RIRCA

Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Reseña «Casi me he corrido: sexualidad e incomodidad social en Girls»

Es verdad que en este blog se ha hablado mucho acerca de Girls, serie norteamericana dirigida, escrita e interpretada por Lena Dunham (HBO 2012- ), que parece que nos tiene a las mujeres investigadoras un tanto contrariadas.  Hecho que no quiere decir ni implica que la serie nos guste, ni que la encumbremos como obra referencial del post-feminismo contemporáneo. Pero como producto que desde sus estrategias de producción se promocionó como una experiencia femenina generacional –tantísimos artículos así  endiosaron a su autora-, irremediablemente esta ficción forma parte de múltiples interrogaciones: ¿es Lena Dunham o su alterego Hanna Horovitz el nuevo paradigma de una feminidad que, acorde con la cultura del consumo actual, caricaturiza las ansiedades femeninas? ¿Quiere la autora, trazando una narración incomoda, poner en evidencia las desigualdades y limitaciones estructurales con las que aun hoy las mujeres nos encontramos en nuestros procesos de acceso y participación social? ¿la representación de una sexualidad filmada en planos medios, en los que deseos sexuales y cuerpos desnudos que se desmarcan de los estándares y cánones de belleza, busca poner en crisis la sexualidad hegemónica o no es más que el resultado de una asunción y reproducción del imperativo pornográfico y heterosexual?

Todas estas preguntas que de algún modo se han ido planteando en posts firmados por compañeras de blog, parece que también son las que se plantea Ignacio Moreno, crítico cultural (palomitasenlosojos.com) y profesor de Comunicación y Género en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid, cuando en su artículo “Casi me he corrido: sexualidad e incomodidad social en Girls” explora la relación que la cultura mediática y la sexualidad femenina mantiene en esta serie. Este artículo, que forma parte de Sexo, mujeres y series de televisión (Continta me tienes, 2015), libro que analiza  distintos contenidos en los que la nueva feminidad mediática se adscribe a partir del binomio poder-sexualidad, traza distintas reflexiones que validan la propuesta de Lena Dunham en relación a distintos discursos teóricos que han analizado la sexualidad fémina en las últimas décadas.

Si bien la conclusión final del artículo, es poco concluyente en el sentido de que no nos queda muy clara cual es su posición en relación a todas las interrogaciones que hemos planteado al principio de esta entrada, la lectura de sus reflexiones es altamente enriquecedora. El autor contextualiza bastamente Girls en relación a las construcciones culturales de la sexualidad femenina de las últimas décadas. De este modo, tal como defiende el autor con el título de su apartado final, casi podemos concluir que la contradicción o la contrariedad son los adjetivos con los que Lena Dunham quiere representar la sexualidad femenina. En este sentido, ya en la introducción Ignacio Moreno habla de la incomodidad buscada por parte de la autora que, en nuestro contexto neoliberal, y citando a Angela McRobbie en The Aftermath of Feminism (2009), funciona como una arma de doble filo: mientras que por un lado posibilita la representación de ansiedades femeninas, por otro lado su poder subversivo, enmarcado en una cultura del consumo potmoderna y eminentemente masculinizada, queda encorsetado por una propuesta postfeminista más preocupada por agradar a modo de caricatura que no por incomodar.

El autor explica la búsqueda de la incomodidad o la contrariedad sexual femenina de Dunham en relación a distintos modos institucionalizados a partir de los que se ha representado la sexualidad de las mujeres en la cultura audiovisual: como un estilo de vida de corte romántico y reivindicativo (Sex and the City, HBO 1998-2004); como un descubrimiento que se convierte en amenaza puesto que la sed que el sexo nos provoca puede o bien acabar con nuestras vidas (Looking for Mr. Goodbar, Richard Brooks 1977) o bien convertirnos en asesinas y acosadoras (Fatal Atracction, Adrian Lyne, 1988). Lo más interesante de este recorrido y contextualización es que el autor observa estos distintos modos de representación y promoción de la sexualidad femenina como síntomas sociales que se establecen a partir de la asociación de los capitales económicos y sexuales de las mujeres. De este modo, si bien hace unas décadas, tal como Susan Faludi nos recordaba en Backlash, The undeclared war against american women, 1991, la sexualidad femenina fue eminentemente instrumentalizada por la industria cinematográfica masculinizada que promovió la idea de que la emancipación económica y cultural-sexual de las mujeres son una amenaza, hoy esta instrumentalización viene pautada por unos procesos de producción cultural en el que las mujeres tienen un papel activo tanto como productoras  como consumidoras. Se produce entonces un punto de inflexión en el modo en como las feminidades institucionales se construyen y validan, dónde si bien por una parte la sexualidad femenina se normativiza a la vez que se identifica como la máxima representación de la libre elección femenina, también implica una normativización que no sabe salir de las retóricas institucionalizadas en las que los preceptos feministas, o los deseos y placeres sexuales femeninos, se  ven invalidados o diluidos. Y aquí es dónde el autor supone que Lena Dunham, como autora, quiere plasmar las contradicciones y ansiedades de unas chicas blancas de clase media que, atrapadas en plena crisis económica global, equiparando su pésimo capital económico y social con su desastrosa identidad emocional y sexual.

Una vez más, apuntar que la lectura del artículo es totalmente amena y enriquecedora. Destacar también que a mi entender la crítica que establece alrededor de la propuesta de Dunham no pretende endiosarla o criticarla. Simplemente pregunta. Y pregunta mucho acerca de cuestiones cruciales: interroga el carácter sumiso y masoquista de la autora y si con él quiere hacer crítica social o simplemente sumarse al imaginario sexual femenino institucionalizado: se pregunta sobre la necesidad de representar una sexualidad problemática e incluso sórdida;  cuestiona el uso y abuso de un humor subversivo que  no siempre cumple su función (acerca de violaciones en campus universitarios, o sobre el VIH); sobre la intencionalidad de la autora que insistimos, no queda claro si denuncia o simplemente caricaturiza; etc. No obstante, se hecha de menos que el articulo explore más la representación y promoción  de la sexualidad que Dunham propone en relación con el imaginario porno. Sí es verdad que el autor se refiere al concepto pornificación (Levy, 2005). Pero quizá el vincularlo con el genero publicitario del ‘pornochic’, defendido y promocionado por autores (Terry Richardson) y magazines (Vice) que pueden reconocerse como estandartes de la cultura hipster, podría matizar el análisis de un imaginario cultural dirigido a abastecer y a apaciguar la falsa sensación la libre acción que el postfeminismo insiste defender como el nuevo contrato sexual de las mujeres: para conseguir un acceso y participación social plenos debes reírte de la sexualidad sexista y asumirla como liberadora y propia.

Referencia:

Moreno, Ignacio «Casi me he corrido: sexualidad e incomodidad social en  Girls» en VVAA Sexo, Mujeres y Series de Televisión Madrid: continta me tienes, 2015.

La idea de tener un terapeuta sexual en el instituto no resultaría quizá demasiado novedosa.
Hoy por hoy, apenas hay relatos mediáticos que no presuman de tener y explotar uno
No. No tendremos (por ahora) tercera temporada de Vis a Vis pero desde Grupo RIRCA
 

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