Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Las buenas esposas: significación y paralelismos en los viajes de Lady Mary y Anna Bates de «Downton Abbey»

Downton Abbey es una de las series británicas que despierta más cariño entre los espectadores. Parte de su éxito se debe a la maestría de su creador, Julian Fellowes, para idear un universo de personajes entrañables, empáticos y complejos que nos guían a través de la transición de 1910 a 1925, uno de los episodios más relevantes de la historia contemporánea. Siendo una serie coral donde intervienen entre 30-40 personajes que van y vienen durante 6 temporadas, la serie se centra en los habitantes de la Abadía de Downton, una mansión perteneciente a la familia aristocrática de los Crawley. Así, se nos presentan los conflictos personales de los dueños y sus sirvientes a través del devenir histórico del país y de los cambios de pensamiento que les afectan de manera directa. Por lo tanto, Downton Abbey no solo se debe contemplar como una trama cargada de emotividad, sino como una narración que integra la memoria histórica colectiva con los contextos individuales ficticios de los personajes; en especial, de los femeninos. En este sentido, dedicaremos este post a diseccionar los arcos evolutivos de dos de los personajes más queridos de la serie: Lady Mary y Anna Bates.

[Contiene spoilers]

Interpretados por Michelle Dockery y Joanne Froggatt, Lady Mary y Anna tienen un desarrollo casi idéntico siendo dos de los pilares esenciales para mostrar los valores de la época, así como los cambios de pensamiento en la entrada en la era moderna. Un paralelismo que se refuerza con la propia relación entre ambos personajes que, a pesar de que Anna es la ayudante de cámara de Lady Mary, mantienen una amistad con ciertos “límites profesionales”. Entonces, los puntos de partida de ambas en la T1 se sitúan en el mismo eje argumental: el interés romántico. Por un lado, Anna conoce a Bates, el nuevo ayudante de cámara de Lord Grantham con quien comienza una relación de confianza mientras los demás sirvientes muestran recelos. Por otro lado, Mary se ve con la necesidad de encontrar esposo para salvaguardar su herencia como primogénita de los Crawley. Un detonante de la acción que empieza muy inteligentemente con el hundimiento del Titanic en 1912 y que pone a evidencia la posición de la mujer en la época que dependía económicamente de su marido por ley. Su deber familiar se antepone a sus deseos personales asumiendo el rol de “futura esposa”. Un papel que está dispuesta a asumir, ya que la arrogante y pícara Lady Mary está acostumbrada a tener muchos pretendientes. Entre ellos el diplomático turco Mr Pamuk, cuya sonada muerte es un detonante en la trama, y el heredero de los Crawley, Matthew, cuya turbulenta relación amorosa con Mary es uno de los ejes de las dos primeras temporadas.

Lady Mary cuida de un convaleciente Matthew

La T2 nos sitúa en plena Primera Guerra Mundial (1916-1919) y sus cambios políticos. Con las bases narrativas y personajes asentados, la líneas argumentales de Anna y Lady Mary no varían en exceso retomando la idea de que a lo único que podían aspirar las mujeres de la época era convertirse en esposas, independientemente de su estrato social. Dando más protagonismo a Anna, su futuro matrimonio con Bates peligra cuando éste es acusado de la muerte de su ex mujer exponiendo las dificultades del divorcio y la falta de rigor de los procesos judiciales. Igualmente, los conflictos sentimentales siguen siendo los que motivan el devenir de Anna, mientras que el enfrentamiento armado irrumpe en la vida de los Crawley. La resignación de Mary crece cuando sus dos hermanas pequeñas, Edith y Sybil, deciden servir a su país (la primera como chófer y la segunda como enfermera) volviendo a replantearse su destino como responsable del futuro de Downton. Su amor no correspondido con Matthew y el escándalo por su encuentro sexual con Mr Pamuk en la T1 – tener relaciones antes del matrimonio era considerado inmoral – la obligan a juntarse con un despiadado empresario, Richard Carlyle. Una vez más, el deber como “buena esposa” se interpone en la felicidad de Mary cuya educación no le permite romper su compromiso con el legado familiar. De hecho, una de las temáticas exploradas en la serie es la decadencia de los valores tradicionales y privilegios de la aristocracia británica debido a las ideas aperturistas del cambio de década.

Sin bien las T1-T2 resultan más melodramáticas debido a su asimilación al sentimentalismo romántico clásico, la evolución de la serie supone un salto cualitativo enorme frente a su compromiso social donde los personajes femeninos tienen una voz muy activa. Así, Anna y Lady Mary comienzan a tener una mayor confianza en su relación compartiendo consejos, opiniones y secretos en la intimidad. Algo muy extraño de contemplar en narrativas centradas en la diferencia de clases y teniendo en cuenta que en la época no estaba bien visto que se expresaran emociones en público.

En sus momentos a solas Anna y Lady Mary comparten opiniones, aunque no siempre coincidan

La T3 nos ubica entre 1920 y 1923 donde los Crawley se enfrentan a la crisis de posguerra. A pesar de que el enlace de Matthew y Mary es uno de los platos fuerte de la temporada, los problemas económicos de Downton comienzan a crear tensiones en la familia. Una vez más, los valores empresariales tradicionales del patriarca chocan con las ideas innovadoras de los jóvenes (representados en la pareja Branson/Sybil) quienes proponen sacar beneficio de las tierras del Lord. Otro contraste de pensamientos liberales/conservadores que enfrentan a Matthew a Mary, ambos divididos entre ambas posiciones ideológicas. Así, los cimientos de las comodidades de la burguesía inglesa se ponen en cuestión al igual que su responsabilidad social. Un planteamiento que sigue los conflictos de edad y clase como líneas temáticas de la serie. En contraste con la felicidad de las parejas de “los de arriba”, el matrimonio Bates encara un arduo juicio donde deben aprender a convivir a distancia. Así, Anna desarrolla un fuerte grado de independencia mientras realiza su propia investigación para demostrar la inocencia de su marido mostrando su bondad y nobleza como características fundamentales del personaje.

