Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Historias de yūreis en la Segunda Guerra Mundial: «The Terror: Infamy»

En 2018 se estrenaba The Terror, la nueva apuesta de AMC por adentrarse en el horror televisivo después del éxito de otras cadenas. Así, el planteamiento de la serie consistiría en una estructura antológica que mezclaría hechos reales y trágicos con fenómenos sobrenaturales. Siguiendo esta simple premisa, la primera temporada nos ubicará en el océano Ártico en 1845 donde unos navíos ingleses se quedarán atrapados en el hielo. Allí, los tripulantes empezarán a sufrir extraños acontecimientos que les harán sospechar de una amenaza que no pueden explicar de forma lógica. Una argumento que incitará a la reflexión que sobrevolará toda la serie: ¿realmente existen las entidades paranormales o es fruto del descenso a la locura de los personajes?

Pues bien, su segunda entrega se estrenaría este verano bajo el nombre de The Terror: Infamy apostando por una aproximación a temáticas políticas y al folklore tradicional japonés. Así, la temporada se sitúa en Estados Unidos en 1941 en Terminal Island (California), una pequeña comunidad pesquera habitada por inmigrantes japoneses instalados durante la Primera Guerra Mundial. La historia comenzará con el extraño suicidio de la Sra. Furuya que agitará los pensamientos de la familia protagonista, los Nakayama. Pronto, entre los habitantes comenzará a circular la rumorología de la aparición de una entidad misteriosa que amenaza con la destrucción de la comunidad como si de una especie de maldición se tratase. Sin embargo, ese no será el mayor de sus problemas: el bombardeo a Pearl Harbor iniciará la declaración de guerra entre Japón y Estados Unidos, propiciando un fatídico destino a los asentamientos inmigrantes nipones en todo el país.

El pasado y el presente se mezclan en «Infamy» cuyo epicentro será el folklore japonés

Entonces, la temporada tendrá dos ejes de acción: por un lado, los hechos reales que acontecieron en la época y, por otro lado, el componente del horror. Como también sucederá en la T1, ambas líneas argumentales se entremezclarán formando una compleja red temática donde la realidad puede llegar a ser más terrorífica que la ficción. Así, la trama y su desarrollo deben enmarcarse dentro de su contexto donde se relata uno de los episodios menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial y que afecta a territorio americano: la Orden Ejecutiva 9066. De hecho, la serie tomará su nombre del famoso «Infamy Speech» de Roosevelt. Dictaminada por el Presidente en 1942, la ordenación supuso la reubicación de miles de inmigrantes japoneses en campos de concentración repartidos por todo el territorio americano a raíz de la histeria desencadenada por Pearl Harbor. Todo ciudadano nipón era susceptible a ser un espía del Imperio y aquello que se consideraba “patriotismo americano” estaba a la orden del día. Esto afectará de lleno a los personajes de la serie quienes tendrán que replantearse sus valores ancestrales – base de la cultura oriental – y su rol dentro del “nuevo mundo” en reconstrucción. En definitiva, personajes errantes que no encuentran su sitio ni en su propio hogar natal ni en su lugar adoptivo. Una temática que, aunque ubicada en un contexto pasado, no se aleja mucho de las crisis migratorias actuales y las narrativas enfrascadas en la era Trump. Las familias Nakayama y Toshida estarán en conflicto con su propia identidad donde los intereses de las segundas generaciones nacido en EEUU chocarán con las de sus padres. Por un lado, Chester Nayakama (Derek Mio) será un fotógrafo con ansias de dejar el microcosmos de su comunidad al querer iniciar una nueva vida al lado de su novia embarazada, Luz Ojeda (Cristina Rodlo). Ésta será una interesante relación donde se incorporarán a la trama el matrimonio interracial y la problemática de los inmigrantes mexicanos en suelo estadounidense. Y, por otro lado, la sensata Amy Yoshida (Miki Ishikawa) que intentará labrarse un futuro por si mismo actuando como mediadora entre su gente y los americanos.

Los habitantes de Terminal Island son reubicados a campos de concentración

A las devastadoras imágenes de los campos de concentración, se les añade otro elemento temático de la serie que girará en torno a los valores tradicionales orientales en contraposición a las nuevas sociedades occidentales. En este sentido, los pensamientos acerca de las creencias ancestrales será una de las motivaciones principales de los personajes donde el núcleo familiar tendrá una enorme importancia. Así, mientras algunos pensarán en dejar los ritos atávicos atrás, otros preferirán aferrarse a ellos como parte vital en su proceso de identidad. En este contexto aparece el componente terrorífico donde la tradición ocultista del folklore japonés hará presencia en forma de sus historias de fantasmas: los yūrei. Como en cualquier ámbito donde lo espectral forme parte de una cultura (ya sea europea, oriental, nórdica o indígena), lo fantasmagórico se revela como una «deuda pendiente que los muertos tienen en el mundo de los vivos». En Infamy se manifiesta en forma de un bakemono, un espíritu de aspecto cambiante que aterroriza a los habitantes de Terminal Island. Chester será el más susceptible a su presencia y responsable de ahuyentar a Yuko Tanabe (Kiki Sukezane), la misteriosa chica que se encuentra debajo de la criatura. Por supuesto, una gran parte de la serie se centrará en conocer el origen de la venganza de Yuko y en averiguar su cometido.

Igualmente, la mezcla cultural también será objeto de interés en la serie donde las prácticas y pensamientos acerca de la pureza ancestral se contrastarán entre el matrimonio Nakayama (Shingo Usami y Naoko Mori) y la propia Luz, quien representará la solidez de las tradiciones espirituales religiosas cristianas en la sociedad. En este sentido, la culpa, el castigo y la superstición serán los nexos entre ambas culturas como manifestación de lo fantasmagórico.

El espíritu del bakemono acecha a sus víctimas allá a donde vayan

Con una estética que muestra la hibridez cultural de la época, la estructura de los episodios es un tanto irregular en cuanto a la dosificación de la emoción que requiere cada momento. De temática cautivadora y con la atracción por el folklore japonés como mayor reclamo de la serie, algunos episodios se mostrarán un poco insulsos en cuanto a contenido (sobre todo a lo que lo terrorífico se refiere), mientras otros tendrán una narrativa brillante focalizada en la evolución de los personajes. Es una lástima que algunos de los personajes actúen meramente como elementos funcionales – como los de Asako Nakayama o Luz Ojeda – y que no tengan un arco propio más interesante. Siguiendo la tradición fantasmagórica del género del horror que presenta en la televisión actual como Penny Dreadul o AHS Roanoke, The Terror: Infamy se adentra en una capítulo de la Segunda Guerra Mundial poco explorado en la ficción incorporando elementos terroríficos que no son más que el reflejo de una realidad.

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