Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

La restauración de la memoria intrageneracional. «Mrs. Wilson» (BBC One, 2018)

El 7 de mayo de este año, la plataforma Filmin puso a disposición de las audiencias españolas la miniserie de tres episodios Mrs. Wilson, producida por la BBC One. Estrenada en noviembre de 2018 bajo la dirección de Richard Lawson, la miniserie narra la reconstrucción hecha por Alison Wilson de la identidad real de su marido Alexander cuando, el mismo día de su muerte, llama a su puerta una mujer que dice ser también la sra. Wilson. Una premisa ya de por sí interesante que tiene todos los ingredientes para enganchar al público que presupone un argumento cercano al drama o a alguna de sus variantes. Sin embargo, este brevísimo resumen va a verse variado si comentamos que el guion elaborado por Anna Symon va a contar la historia real de Alison Wilson, esposa de un agente encubierto del MI6 —y escritor real de más de 20 novelas de espionaje desde 1928 hasta 1940—   durante la II Guerra Mundial que se asimila a la sociedad de los lugares en los que desarrolla sus misiones y forma familias estables en cada uno de ellos. Además, su identidad es negada por los responsables gubernamentales como también lo es por las acciones que suceden en las que se nos da a entender que Alexander Wilson no solo es un posible fake personal sino también institucional. Esta segunda premisa puede inducir a creer que nos encontramos ante un thriller-melodrama histórico con tintes biópicos.

De esta manera, la miniserie está basada en los dos tomos de memorias escritas por Alison Wilson donde recoge sus averiguaciones y que legó a sus nietos en el momento de su muerte en 2005 para que conocieran no solo la historia familiar, sino también las circunstancias histórico-políticas en las que se enmarca esta narración personal que las explica en buena medida. Uno de estos nietos es la actriz Ruth Wilson que encarnará a su abuela. Esta tercera premisa convertirá a Mrs.Wilson en un perfectísimo ejercicio de la cultura de la memoria, o del recuerdo, o como definen muchos investigadores, un ejercicio de narración de la Postmemoria.

Alison y Alexander Wilson (Ruth Wilson e Iain Glen)

Desde esta perspectiva, Mrs. Wilson debe ser leída como el viaje personal de Alison quien, a partir de la reconstrucción de la identidad de su marido, va a encajar las piezas del puzzle de su propia identidad. Configurado como un matrimonio casi modélico, Alison (Ruth Wilson) y su marido (Iain Glen) van a conocerse en los cuarteles generales del MI6 donde ella ejercerá como secretaria, y él desaparecerá sistemáticamente en misiones controladas por su supervisora Coleman (Fiona Shaw). La noticia de la muerte de Wilson conducirá directamente a la aparición —de manera privada, jamás públicamente— de una segunda familia encabezada por Gladys que se convertirá en una auténtica carrera de obstáculos para Alison. Pero cada uno de ellos, además de suponer un avance en la construcción argumental de la miniserie, implica un despliegue conceptual que tendrá un doble sentido. En primer lugar, una trayectoria histórica de la situación de la mujer en tiempos de guerra en la que esta se convertirá en víctima de sus acciones, así como será sistemáticamente invisibilizada en aras de la seguridad nacional con claros beneficios para los «héroes» masculinos. El caso de Alison es más que evidente, como también lo es la configuración de todos y cada uno de los personajes de The Bletchley Circle; todas ellas serán las receptoras de circunstancias políticas  específicas con nombres como el Offical Secrets Act (1939) o el Public Record Act (1958) que conducen directamente a la idea de una generación ignorada o, incluso, a una generación sin identidad en un proceso de búsqueda constante. Por eso Mrs. Wilson (sin comillas, ni cursiva) no es solamente Alison sino todas las esposas de Alexander: la primera esposa y tradicional Gladys de la que nunca se divorció, la mundana actriz Dorothy, y la sencilla y aparentemente simple Elisabeth, la ultima mujer en la vida de Wilson. O, si se prefiere, las memorias individuales sirven para la reconstrucción de la memoria colectiva y para (re)enmarcar el pasado.

