Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

La buena vida del estafador: «Great Pretender» (2020)

Un joven pide ayuda desconsoladamente mientras se encuentra colgado boca abajo. Sin embargo, pronto descubriremos que no se encuentra en un sitio cualquiera: yace suspendido del famoso cartel de la colina que corona Hollywood. Esta es la escena que abre el anime Great Pretender emitido los pasados 2, 9 y 16 de junio en colaboración entre Wit Studio y Netflix. Pronto, las incógnitas de quién es el muchacho en apuros se disipan cuando se presenta como Makoto Edamura, según él «el mejor estafador de todo Japón». El “fortuito” encuentro con una turista francés le conducirá a formar parte (casi) involuntariamente de un grupo de timadores profesionales que operan por todo el mundo haciendo fortuna.

Con 23 episodios en su haber y dividido en 2 partes, Great Pretender sigue las peripecias de este grupo de estafadores y los complejos golpes que planifican con mucho cuidado. Así, la serie desarrolla las fórmulas clásicas de las heist movies donde los giros sorprendentes, el ritmo de la acción y la habilidad de los guionistas – en este caso atribuida a Ryôta Kowasa – son tres de los elementos clave para enganchar al espectador e idear los golpes de forma original y sofisticada. Un modelo narrativo que recuerda a una versión descafeinada de largometrajes con timadores alocados en el centro como The Gentlemen (2019) o The Man from UNCLE (2015) de Guy Ritchie donde la alternancia entre pasado/presente en la narración de la historia es la que cohesiona las piezas del puzzle en un juego de “quién está en realidad sujetando los hilos”.

El trío de estafadores se reúnen con una de sus futuras víctimas, el narcotraficante y famoso productor de Hollywood, Eddie Cassano

Asimismo, otro de los elementos vitales de este tipo de narrativas es la construcción de los personajes para establecer un universo verosímil dentro de la irrealidad de los golpes criminales como parte del mundo de ficción. Así, al joven aprendiz japonés Makoto Edamura, se le unen una sucesión de carismáticos personajes donde sus habilidades como timadores se irán combinando: el desvergonzado líder de la banda, el francés Laurent Thierry; la impetuosa y reservada ejecutora, la iraní Abigail Jones; y la meticulosa y camaleónica, la inglesa Cynthia Moore. Todos ellos importantes dentro de la trama y los que tendrán una evolución más compleja de lo que parece a simple vista.

De hecho, la complejidad con la que se desarrollan los diferentes casos – tres durante esta primera parte – es realmente original y sirven para que cada uno de los personajes muestre sus respectivos backstories y evolucionen, algo no muy común en este tipo de animes de comedia alocada que demuestra la voluntad de los creadores por realizar una historia con un mayor trasfondo. En definitiva, los personajes deben enfrentarse a su propio pasado descubriéndonos cuáles son las motivaciones que les condujeron a convertirse en criminales. Desplegando toda la iconografía del género engaños/espionaje, esta primera parte del anime nos conduce a través de tres asombrosos y variopintos golpes: Conexión Los Ángeles (eps 1-5), centrado en la estafa a unos de los grandes mafiosos narcotraficantes de la ciudad; El cielo de Singapur (eps 6-10), cuya farsa se focaliza en el desmantelamiento de una red de amaño de apuestas en una competición de vuelo; y La nieve de Londres (eps 11-14), que nos traslada al mundo del coleccionismo y las subastas de arte. En este sentido, la distribución del tiempo dedicado a cada uno de los golpes es uno de sus puntos fuertes, ya que este tipo de narrativas se centran en los pequeños detalles y no deben dejar ningún cabo suelto. Entonces, cada caso se desenvuelve en el transcurso de 4-5 episodios, que se traduce a 80-100 minutos para cada historia. Algo que beneficia a la profundidad de los personajes y a la credibilidad y minuciosidad de los casos.

Cynthia se regodea del éxito de su último golpe

Asimismo, observamos la intención de los creadores de realizar un anime alejándose de las convenciones del medio apostando por una proyección internacional – seguramente debido a su colaboración con Netflix. De esta manera, se aprecia una voluntad de los creadores nipones contemporáneos por abandonar las fórmulas del anime tradicional cuyas premisas, tono y diseños artísticos estrictamente centrados en la cultura folklórica y/o popular japonesa se quedan atrás. Great Pretender es una serie con una clara aproximación occidental en su estilo formal y narrativo, incluso en el lenguaje utilizado por los personajes. Ejemplo de ello lo encontramos en su singular apartado estético cuyo intenso barroquismo cromático – solo hace falta ver la imagen superior – aporta una sensación de irrealidad en concordancia con el mundo de las apariencias por el que se mueven los personajes, mientras añade una personalidad única y atractiva al conjunto de la serie. Así como lo encontramos en el opening,  explotando la iconografía del escurridizo ladrón a ritmo de jazz – que recuerdan a los famosos títulos de crédito de Catch Me If You Can (2002) como parodia/homenaje a la película de Spielberg – y del ending, concluyendo con la versión de The Great Pretender cantada por Freddie Mercury. Algo muy atípico en los animes que tienden a promocionar artistas musicales nacionales.

En definitiva, Great Pretender es un anime que combina a la perfección entretenimiento y complejidad de personajes en una fórmula del género heist movie híbrida, divertida y cautivadora. Esperando con ganas el estreno de su segunda parte.

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