Sin embargo, la T4 supone un verdadero punto de inflexión donde encontramos temáticas de suma relevancia social que atañen a los personajes femeninos. Un rumbo con giros drásticos y arriesgados que tienen a Lady Mary y a Anna como ejes centrales. Así, ambas comparten la superación del trauma como elemento de su evolución el que, debido a las convenciones de la época, no pueden manifestar ni tratar abiertamente. La primera reivindica su posición como heredera de Downton tras la muerte de Matthew mientras se enfrenta al pensamiento arcaico de su padre quien se niega a que ella participe en la gestión de la hacienda. Una ruptura con los roles patriarcales donde Mary asume su responsabilidad como futura dueña de la fortuna familiar y despojándose, al fin, de la etiqueta de “esposa” y reivindicando su derecho al trabajo.

Anna suplica a Mrs Hughes que mantenga en secreto su violación

Por su parte, la narrativa de Anna toma un peso importante quien sufre una brutal agresión sexual. Un tremendo punto de inflexión en el desarrollo del personaje que tiene que mantener en secreto. Así, la serie visibiliza una parte de la violencia machista donde, en aquella época, se contemplaba como una pérdida de la virtud de la mujer y algo que afectaba a su reputación; por tanto, a su vida profesional y personal. De hecho, la reputación de las mujeres es una temática recurrente en la serie: Mary y su encuentro con Mr Pamuk (T1), los prejuicios hacia Ethel por haber sido prostituta (T3), los recelos hacia las parejas sentimentales de Lady Rose (T4) o el embarazo no deseado de Lady Edith (T4). Así, Downton Abbey mostró una preocupación por la visibilización de las víctimas sin representar a la mujer sufridora melodramática, sino desde el sosiego y la intimidad – algo no muy común en las narrativas de agresiones sexuales en el momento de emisión. Una sensibilidad representada en la sobrecogedora interpretación de Joanne Froggatt, reconocida con el Globo de Oro en 2015 y cuyo discurso recogió el espíritu del #MeToo mucho antes de su proliferación.

Así, la T5 nos sitúa en 1924 donde Mary se hace cargo de los terrenos de Downton mientras Anna sobrelleva las consecuencias criminales de su violación. Igual que sucedería en la entrega anterior, sus tramas exponen preocupaciones acerca de los derechos de la mujer en la época como la libertad sexual y la reproductiva. Por su parte, Lady Mary comienza un idilio con su nuevo pretendiente, Lord Gillingham, con quien decide mantener una relación íntima para conocerse mejor. Algo que desafía las reglas de emparejamiento tradicionales de la época donde el cortejo se llevaba a cabo en sociedad y de forma platónica. Una aproximación a las relaciones modernas también representadas en la rebelde Lady Rose. En este sentido, la situación de Mary involucra a Anna a quien le pide que recoja anticonceptivos llevando a esta última a plantearse los derechos de maternidad de la mujer trabajadora y el control sobre su cuerpo. Así, los cambios sociales influyen en la evolución de los personajes donde la mujer trabajadora se sitúa en el centro de la temporada: Edith es dueña de una revista de actualidad, Daisy comienza a estudiar para educarse, Mrs Patmore se convierte en arrendadora y Baxter deja atrás su pasado criminal para tener una segunda oportunidad.

Lady Mary consigue una cita con un prestigioso médico para que visite a Anna

La recta final de la serie se desarrolla en 1925 donde se aprecia una tremenda evolución en el pensamiento de los integrantes de la casa. Las narrativas de Lady Mary y Anna giran en torno a su vida personal como forma de cerrar el círculo y mostrar la superación de todos los conflictos a los que se han tenido que enfrentar los últimos 13 años. Por su lado, la trama de Anna se centra en su maternidad donde sus aún asentados valores morales le impiden expresar sus problemas emocionales. Algo que, aunque parezca extraño desde un punto de vista contemporáneo, en la época era lo más común. En este sentido, Lady Mary se convierte en su principal aliada separando las líneas entre clases apoyándola incondicionalmente; algo que, precisamente, es uno de los elementos característicos de la serie. Igualmente, Mary se enfrenta a las recriminaciones de Lady Edith (el personaje con mayor evolución de la serie) y completará su cometido como mujer que es capaz de decidir su propio destino – profesional y personal – sin que las convenciones de la época lo delimiten. Un hecho que termina de culminar en el largometraje de 2019 convirtiéndose en la nueva heredera de Downton cerrando de forma extraordinaria el conflicto que inicia la serie. Al final de sus viajes, ambas aprenden a confiar en los demás (sobre todo en sí mismas) y a ser dueñas de su propia vida, sin la necesidad de abandonar el título de «buenas esposas».

A pesar de que Michelle Dockery y Joanne Froggatt han tenido una carrera televisiva prolífera después de Downton Abbey – tal vez, las que más – con proyectos muy diferentes como Godless, Defending Jacob, Good Behavior, Dark Angel, Liar o The Commons, siempre se les recordará como Lady Mary y Anna Bates. Unas etiquetas que, aún pudiendo convertirse en una losas, no les resultarán tan pesadas teniendo en cuenta su significación como unos personajes femeninos complejos, reivindicativos y más queridos de la ficción televisiva.

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