuencias que teme. No obstante, por la insistencia de Missy, usa sus “armas de mujer” para convencer a su Dale, entrenador de la niña a la vez que novio de la abuela, para que no la saque en dicho partido. Pero será la propia Missy quien, al ver a su equipo en peligro de perder el partido, pida al entrenador que la saque. Este lo hace así y la niña consigue la victoria de su equipo y, para sorpresa suya -pues al principio Marcus pareció no encajar bien la derrota por parte de su “novia”- también el respeto y la correspondencia amorosa de su “novio”. Su alegría y satisfacción es tan grande, que, de vuelta a casa de su abuela a contarle lo ocurrido, no quiere ni que le toque la mano que ha chocado con él como signo de unión.

Por otra parte, en este episodio, Sheldon está tan horrorizado por la puesta en venta de la casa de al lado, que se interpone entre todos los posibles compradores para desesperación del vendedor -también profesor y actor. Pero, al final, el comprador sería, quizá, el menos deseado: el párroco y su mujer, que son los jefes de Mary, que no se siente nada atraída por la idea. Para colmo de males, esperan a un bebé, lo que Sheldon más temía. Como dice el refrán: «huyéndole al perejil, le nació en la frente». Ya veremos cómo transcurre esta nueva etapa de convivencia vecinal…

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