Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

La última tentación de (Sir) Gawain: «The Green Knight» (David Lowery, 2021)

«Un hombre puede ocultar su mancha, pero nunca podrá deshacerse de ella; pues, una vez impresa en él, quedará imborrable para siempre.» clama Sir Gawain frente al valeroso y archiconocido (y referenciado) Rey Arturo al final del poema medieval anónimo Sir Gawain y el caballero verde. Siglos después, tras haber pasado por las manos de autores tan ilustres como J. R. R. Tolkien, llega a las manos del director David Lowery -autor de películas como En un lugar sin ley (2013) o The Old Man & the Gun (2018)- que adapta la obra para la productora independiente americana A24; con la que ya trabajó con la película A ghost story (2017).

Uno de los teaser posters de The Green Knight

The Green Knight supone una adaptación de esta corta epopeya en la que, Lowery, reinterpreta el personaje de Gawain, quien comienza la historia siendo un simple escudero noble que desea ser nombrado caballero. Dev Patel da vida a este joven despreocupado, deshonroso y maleducado a quien parece importarle poco los modales y el talante que merece la posición, el título, que desea obtener. Su presentación en la película parece propia de la de una historia ubicada en la actualidad cuyo protagonista es un adolescente estereotipado que parece deambular altivamente por el Mundo.

Gawain va de lo que parece ser alguna especie de prostíbulo, donde se encuentra su amada Essel (Alicia Vikander), hasta su casa donde le espera su madre, la hermana del Rey, para vestirle adecuadamente para acudir a la fiesta de Navidad que celebra el monarca junto a su mujer, la reina. Estos dos últimos invitan al joven Gawain a sentarse a su vera. Ahí es cuando percibimos realmente la preocupación y la deshonra que le causa a Gawain el peso de no ser un caballero, mostrándose desmerecedor de sentarse al lado del rey.

El misterioso caballero verde irrumpe en la corte del rey para proponerle un «inocente» juego de Navidad

Durante el banquete, irrumpe de forma abrupta una misteriosa silueta verdosa que, montada en su caballo, se adelanta silenciosa hasta el rey a quien entrega una carta que toma la reina; ante la intranquilidad y sorpresa del monarca. La voz de ella se vuelve endemoniada mientras lee el contenido de la misiva. En resumidas cuentas, el misterioso caballero verde (que casi parece tratarse de una figura antropomorfizada creada a base de elementos de la naturaleza como árboles, tierra, rocas y plantas, e invocado por tres brujas “Macbethrianas” entre las que se encuentra la madre de Gawain) desea batirse en duelo contra algún caballero. Si dicho noble logra herirle -sea una lesión leve o letal- deberá buscarle dentro de un año con tal de recibir el mismo tipo de herida por parte del caballero verde. Entre los rostros cabizbajos de los caballeros de la sala, el joven Gawain da un paso adelante y acepta el reto. El caballero verde toma su arma, una gran hacha, la deja en el suelo en forma de ofrenda, se arrodilla y postra su cabeza. Gawain, atónito, carga su espada sobre su hombro, da un paso adelante y decapita a la misteriosa visita.

La figura decapitada se yergue, toma su cabeza, monta en su caballo y se marcha del castillo con una risa despiadada. El joven escudero es vitoreado y aplaudido. Casi un año después, la ciudad entera conoce ya la leyenda de Gawain y el caballero verde y cómo el primero decapitó al segundo. Tampoco nadie olvida el pacto entre ambos: como el escudero decapitó al ser misterioso, ahora el joven debe acudir a la capilla donde aguarda el misterioso personaje para ser decapitado. Quien parece no atenerse a las consecuencia de sus actos es el propio Gawain, que parece creer que todo se trató de una farsa. Ante la esperanza del rey, la corte y todo el pueblo, el joven escudero emprende su viaje lleno de inseguridad y miedo.

El viaje de Gawain está plagado de dudas, incertezas, temores, desafíos y de personajes mágicos que ponen a prueba la valentía del protagonista.

La historia que reformula Lowery parece contada sin mucha paciencia y consciencia en los detalles. Deja sin explicar varias tramas y relaciones de personajes. No acabamos de entender la relación entre la madre de Gawain y la brujería, o entre este mismo personaje y el rey. De la misma forma, el camino de Gawain hacia la capilla del caballero verde está plagada de pruebas e impedimentos que retrasan y dificultan el viaje del protagonista, pero muchas de ellas se desarrollan y resuelven de una forma inentendible. Un embustero le roba el caballo y el hacha a Gawain. Tras varios minutos, de pronto, el protagonista aparece con el hacha recuperada  Es cierto que el film intenta responder a estos sucesos alegando que se trata de alguna especie de magia que revierte cualquier impedimento, pero es un tanto difícil de verle el sentido.

Igual que la aparición de ciertos personajes que apenas aportan interés a la trama. Si bien interesan aquellas situaciones que reafirman que Gawain está lejos de los valores que debe tener todo buen caballero. Valentía, honor, lealtad… son características de todo buen hidalgo debe mostrar y que el protagonista de The Green Knight no defiende ni por asomo. Sus lloros, falta de corazón hacia su amada Essel, pereza, ingenuidad y cobardía son rasgos que caracterizan a este personaje y que le dotan, de forma inteligente, de contradicciones. En ese punto, la película rescata su interés ofreciendo una lectura que invita a pensar si todas las leyendas e historias sobre odiseas, cruzadas y demás aventuras protagonizadas por caballeros impasibles fueron reales o tan solo fruto del silencio, de la mentira y de alguien que las difamase.

Las bellas composiciones y los referentes visuales de The Green Knight son evidentes. Destaca sobremanera la iluminación, el color y el attrezzo que bebe del imaginario religioso, medieval y, en ocasiones, del cine expresionista

En el que parece ser el clímax de la película (ojo al spoiler), Gawain huye del hacha del caballero verde y regresa a su pueblo donde es venerado por todos los que se creen que el joven venció y fue exculpado por la misteriosa criatura. Es nombrado caballero y, posteriormente, rey tras la muerte del antiguo monarca. Con descaro y frialdad rechaza su amor verdadero y contrae matrimonio por conveniencia. Su primogénito crece sin el amor de su padre y muere en el campo de batalla. Solo, sentado en su trono y a la espera de que una masa enfurecida de insurrectos acabe con él comprende el error de su vida. En ese momento volvemos al clímax: Gawain a la espera del golpe mortal del caballero verde. La resolución -que recuerda a la de La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988) y quizás a esa propuesta que replanteaba Luis Buñuel al final de Tristana (1970)- supone una nueva oportunidad de redención para Gawain.

Durante el último tramo del viaje de Gawain hasta la capilla del caballero verde, una neblina amarilla/dorada -que recuerda al tinte de la película Los Nibelungos (Fritz Lang, 1924)- prima en todos los planos

The Green Knight, como ya he expresado en líneas anteriores, flaquea en varios puntos de guion. Parece incluso que su creador atiende más al aspecto visual, que desde luego destaca debido a su gran belleza a través del departamento artístico a cargo de David Pink y Christine McDonagh, y a la dirección de fotografía de Andrew Droz Palermo quien juega brillantemente a través del color y de la luz ofreciendo composiciones casi calcadas a la de clásicos del cine expresionista alemán como podría ser la obra mangna de Fritz Lang Los nibelungos (1924).

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