Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Fatídicos reencuentros: reflexionando sobre «Killing Eve» e impresiones de su T3 (hasta el momento)

A finales de marzo, AMC y BBC America nos alegraban el confinamiento con el adelanto de la tercera temporada de Killing Eve – programada inicialmente para el 26 de abril. Así, el 12 de abril se estrenaría la esperada nueva entrega de la serie creada por Phoebe Waller-Bridge (y adaptación de las novelas de Luke Jennings) que narra las constantes persecuciones entre Eve Polastri, una agente del MI6, y Villanelle, una escurridiza asesina internacional. Siendo un éxito para la crítica y para el público, el planteamiento de la serie sigue las características estilísticas de Waller-Bridge con unos personajes femeninos complejos, extremos y sin ningún tipo de “filtro” (recordemos Fleabag) y un tono muy particular que mezcla la comedia negra con las fórmulas del thriller de espionaje.

Pues bien, esta nueva temporada se esperaba con mucho entusiasmo por parte de los fans y también de la crítica. Seguramente, gran culpa de ello lo tiene la victoria de Jodie Comer en los Emmys el año pasado a Mejor Actriz de Drama quien, haciendo alarde de su talento, ayudaría a relanzar la creación de Waller-Bridge hasta la excelencia o, al menos, pondría la serie en el punto de mira de todos. Sea como fuere, este post se centra en las impresiones que me ha causado el regreso de la historia de Eve y Villanelle en los 3 episodios de la T3 emitidos hasta la fecha: Slowly Slowly Catchy Monkey, Management Sucks y Meeting Have Biscuits. Para ello, es necesario realizar una breve retrospectiva a las entregas anteriores de las que reflexionaremos acerca de su contenido.

[No hay spoilers de la tercera temporada]

Eve y Villanelle, una relación de poder y de realización personal

Eve se encara con Villanelle en el último episodio de la T2, «You’re Mine»

No es un misterio que el eje vertebral de Killing Eve es la particular relación que se establece entre el persecutor (Eve) y la perseguida (Villanelle). Un eje neurálgico que actúa de nexo con las demás líneas argumentales sobre la organización de «The Twelve» y las conspiraciones internacionales que da caza el MI6. Así, si en la T1 (con Waller-Bridge aún como showrunner) se establecían las bases de la relación de Eve/Villanelle como una inquietud que se quedaba en el terreno profesional – una como agente de seguridad nacional y la otra como criminal en potencia -, la T2 sirvió para desarrollar la faceta más introspectiva de las protagonistas iniciando una retroalimentación interpersonal. Mientras Eve, quien tiene una vida asentada, aprende a «dejarse llevar», y superar sus capacidades (positivas y negativas); Villanelle se reconcilia con su carencia de emociones «humanas» (en contraposición con su asumida actitud maquinal como asesina sin escrúpulos) a través de la empatía. Una empatía recíproca que deriva en una relación amor/odio de índole muy extrema.

Unas dinámicas que en las temporadas 1 y 2 se despliegan a partir de dos elementos que, previsiblemente, serán las motivaciones de la tercera entrega: por un lado, sus diversos (re)encuentros; y, por otro lado, una fascinación platónica bilateral. La materialización de esta relación se construye a cuenta gotas mientras ambas ejecutan ese «tira y afloja» como parte de la evolución de la trama, de los personajes y, porque no admitirlo, del bait del fandom. La realización personal de cada una por separado tendrá un estrecho nexo con su relación conjunta, tal como denotan las diversas entrevistas a Oh y Comer, la reticiencia de una apotético romance a favor de una relación por el control entre Eve/Villanelle. Una relación tóxica, como la propia Waller-Bridge a expresado en varias ocasiones, redirigida a una lucha de poder, terreno donde Villanelle se siente extremadamente cómoda y siempre se sale con la suya. Siendo un personaje vanidoso y magnético – como indican la locura del personaje, el diseño de vestuario y la actitud corporal de Jodie Comer – Villanelle es todo lo contrario a Eve cuya existencia es insulsa y desapercibida. Así, la relación de poder se intensifica durante sus encuentros donde el engaño y las apariencias juegan un rol importante – tan importante como cuando Villanelle se disfraza para asesinar. En sus reuniones, especialmente los que cierran las temporadas (el apartamento de París y la huída en Roma), la pugna por el control es latente, ya sea de forma amenazante, sexual, emocional o las tres cosas juntas. El vaivén entre la vulnerabilidad y el desafío es aquello que marca el devenir de esta relación y de su evolución individual ¿Puede todo esto confundirse con amor?

