Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

La esencia de la ‘noirness’ y la espectacularización de la vida cotidiana: «Perry Mason» (HBO, 2020)

El pasado 21 de junio se estrenaba en HBO la serie Perry Mason. La serie está basada en la colección de novelas pulp creada por Erle Stanley Gardner en 1933 con más de 50 títulos en que se despliegan los casos  protagonizados por este detective-abogado, emisiones radiofónicas entre 1943 y 1955 y traslaciones a la ficción televisiva  de la mano de CBS entre 1957-1966 y posteriormente en 1973-1974. Esta trayectoria, y especialmente el éxito de la serie que lanzó al estrellato a Raymond Burr, ha convertido a Perry Mason en una parte importante del conocimiento colectivo que, aunque no sepa exactamente quién es Mason, lo asimila a la infalibilidad en la resolución de casos complejos a través de la indagación y una oratoria brillante.Esta es justamente la estructura seguida por la ficción de los 60 desarrollada de forma episódica en la que, de acuerdo con las normas de la época, los personajes son heroicos además de modelos sociales. Un planteamiento que evita, de manera lógica también para la época de emisión, el cuestionamiento de los personajes, sus backstories conflictivas y el entorno sórdido y esencialmente corrupto en que estos se desenvuelven. Y es aquí donde comienza el  Perry Mason de HBO cuya primera temporada se sitúa en Los Angeles en 1932, en plena depresión económica.

Matthew Rhys encarna al investigador-abogado Perry Mason

Perry Mason (Matthew Rhys) ejerce como investigador privado para el abogado Elías Birchard (John Lithgow) quien ha aceptado la defensa de Emily Dodson (Gayle Rankin, la magnífica She-Wolf de Glow) acusada injustificadamente del secuestro y muerte de su pequeño hijo Charlie. Ayudado por el también investigador Pete Strickland (Shea Whigham, que también aparece en Agent Carter), las pesquisas de Mason introducen al espectador en los entramados de la corrupción sistémica que existe en la ciudad propiciando una de las características esenciales de la denominada «noirness» o del género hard boiled iniciado en la década de los años 20. Así, los espectadores seguiremos las andanzas de un Perry Mason todavía investigador privado (private eye) que nos sumergirán de manera irremediable en la cara oculta y más sórdida de la sociedad. Un retrato de una sordidez invisibilizada en la que contemplamos las corruptelas policiales en su ocultación y manipulación de pruebas, sus sobresuledos ilegales y su violencia racial sistémica simbolizada en la serie en el personaje de Peter Drake (Chris Chalk) el único policía negro de la ciudad. También se nos mostrará la falta de escrúpulos de la fiscalía, más preocupada de mantener su estatus políitico que de descubir la verdad de los casos y desplegando fuertes campañas mediáticas. En definitiva, la serie se enmarca en una sordidez latente y asumida institucionalmente que contrasta de manera estrepitosa con la extrema espectacularización de la vida cotidiana.

El fiscal Barnes y su alianza/dependencia de la prensa

Y es que, del mismo modo como retrata la magistral Chicago (Rob Marshall, 2002), la prensa sensacionalista —o no tanto— va a ser un instrumento esencial para la manipulación emocional de unos ciudadanos que necesitan una válvula de escape ante una situación económica negativa, un aspecto aprovechado por las instancias del poder como medio para mantenerse en él. Así, este eje conceptual marca una de las premisas por las que se guia Mason y que lo configura como personaje: la incansable búsqueda de la verdad de los hechos. De nuevo Perry Mason sigue al pie de la letra los esquemas o clichés del género con un argumento más o menos prototípico cercano conceptualmente a la cultura de la decepción (en el sentido inglés de la palabra) y que hace que la serie sea un magnífico ejemplo de narración «LA Noir». A todo ello se unirá una crisis espiritual o de valores que conduce directamente a la religión como marco argumental con claras referencias a las «predicadoras» evangélicas de la época que mezclan el negocio con la necesidad de llevar consuelo espiritual al mayor número de gente posible a través del espectáculo: una simbiosis entre la religión y el show business que tendrá su centro en el magnífico personaje de Sister Alice (encarnada por una más que increíble Tatiana Maslany a la que echábamos ya de menos) y su importante relación con Emily Dodson. Un planteamiento que ya vimos, aunque con un calado diferente, en el personaje de Sister Molly en Penny Dreadful: City of Angels.