Dos de las esposas de Alexander: Gladys (Elizabet Rider) y Alison (Ruth Wilson)

La segunda trayectoria es personal. Así a la toma de consciencia de la propia identidad de cada una de las Mrs.Wilson debe añadirse la responsabilidad que éstas van a tener para contarles a sus hijos la realidad familiar. A pesar de que la miniserie se centre en Alison, todas las esposas de Alexander se enfrentarán al dilema entre el ocultamiento de la existencia de familias simultáneas a la propia, la negación de este hecho, la reunión de todas ellas como mecanismo de enfrentamiento a una memoria conjunta o la reconciliación ante un engaño particularmente doloroso. Justamente este aspecto será reiterado por la actriz Ruth Wilson en la mayoría de las entrevistas concedidas a raíz del estreno de la miniserie. De este modo, además del evidente potencial de la vida de Alison Wilson como guion para un producto ficcional, el principal reto para la actriz ha sido el hacer pública una historia íntima pero que puede ser comprendida por muchos espectadores que hayan vivido o conozcan situaciones semejantes. Un reto que, desde nuestro punto de vista, supone un ejercicio catártico individual, por una parte; y un ejercicio familiar, por otra parte, que, según comentan tanto la actriz como la guionista, supuso la búsqueda de todos los descendientes vivos de Alexander Wilson de quienes consiguieron el permiso unánime —con solamente una negativa— para la realización de la miniserie.

El personaje de Alison Wilson se caracteriza por la constante búsqueda identitaria

Lo que parece ser que comenzó como un homenaje-reivindicación de la actriz a la lucha personal de su abuela, se ha transformado en la aceptación de una memoria colectiva. Y una memoria colectiva que, curiosamente, sigue todas las pautas marcadas por los estudios de la Postmemoria a los que nos hemos referido y que, si bien suelen referirse a hechos históricos sórdidos, son plenamente válidas : la construcción de narraciones individuales en forma de microhistorias como inicio del proceso del recuerdo (las memorias de la Alison Wilson real y el desarrollo de la miniserie) que siguen dos grandes vías de transmisión. La primera, la llamada postmemoria familiar, es protagonizada por la generación inmediatamente directa de las personas protagonistas de los hechos narrados y que habitualmente tienen un rol pasivo (en este caso las vivencias de los hijos directos de las distintas señoras Wilson que también se reflejan en la miniserie). La segunda, es la transmisión de dichas vivencias por las terceras generaciones (los nietos, en este caso lideradas por la actriz Ruth Wilson) como pervivencia de dichos recuerdos y su fijación en la memoria colectiva. La reunión de todos los descendientes directos de las distintas Mrs. Wilson —que no del patriarca, tal como se nos hace ver en la miniserie— es una buena muestra de ello.

La reunión familiar como perfecto ejemplo de la Postmemoria

De este modo, Mrs. Wilson es mucho más que una ficción que cuenta una historia familiar. La miniserie es una perfecta muestra de recuperación de la cultura de la memoria a través de una narración que va más allá de la emotividad o de la empatía o todo lo contrario que las audiencias podamos sentir hacia los personajes que deambulan por ella. Y es una narrativa del recuerdo que cuestiona las circunstancias que la generaron a través de pequeñas historias individuales que se transforman en globales como también lo serán algunas producciones contemporáneas en las, alejándose de los discursos hegemónicos, contemplaremos las perspectivas individuales de personajes ante hechos históricos. Títulos como  Dunkirk (2017) de Christopher Nolan o las producciones de Kathryn Bigelow contarán vivencias, no acciones o acontecimientos. Como también lo harán películas europeas recientes como  Son of Saul (László Nemes, 2015) o Cold War (Pawel Pawlikowski, 2018) y miniseries también europeas como Hijos del Tercer Reich o The Bletchley Circle. Unas perspectivas en la que parece que no acaba (o empieza) de encajar la producción ficcional española a la que, a excepción de la magistral película El Reino (Sorogoyen, 2018), siempre le cuesta dejar de lado planteamientos ideológicos maniqueos. Si no, ya veremos cuáles son las reacciones «sociales» ante el estreno de la nueva película de Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra, previsto para el próximo mes de septiembre.

 

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