Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Las perlas divinas de Luc Besson

Reivindicar sin ambages la profundidad conseguida por Luc Besson en Valerian and the City of a Thousand Planets (2017). Ya ha pasado un lustro desde el estreno de esta película de ciencia ficción, tiempo suficiente como para que, después de darle unas vueltas, más de uno haya caído rendido finalmente ante el director de cine francés pese a las reticencias iniciales. La obra, que adapta a la gran pantalla el cómic de los sesenta de Pierre Christin y Jean-Claude Mézières, ha generado en torno a sí una idea: la calidad del espectáculo estético que ofrece es realmente sobresaliente. Hay, incluso, quien defiende la escena de la ciudad turística multidimensional -un desierto que, a la vez y de manera superpuesta, es un mercado de realidad virtual para los turistas- como el estándar a seguir para futuras películas que expongan realidades virtuales (Matthews, 2017: 1). Se trata, con todo, de un film visualmente rico, alucinante e inmersivo (Tedman, 2017: 188), con el que disfrutar del placer de la mirada. Es, también, un texto interesantísimo a partir del cual reflexionar sobre el perdón, la gratitud, la caridad o la empatía que caracterizan al ser humano.

Los pearls viven de manera idílica en el paraíso tropical del planeta Mül

Más allá de los ejercicios bélicos y atléticos de los protagonistas, Laureline (Cara Delevinge) y Valerian (Dane DeHaan), la película se centra en la historia de los pearls, un pueblo alienígena cuyo planeta es destruido por la acción del ser humano. Un puñado de supervivientes, liderados por el emperador Haban-Limaï (Aymeline Valade), pasan las más de dos horas que dura la producción intentando recuperar un organismo biológico de su mundo, ahora una completa ruina. El animal, el último de su especie, debería permitirles reconquistar el modo de vida anterior al apocalipsis, una existencia feliz, armónica y circular, basada en las perlas energéticas que pescaban en el mar y que, tres veces al año, devolvían a la tierra. El comandante Arun Filitt (Clive Owen), al mando de la estación espacial Alpha, codicia esa riqueza, asumiendo el papel de fuerza antagonista en la historia. Él representa la civilización centrada en el progreso económico propio (Magerstädt, 2018: 10), mientras que la escenificación corporal de los pearls narra ante el espectador una utopía de bondad, templanza y justicia. Se trata de la representación del alienígena positivo, un otro distinto que en realidad viene a encarnar en pantalla las mejores cualidades del ser humano.

Las modelos Sasha Luss, Aymeline Valade y Pauline Hoarau dan vida a los pearls

Cuando los pearls aparecen en escena secuestran la atención sin remedio. Se trata de seres altos, estilizados, de proporciones armónicas y movimientos calculadamente lánguidos, que dejan entrever en cualquier caso esa energía vitalista que reciben de las perlas, en conexión con sus emociones. Sus cuerpos se presentan en pantalla semidesnudos. Unos pocos aparejos textiles y algunas joyas de aires tribales componen su vestimenta. En esencia, el espectador se encuentra ante la representación de alguna tribu del África de antaño que la varita de Besson ha insertado en el futuro, tal que aquellos neoprimitivos a los que cantaba Franco Battiato en su Shock in my town de los años noventa. No en vano, la película también habla de una ciudad en estado de conmoción, con sus habitantes protagonizando un viaje de tintes psicodélicos que puede acabar muy mal. Los pearls resultan enigmáticos y para darles vida el director apuesta por modelos de pasarela: Sasha Luss se esconde tras la piel de la princesa Lïhio-Minaa; Pauline Hoarau encarna a la emperatriz Aloï, y Aymeline Valade pone cuerpo al emperador de los pearls, que ejerce de epítome de la androginia, con un rostro suave de labios carnosos y ojos bellamente almendrados.

Un andrógino pearl es capturado y torturado por la seguridad de Alpha

¡Estás divina! ¡Es divino! Expresiones de admiración y reconocimiento que se usan para describir el estado de gracia y primor estético de quien es merecedor de tal cumplido, por ejemplo una modelo. Locuciones que son perfectamente aplicables a los pearls, en tanto que su cuerpo físico-biológico, pero también el halo de magnetismo que los envuelve, generado por su particular performance en pantalla, merece un lugar de privilegio en los mismísimos cielos. Incluso en los peores momentos, en el drama que supone ver tras el cristal cómo desaparece un ser querido a manos del caos destructivo, el emperador Haban-Limaï se erige como la revisitación de la idea clásica de la kalokagathia, por la que el alma bella solo puede verse reflejada en un rostro bello, atributo necesario para la divinidad, que según Platón debería ser andrógina, poseedora de masculinidad y feminidad, para ser así reflejo de la totalidad (Serrato, 2017: 9-10). Así son los pearls, etéreos, ambiguos, inmaculadamente hermosos y, por tanto, perfectos para el cometido que deben desempeñar en la narración: son el agente externo venido de un plano superior, misterioso, que sirve de detonante para que las mujeres y hombres de carne y hueso tomen decisiones trascendentes.

Valerian y Laureline responden a la llamada moral de los pearls

Para los habitantes de la estación espacial Alpha supone toda una revelación descubrir que aquello que se ha instalado como un cáncer en el centro recóndito de la inconmensurable ciudad de los mil planetas es un grupo de refugiados pearls que, para conseguir recuperar su preciada y necesaria mascota, han sido capaces de poner patas arriba el orden imperante en las míticas instalaciones, que aúnan una representación de las múltiples razas del universo. Lo han logrado, además, realizando un ejercicio de superación titánico, que los lleva a abandonar su estado de inocencia utópica y en cierto modo salvaje para convertirse en un pueblo cultivado y tecnológicamente superior. Valerian y Laureline, encargados en un primer término de darles caza y neutralizarlos, no pueden más que sucumbir ante los requerimientos del emperador Haban-Limaï. Lo hacen por empatía, por justicia, por caridad, como redención, una vez descubren por boca del andrógino y espléndido ser la verdad que hay detrás de las espurias motivaciones del comandante Arun Filitt y su avaricia destructora. Los pearls son capaces de perdonar y esa es, tal vez, la lección que, más allá del efectismo estético impresionante, incluso extravagante, ofrece Besson: «you shall love the alien as yourself» (Magerstädt, 2018: 10). El amor, siempre.

Referencias

Magerstädt, S. (2018). Love Thy Extra-Terrestrial Neighbour: Charity and Compassion in Luc Besson’s Operas The Fifth Element (1997) and Valerian and the City of a Thousand Planets (2017). Religions. N. 9(10), pp. 1-12. DOI: https://doi.org/10.3390/rel9100292

Matthews, J. (2017). Valerian and the City of a Thousand Planets (Movie Review). In All Things. Recuperado el 03/06/2022, de https://inallthings.org/valerian-and-the-city-of-a-thousand-planets/

Serrato, P. (2017). Conchita Wurst: de la mujer barbuda al Jesucristo andrógino. Eviterna, N.1, pp. 32-44. DOI: https://doi.org/10.24310/Eviternare.v1i1.8006

Tedman, P. (2017). Space Adventures in Multi-dimensions: Valerian and the City of a Thousand Planets (2017). Fantastika Journal. Vol. 1(2), pp. 188-191.

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