Tatiana Maslany construye una impresionante Sister Alice

Ni que decir tiene que la noirness de Perry Mason tiene su prinicipal sustento en su puesta en escena no solo en la dirección de Tim van Patten ( Boardwalk Empire, Game of Thrones, The Sopranos, The Pacific) sino especialmente en las espectaculares dirección de arte de John P. Goldsmith (The OA, The Master, A most violent year) y cinematografía de Darren Tiernan (tercera temporada de Westworld, American Gods) y David Franco (Game of Thrones, Stranger Things, Ray Donovan). Una puesta en escena que está al servicio del entorno y de la construcción de los personajes. Porque también  la construcción del personaje de Perry Mason se enmarca de lleno en el esquema de la literatura hard boiled. Frente al estereotipo elegante de la ficción televisiva de los 60, Mason es un antihéroe marcado por un pasado tormentoso cercano a los protagonistas del techno-thriller: sus vivencias en la guerra marcarán su personalidad, le alejarán de su familia, le harán conocer los bajos fondos de la sociedad y determinarán unas actuaciones poco ortodoxas. Una configuración del personaje que se rompe en el midpoint de la serie —que tiene una escritura magistral— donde el Mason detective se transforma en Perry Mason el abogado, novato eso sí, pero que busca la verdad más allá de la justicia. Un planteamiento que comparten los personajes con los que se relacionará Mason y, de manera especial, los personajes femeninos.

Della Street es, sin duda, el mejor personaje de la serie

Sin embargo, la relación de Mason con las mujeres de la serie sirve para romper de manera estrepitosa con lo que se ha dado en llamar la hard boiled sentimentality. Desde este planteamientos, Mason no va a tener un hogar con una mujer esperándole como «reposo del guerrero», bien al contrario, la posible sentimentalidad de Mason se verá compartimentada entre las fricciones con su esposa Linda (Gretchen Mol) y su refugio sexual con Lupe Gibbs (Verónica Falcón). Si la  mujer-compañera leal es importante en los esquemas del género, este rol es asumido en Perry Mason por Della Street (Juliet Rylance), la ayudante de Elias Birchard que se convertirá en auténtica mentora en la transformación de Mason y, sin duda, el mejor personaje de la serie. Un personaje que introduce la auténtica realidad de Emily Dodson como esposa maltratada y víctima de los prejuicios sociales sobre los comportamientos alejados de los dictados patriarcales —una reivindicación personal también— y que sirve de «click» de la transformación de Mason. Una ruptura de los esquemas prototípicos del género que es de agradecer.

Como también es de agradecer la falta de grandilocuencia en Perry Mason al presentar, en esta primera temporada, el nacimiento de Mason como abogado pero especialmente presentarnos al equipo que le acompañará en sus distintos casos: un equipo esencialmente marginal tanto racial (Drake)  como sexualmente (Della) para los esquemas de la época en que se desarrolla la acción. Una serie de la que parece que se espera que sea un mero pasatiempo pero que resulta adictiva y sorprendente. Toda una revelación en una serie realmente coral en la que se integran milimétricamente la puesta en escena con la intepretación de unos actores que encajan a la perfección con la construcción de los personajes y con el tono de la serie, claro desde el primer momento y que no se rompe en ningún momento.

Tendremos que esperar a la segunda temporada para ver hacia dónde va Perry Mason tras este brillante inicio con un apunte ciertamente malévolo: fue una suerte que Robert Downey Jr —productor de la serie— tuviera problemas de agenda porque, sin duda, Perry Mason hubiera sido muy muy diferente.

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