Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Reseña serie “Unloaded” (Amazon Prime, 2020): el cielo capitalista de Lake View

El creador de “The Office”, Greg Daniels nos ofrece esta nueva serie de ciencia ficción que data 2033, con tintes de comedia y drama distópico que, en cuanto a temática, nos sitúa en cuestionamientos existencialistas de “Black Mirror” (2011-) y, en concreto, del episodio “San Junípero” (cuarto episodio de la tercera temporada).

Temáticamente, la sociedad que se plantea se divide entre los vivos y los muertos, aunque la muerte está sujeta a una mercantilización capitalista de quienes pueden, privilegiados, pueden costearse un “cielo digital” llamado Lake View, un “más allá” virtual, un espectacular hotel de lujo victoriano (realmente situado Hotel Mohonk Mountain House de Hudson Valley, en Nueva York). La serie se centra en el personaje de Nathan, un joven que cumple con los cánones de belleza heteronormativa con pareja y una idea de negocio revolucionario y una vida por delante que se trunca por un sospechoso accidente fatal de coche inteligente y automático.

Nathan viendo su propio funeral a través de realidad virtual

Tras su accidente, tal y como sucede a la gran mayoría de personas, es tentado a que su vida no se termine en términos terrenales, sino que gracias a las acciones que la familia de su novia han pagado a la empresa generadora del cielo digital capitalista de Lakeview, él puede ser “descargado”, es decir, sus recuerdos y su conciencia son guardados y almacenados para crear una realidad virtual donde ellos pueden seguir viviendo en un cielo digital, es decir, se da comienzo a una nueva experiencia “mortal” que resulta ser, aparentemente, idílica.

No obstante, este idilio digital tendrá complicaciones también a nivel ético y moral: el hotel es una pura fachada plena de artificiosidad en la que se mezcla una percepción de los “descargados” (las personas que han fallecido y cuya conciencia ha sido descargada a modo de realidad virtual) como personajes de “SIMS” que tienen el apoyo y la orientación de sus “ángeles de la guarda” o teleoperadores de atención al cliente “personalizado” (que bien nos recuerda a Janet en “The Good Place”), con el retrato de una sociedad que es capaz de hacer negocio con la propia muerte, incluso con la idea de hipotecarse en vida para poder tener la esperanza de no morir, sino de estar en el “más allá” a modo de un cielo por el cual hay que pagar. 

Nathan y su «ángel», Nora

Dentro de esa monetización del cielo, podemos encontrar diferentes “niveles”, una jerarquía que, dependiendo del “plan contratado” implicará tener más o menos privilegios. Los del nivel -2 no tendrán vistas a los lagos, ni podrán cambiar de estación (de invierno a verano, por ejemplo), ni de comer (digitalmente, claro) un lujoso buffet libre (como en un tipo de plan contratado superior o premium) sino que apenas tendrán una habitación con una manta o, incluso, si sus seres queridos vivos no siguen pagando su suscripción, no tendrán ni ropa. El clasismo dentro de un capitalismo sin escrúpulos que intenta aprovecharse de las esperanzas de la población y que dibuja, promociona y hace publicidad de un cielo ideal que no está al alcance de todos.

En ese sentido, el valor humano se queda relegado a la apariencia, a los “likes” que reciben sus acciones en público o por los cuales son juzgados por el usuario (como en el caso de los “ángeles de la guarda” de los “descargados”, cuyo trabajo y misión es ofrecerle una experiencia personalizada en el cielo y ayudarles en sus necesidades por los cuales son puntuados con hasta 5 estrellas). Incluso, también, la socialización está sujeta a la valoración por la apariencia hasta el punto de que existe una App semejante a “Tinder” que, tras los encuentros sexuales entre dos personas, son puntuadas públicamente para que el resto de personas conozcan cómo ha sido la experiencia sexual entre dos usuarios. Así pues, se subrayan una sociabilidad afectada por la superficialidad, la inseguridad y las complejas relaciones “a distancia” entre un vivo y un “descargado” mediante encuentros virtuales en los que se llevar a cabo encuentros sexuales en los que la persona viva debe ponerse un traje (propio de la realidad virtual) para poder tener sexo con su pareja “descargada”. 

Lake View, el cielo capitalista

Los “descargados” no están exentos de cuestionarse su vida allí, condicionada a los deseos de sus seres vivos de mantener el privilegio de seguir viviendo en Lake View, donde todas las acciones que llevas a cabo son por placer y no por necesidad mundana. En el caso de Nathan, su autonomía e independencia como persona cuando estaba vivo se han visto reducidos para estar sumiso a las órdenes y deseos de su nueva “dueña”, su novia con la cual tenía perspectivas de haber finalizado la relación, de no haber sufrido el fatal accidente.

En ese sentido, la serie nos ofrece cómicamente y a modo de sátira del futuro distópico, una serie de ciencia ficción en la que, en ciertas escenas, parece que el espectador se introduce dentro de un videojuego de realidad virtual que, pese a no ser novedoso temáticamente, resulta una apuesta agradable con una crítica a la sociedad que no puede perderse de vista.

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