Expectativas bajo el tagline «SO OVER YOU»

El teaser oficial presentaba a Eve y Villanelle como dos mujeres cuya unión es inquebrantable

Entonces, la campaña promocional de teasers comenzaban a tantear el horizonte de expectativas del fandom a través de varias pistas premonitorias y como si de flashes se tratasen. Por un lado, la previsible continuación de la turbulenta relación Eve-Villanelle, y por otro lado, la incorporación de Carolyn como personaje protagonista (en un teaser dedicado exclusivamente y a la que se refería como «Mother«, el Gran Hermano que todo lo controla). Por tanto, la ampliación de puntos de vista sería una de las novedades de las T3. Así, los teasers marcaban una iconografía muy específica y artística con el fuego (del infierno como presagio de lo maligno con la forma de los vestidos de seda rojos), la imagen de las protagonistas como si de esculturas de Diosas griegas se tratasen y un vínculo a través de un lazo (simbología del destino) como parte indispensable del discurso acerca de la inexorable conexión Eve/Villanelle/Carolyn. Todo ello coronado con el Hallelujah de Händel como anticipo de una futura boda (o como grito de alivio tras la espera de los fans)

Así, ¿cumple la T3 de Killing Eve las expectativas? ¿Qué nos podemos encontrar de cara al futuro de la serie? Las claves reiterativas de esta entrega presentan un horizonte difuso cuyo fandom está dividido. También aclarar que aún quedan 5 episodios por delante y que ya sabemos que en esta serie todo puede cambiar en un segundo.

Las claves de la T3: introspección, más thriller y ¿fanservice?

Gemma Wheelan se une al reparto como Geraldine, la hija de Carolyn quien se instala con su madre

En esta tercera temporada ya avanzaba a una Villanelle entusiasmada con su nueva vida (con trajes de payasos incluidos) y con una Jodie Comer más desatada que nunca; mientras que Eve volvía a encontrarse en un pozo de desesperación y depresión. Por tanto, sus vidas por separado continúan y, en este sentido, su mundo se volverá a remover cuando sus caminos se vuelvan a cruzar. Y es que, la T3 está repleta de reencuentros, ilusiones y decepciones. Unos fatídicos reencuentros que son el eje central de la historia. Por un lado, la decisión de dar más relevancia a los secundarios y su backstory con la introducción de nuevos personajes que añaden un universo más verosímil y cohesionado. Empezando por Carolyn y la aparición de su hija Geraldine (Gemma Wheelan) tras una tragedia que tambalea la estabilidad emocional de su madre. Una incorporación muy acertada para explorar a la Carolyn más melancólica y maternal, algo que se aleja de su frialdad y seguridad. Por su parte, el pasado de Villanelle volverá a manifestarse a través de su entrenadora Dasha (Harriet Walker), una antigua gimnasta rusa como cliché del espionaje de la URSS. Una contraposición curiosa a la de Carolyn como agente alfa del gobierno británico quien también verá amenazado su trabajo en el MI6 bajo el mando de Paul (Steve Pemberton). Al igual que Konstantin y Niko también tendrán sus momentos de redención. En definitiva, la T3 nos presenta a unos personajes en decadencia y centrándose en su aspecto más íntimo e introspectivo explorando sus pasados como forma lógica para la evolución de la serie.

De esta manera, Killing Eve tiene un tono «más oscuro» que sus predecesoras cuyo desarrollo puede despistar en los 2 primeros episodios; tal vez, el cambio de un tercer showrunner (algo que creo que no es positivo para su futuro) a Suzanne Heathcore tenga que ver en ello. Una «falta de chispa» que se podrían adjudicar a la reubicación de las nuevas líneas argumentales y al apoyarse en las excentricidades de Villanelle, cargando a Jodie Comer con todo el peso dramático. Sin embargo, el tercer episodio comienza a asentar el nuevo escenario y las diferentes posibilidades creativas que la historia puede tomar. Incluyendo el retorno de Sandra Oh a su excelencia interpretativa ¿Puede que la serie haya quedado obsoleta y se repita a si misma? ¿Podrán recuperar la aparente monotonía y reiteración de fórmulas encuentro/separación?

Dasha y Villanelle se reúnen en un bar de Barcelona

Así, el tándem Eve/Villanelle se ha convertido en una obsesión para los fans, (casi) obviando el desarrollo del conflicto externo. Una decisión que los guionistas de la T2 (con Emerald Fennell como showrunner) aceptaron y que derivaría en desdibujar la línea argumental de «la organización» quedando relegadas a un segundo plano. Entonces, la T3 cuenta com más thriller e investigación que incita la intriga olvidada al servicio de la relación de las protagonistas ¿Se destaparán las intenciones de «The Twelve»? ¿Se convertirán Villanelle e Eve en enemigas o necesitarán colaborar por un bien común? Precisamente, la deriva narrativa de la serie puede estancarse si se sucumben a las expectativas del fandom más intransigente y la trama toma un rumbo hacia el fanservice. Un giro que puede tener grandes consecuencias – y no creo que excesivamente positivas – para la desvirtualización de los personajes y de la Biblia que Phoebe Waller-Bridge tiene en mente que, conociendo su trabajo, es mucho más compleja de los que parece a simple vista. Aún si contradecir al un fandom tan sólido, sería un error sólo focalizarse en el componente LGTBI de la serie – con el gran acierto que supone la visibilidad lésbica de la ambigüedad de género de Villanelle – para cumplir unas expectativas que, todo hay que decirlo, los propios guionistas aplican con el queerbaiting. Una lástima que muchos sean lo único que vean en la serie.

Sea como sea, parece que la T3 de Killing Eve plantea, por ahora, más incógnitas que respuestas. El futuro de la serie dependerá, en todo caso, de la habilidad de los nuevos guionistas para combinar los elementos que hacen única su propuesta y no dejarse llevar precipitadamente. Esperemos que la virtuosidad, frescura e intriga de su planteamiento inicial retome el rumbo de la que fue una de las mejores series del 2018.

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