Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Hogar de recuerdos y renacimiento. «La Desvida» (Agustín Rubio, 2020)

Una familia dispuesta a lo largo de un sofá atiende a la mujer que les esta entrevistando vía videollamada. Verdaderamente quien está atenta a la entrevistadora es la madre, Natalie, pues su hijo, Jonah, anda un poco inquieto, y su marido, Alex, está concentrado y evadido descifrando un cubo de Rubik. La escena corta a Natalie y a Alex entrando en una casa abandonada. Hay cartas en la entrada, junto a una pequeña manta que la mujer no deja recoger a su marido. Parece que alguien ha dejado el hogar de forma abrupta, sin mirar atrás. Pronto conocemos que esa casa es suya, donde vivieron toda su vida; y que Jonah ha muerto prematuramente.

Así empieza La Desvida, el primer largometraje de Agustín Rubio que estos días forma parte de los filmes seleccionados del festival Terror Molins. El director, quien ya había realizado algunos proyectos de corta duración anteriormente, se embarca en esta historia asfixiante que toma lugar en un único espacio: la casa de los protagonistas, un lugar que para la familia ha pasado de ser una fortaleza protectora impenetrable a convertirse en un entorno hostil lleno de dolor y miedos. A medida que Alex y Natalie van recorriendo diferentes lugares de la casa en busca de sus pertenencias más útiles para comenzar una vida separados, la película ira haciendo flashbacks mostrando la peculiar vida de estos personajes. Los momentos del pasado, en los que priman los tonos cálidos -en contraposición con los colores fríos y apagados del presente-, sirven para entender el estilo de vida de los personajes. Tanto el padre como la madre están convencidos de criar a su hijo ellos solos, sin llevarle al colegio ni a ningún tipo de médico. De hecho, Natalie decide tener a su hijo en la propia ducha de su casa.

Natalie (Tábata Cerezo) y Alex (Julio Perillán) estarán constantemente enfrentándose, llenos de amargura e impotencia ante la pérdida de su único hijo

Todo es un puzle que resolver, los padres deben seguir las pistas que parece que les dejó su hijo en forma de nota antes de morir y el espectador deberá descifrar qué le ocurrió al primogénito, pues el filme juega con una ironía dramática a la inversa, un suspense y un desasosiego que invade al espectador durante toda la cinta y que solo se resolverá cuando se sepa cómo murió Jonah. A lo largo del filme irán sucediendo diversas pistas falsas que aumentaran la tensión ¿Puede que el hijo se haya suicidado?¿Puede que se atragantase? ¿Sigue Jonah con vida? ¿Hay fantasmas en esa casa? La película avanza sin frenos hacia el momento clave en el que se desvelan los dos misterios (la muerte del hijo y la verdad sobre los mensajes), pero esa escena no es más que el principio del apoteósico final. Hasta entonces, la cinta estaba cargada de un fuerte dramatismo realista, pero poco antes de terminar todo se torna terrorífico. El final es otro golpe que remata al espectador, un giro que invita a diversas interpretaciones (aunque la fantasía parezca ganar la partida).

La soledad de los personajes y sus grandes diferencias se ven enfatizadas a través de planos que utilizan diferentes estructuras para dividir y separar al matrimonio

La Desvida no es una película complicada como podrían ser otras que recuerdan y exploran temáticas parecidas como Antichrist (Lars Von Trier, 2009) o Kynodontas (Yorgos Lanthimos, 2009) -por cómo la casa se convierte en una fortaleza que aísla-, pero requiere ser digerida y pensada. El reducido plantel actoral formado por Tábata Cerezo (Natalie), Julio Perillán (Alex) y Telmo Yago (Jonah) realiza un trabajo excepcional. Sus actuaciones van del más duro dramatismo, a la euforia, pasando por momentos cómicos y patéticos todos escritos por Rubio, quien se atreve a plantear cada escena en largos planos secuencia perfectamente ejecutados y planificados con los actores y con Carlos Cebrián -el director de fotografía- consiguiendo que el espectador se sienta parte de lo que les ocurre a los protagonistas.

La cinta de Agustín Rubio nos habla familias desestructuradas, de formas alternativas de criar a los hijos, de problemas de comunicación, de la figura paterna como esa araña de Louise Bourgeois que a la vez que es protectora, es cárcel de sus propios hijos; pero sobre todo habla de la desesperación y la irreparable tristeza y desolación que supone perder un hijo o a cualquier ser querido, e intentar aferrarte a los recuerdos y a las memorias, a los restos de un ser que ha vivido y que ya es polvo. Los personajes se pelean contra los demás y contra ellos mismos a la hora de enfrentarse y decidir abandonar el pasado que tanto les cuesta dejar atrás (de hecho Alex todavía lleva su alianza muy a pesar de que su matrimonio ya se haya roto). Ya sea de forma literal o no, Rubio rescata esa idea que siempre ha primado en la historia del género de terror: el pasado -y lo muerto- siempre vuelve, sea como sea.

Una fotografía del rodaje de La Desvida

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