Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

El precio de instaurar justicia y paz: «Antidisturbios» (Movistar+, 2020)

Casi cada año, el dúo creativo español formado por Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen nos trae una propuesta audiovisual nueva que no deja indiferente en absoluto al espectador. Tanto sus dos filmes sobre relaciones familiares y sentimentales: Stockholm (2013) y Madre (2019) como sus thrillers policiacos y políticos: Que Dios nos perdone (2016) y El reino (2018), plasman una historia llena de personajes duales, humanos, que rozan, pasan y traspasan constantemente la línea entre el bien y el mal. Con Antidisturbios (Movistar+, 2020), su nueva obra con la que saltan de la ficción cinematográfica a la televisiva, vuelven a ese drama policíaco retratando los aspectos más turbios y sórdidos de la justicia española y los cuerpos nacionales de seguridad.

Durante una operación de desahucio llevada a cabo por un único operativo de policías antidisturbios ocurre una fuerte reyerta entre los agentes y los miembros de una asociación antidesahucio. En el punto más tenso del altercado, un joven inmigrante negro, Yemi Adiche, -que vivía en el piso de arriba del desahuciado- se precipita por uno de los balcones interiores del edificio y cae al vacío. Pese a que los antidisturbios intentasen controlar la situación y actuar rápidamente con tal de salvar al joven, éste muere en el hospital horas después de lo sucedido. Este hecho hace que los agentes implicados en la operación sean investigados por unos policías de Asuntos Internos con tal de averiguar si la situación violenta y consecuente muerte del joven fueron resultado de un uso desproporcional de la fuerza por parte del equipo de policía.

De izquierda a derecha, los antidisturbios implicados Diego López (Raúl Arévalo), Elías Bermejo (Raúl Prieto), Alexánder Parra (Álex García), José Antonio Úbeda (Roberto Álamo) y Rubén Revilla (Patrick Criado)

Los investigadores inspeccionarán la zona de los hechos, buscaran antecedentes y entrevistarán a posibles testigos y al grupo de antidisturbios implicado: los agentes Osorio, Úbeda, López, Parra, Revilla y Bermejo.  Entre los policías de Asuntos Internos destacará Laia Urquijo (interpretada por Vicky Luengo), una joven volcada por completo a su trabajo con tal de sacar a la luz y denunciar cualquier tipo de injusticia. Ella se convertirá en la protagonista de la serie, averiguando que el «simple» caso de los antidisturbios esconde tras de si una trama corrupta relacionada con la especulación inmobiliaria. Con la ayuda de algunos de sus compañeros y de agentes implicados en el caso irá ahondando más en las entrañas putrefactas del sistema político y de justicia de España, con tal de llevar a los tribunales a quien se lo merece, exculpar a los inocentes y conseguir así el caso de su vida.

Es indudable que el punto fuerte de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen son los personajes. Desde el primer momento, Laia es presentada como una mujer que lucha para que la tomen en serio y para que no pasen sobre ella por el misógino hecho de que sea una mujer. Caricias innecesarias, engaños, mentiras y exclusiones serán algunos gestos que reciba la agente y que enfatizaran su injusta posición en un sistema jerárquico patriarcal. La agente Urquijo es una heroína propia del film noir: solitaria, perfeccionista, imbatible e impasible; y a pesar de ser una heroína, pero también tiene su lado humano: sus obsesiones, sus fallos… que la llevarán en ocasiones a tomar decisiones cuestionables o fatídicas. Su carácter y presencia física contrastarán con la del grupo de antidisturbios -grandes, fortachones, corpulentos y gallitos- con los que viviremos y conoceremos por completo.

Muchas han sido las críticas negativas por parte de asociaciones y sindicatos de la Policía Nacional en cuanto a la representación del cuerpo antidisturbios, pero lo cierto es que a pesar de la brutalidad y del carácter un soez que les dan Peña y Sorogoyen, estos, les muestra como humanos. No son unos robots fríos hechos para dar «porrazos». Tienen problemas familiares -afrontando divorcios o situaciones en las que deben estar, por cuestión de trabajo, separados de sus familias-, psicológicos -uno de ellos se niega a aceptar que sufre de depresión-, físicos… En los seis capítulos que dura la serie (titulados con los apellidos de algunos de los personajes) nos adentramos en sus vidas por completo. Algunos solo buscan lo mejor para sus familias y por tener una vida feliz y tranquila, otros se muestran como personas sin escrúpulos, maltratadoras y estafadoras.

La primera escena de la serie -una partida de trivial en familia- plasma el carácter justiciero y luchador de Laia Urquijo. No se deja pisar ni engañar por nadie, ni siquiera por su padre.

Rodrigo Sorogoyen dirige los dos primeros y los dos últimos capítulos de la serie, y Borja Soler -bajo las indicaciones de su compañero- los capítulos tercero y cuarto. Ambos hacen un uso especial de la cámara. En cuanto a los objetivos, deciden emplear un gran angular de 14mm en el primer episodio, agrandándolo hasta utilizar uno menos distorsionado (32mm) en el sexto. Del mismo modo progresivo, en los primeros capítulos usan una cámara en mano poco estabilizada -acompañada por un montaje frenético, seco, rápido y lleno de jump-cuts– , haciendo al espectador partícipe de la operación de desahucio como un agente antidisturbios más. A medida que la serie avanza, hay más estabilización, más quietud en los planos y un montaje pausado; remitiendo al estudio e investigación paciente y milimétrico que realizan los policías de Asuntos Internos. En los momentos más tensos, la cámara se acerca a los personajes hasta agobiarlos, casi mostrando las gotas de sudor que les caen de los rostros cansados, agotados y estresados.

Rodrigo Sorogoyen dirige una escena del grupo de antidisturbios. A su izquierda, Roberto Álamo y Raúl Arévalo

El estilo propio de Sorogoyen está siempre presente en la serie. Piensa cada escena y en la forma de transmitir esa incomodidad, esa asfixia, esa tensión que plasma con unos planos secuencia -que tanto hemos visto los seguidores de su cine- destacando los de las manifestaciones y altercados entre los ultras de dos equipo de futbol y los antidisturbios, o el de la cena entre todos los miembros del grupo antidisturbios protagonista. Isabel Peña y su compañero se vuelven a juntar con profesionales como Álex de Pablo a cargo de la fotografía o Oliver Arson como compositor de la música; una que marca -igual que hacía en El Reino– el pulso de sus personajes usando sintetizadores y melodías que se repiten sin cesar para liberar esa tensión creada en el momento más importante. Del mismo modo, repiten actores -casi todos haciendo de secundarios- que ya hemos visto antes en algunas de sus cintas: Roberto Álamo -sublime en esta nueva obra-, David Lorente, Mónica Lopez o Paco Revilla, el padre de Sorogoyen que siempre aparece de un modo u otro en sus cintas. Y no solo repiten actores, si no que hacen referencia a su anterior thriller político con la aparición del personaje de la jueza Costa (interpretada por Mona Martínez) o con la diminuta aparición de la palabra «Persika», ese caso que llevaba a Manuel López Vidal (interpretado por Antonio de la Torre) a ser condenado y perseguido.

Antidisturbios es una miniserie apabullante. Sus actores -destacando a Vicky Luengo, Raúl Arévalo y a Hovik Keuchkerian, entre otros- retratan el blanco y el negro no solo de la política y policía Española, si no también del alma humana y su naturaleza tanto bondadosa como (auto)destructiva. Sorogoyen y Peña vienen a romper prejuicios establecidos, a hablar de roles, de jerarquías, violencia, inmigración, patriarcado y a retratar la realidad tal y como es: cruda y dura.

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