Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Entrégate al placer. «The Rocky Horror Picture Show» (1975) de Jim Sharman

El 15 de agosto de 1975 se estrenaba The Rocky Horror Picture Show (1975), la película de Jim Sharman basada en el musical rock de Richard O’Brien. Hoy, 45 años más tarde, este filme es considerado una obra de culto que, a pesar de su vejez, su estética kitsch-punk, su pegadiza música y su claro y directo mensaje sobre la identidad personal no pierde vigencia y admiración.

Labios rojos de la actriz Patricia Quinn en los títulos de crédito

En 1973, O’Brien comenzó un proyecto para un taller dramático en el que pretendía realizar un homenaje al cine de terror y ciencia ficción. La obra se estrenó en un pequeño teatro de Londres, pero rápidamente se fue trasladando por distintos teatros hasta que logró encontrar una estadía permanente en King’s Road Theatre. Fue un éxito, posicionándose como una de las mejores obras musicales del año y permaneció en cartelera los seis años siguientes. Entonces, Jim Sharman y O’Brien tomaron la decisión de llevarla a la gran pantalla, siendo el debut cinematográfico del primero, encaminados por el productor musical y cinematográfico Lou Adler, famoso por sus contribuciones en las carreras de “The Mamas & the Papas” y Carole King. De los actores del musical volverían a ser contratados el propio O’Brien como Riff Raff, Patricia Quinn como Magenta, Little Nell como Columbia y Jonathan Addams, un personaje narrador rebautizado como el Doctor Scott.

Unos grandes e hipnóticos labios rojos, de la actriz Patricia Quinn, nos adentran en esta libidinosa e interestelar narración a través de los títulos de crédito. La canción «Science Fiction / Double Feature» es todo un homenaje en sí misma a ese cine de serie b que quería honrar O’Brien, hablando sobre Flash Gordon y Claude Rains siendo el “Hombre Invisible”. Durante la película (Charles Gray) un criminólogo, experto en los extraños sucesos de esa noche, guía a los espectadores y les advierte de que presenciarán algo espeluznante y totalmente fuera de lo habitual.

Brad Majors (Barry Bostwick) y Janet Weiss (Susan Sarandon) dos jóvenes estereotípicos de la época

Una clásica boda americana tiene lugar. Al finalizar, Janet Weiss (Susan Sarandon) y Brad Majors (Barry Bostwick), dos jóvenes rectos y pulcros, deciden comprometerse y en ese momento tiene lugar el primer número  «Dammit Janet». Los enamorados atraviesan un cementerio y los preparativos de un funeral mostrándonos que su relación es quebradiza ab initio. Encantados por su decisión deciden hacer un viaje para visitar a su viejo mentor, el Dr. Scott, pero en el camino en medio del bosque y durante una fuerte lluvia pinchan un neumático y se ven obligados a buscar refugio en un castillo. «Over at the Frankenstein Place» nos guía por el paraje que les conducirá a ese aterrador castillo (el cual fue el escenario de numerosas películas de la productora RKO pictures).

Una vez dentro, pronto descubren que se han adentrado en un atípico lugar poblado por seres extraños que empiezan a realizar una peculiar danza: «The Time Warp». A continuación suena «Sweet Transvestite» siendo la primera intervención de Tim Curry, debutando en la gran pantalla con un estilismo glam (maquillado y vestido con corsé) y mucha actitud, encarnando al Dr. Frank-N-Furter un científico y “travesti de la transexual Transilvania” quién ha organizado una gran convención para que científicos de todo el mundo vean su más reciente creación: Un hombre rubio y musculoso llamado Rocky (Peter Hinwood), inspirado en Charles Atlas un conocido culturista. A través de las experiencias adquiridas por la pareja durante su estancia, se liberan del rol que se les ha impuesto en sus vidas y finalmente florece en ellos simpatía hacia Frank, que en un principio se presenta como una figura amenazante y autoritaria, pero al final es eliminado por sus compañeros alienígenas después de su interpretación de «I’m Going Home». 

En su aspecto visual se hace uso de colores saturados

En el trato cinematográfico, The Rocky Horror Picture Show es descuidada, con una narración brusca y derivativa, para nada clara. Además, son evidentes las limitaciones presupuestarias del director, pero este consiguió darle a la cinta un aspecto visual personal gracias al uso de colores saturados y un vestuario único que hibrida entre el glam/punk y la estética kitsch. En conclusión sus errores no tienen importancia, porque el filme desprende tantísima energía, carisma y personalidad que se ha convertido en un clásico y un referente. Los personajes en ocasiones rompen la cuarta pared mientras la cámara les persigue. En algunos momentos también se usa la cámara en mano haciendo al espectador partícipe de esta escalofriante pesadilla. El reparto es sublime, destacando el descubrimiento de actores excepcionales, sobre todo Tim Curry con su carisma demoledor y Susan Sarandon como la hilarante e histriónica Janet. Es necesario remarcar su magnífica banda sonora tratándose de un musical. Let’s Do the Time Warp Again fue compuesta en su totalidad por O’Brien y es de género rock glam. Sus canciones son sumamente impotantes para la trama además de pegadizas y magnéticas.

Patricia Quinn como Magenta, Tim Curry como Dr. Frank-N-Furter y Little Nell como Columbia

Sin embargo, la transgresión de la película no se encuentra solo en su apartado visual. Existe en sus personajes un sentido de ironía y burla hacia la sexualidad y los roles tradicionales que la sociedad impone sobre ella. Se nos muestra sin tapujos una sexualidad desenfrenada y sin prejuicios que se enfrenta la corrección de los años 50 y 60 (representada en los jóvenes americanos interpretados por Susan y Barry) y su hipocresía con el despertar sexual que trajeron consigo los años 70. Por lo que también es un reflejo de los cambios sociales y del impacto que estos tuvieron en las mentes más conservadoras. Aunque en ocasiones sea discutible describir si nos encontramos ante la parodia, la crítica o simplemente una muestra de hedonismo desenfrenado. Lo que sí está claro es que canciones como «Don’t Dream It» o «Touch-a, Touch-a, Touch-a, Touch Me» reclaman a las personas entregarse al placer y al deseo. 

La película no contó con una buena recepción en su lanzamiento comercial, pero si en una pequeña minoría que no encajaba en lo establecido y vio en este film su via de escape. Aún hoy inspira a numerosas personas, siendo homenajeada por series y películas como Glee (FOX, 2009) con un capítulo íntegramente dedicado a esta y The Perks of Being a Wallflower (Stephen Chbosky, 2012).

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