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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

La venganza de un cabeza de turco: El Reino (Rodrigo Sorogoyen, 2018)

Manuel López-Vidal, un vicesecretario autonómico que se tambalea entre el odio y la compasión por parte del espectador, verá su final y caída cuando se vea convertido en cabeza de turco de todas las acusaciones surgidas al descubrirse los años y años que llevan, él y muchísimos más miembros de su partido, robando de fondos públicos.

El inicio de El Reino: Un minúsculo Manuel López-Vidal frente a un inmenso y eterno mar.

Donde Rodrigo Sorogoyen termina Madre, su magistral cortometraje, empieza El Reino, su obra maestra: en la playa; donde López-Vidal aparece por primera vez en pantalla igual que como acaba: solo y sin nadie que le conteste a sus llamadas de auxilio; pues cuando se nos introduce a él, ya lleva años malversando y construyéndose una (falsa) vida lujosa.

El Reino es una película en la que todos sus aspectos se complementan, consagrándola como una obra maestra y una de las mejores películas del año.

El guión:

Con Que Dios nos perdone, Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen nos sorprendieron al brindarnos un guión impecable, con una trama que mantiene la tensión hasta el último momento, unos personajes muy bien construidos y con influencia de grandes guionistas como David Fincher. Ambos creadores se superan a sí mismos con el guión de El Reino, que trae tras de sí un brutal trabajo de investigación (contactando con periodistas, políticos en activo, políticos retirados y políticos corruptos) que consigue retratar la sociedad y la realidad como si fuese el reflejo en el espejo al que se mira la política española. Sus personajes malvados (por sus actos) son retratados desde un punto de vista que les muestra como, al fin y al cabo, son: seres humanos. Por ello, Peña y Sorogoyen hacen al espectador compadecer los actos vengativos de su protagonista, que acaba en el patetismo absoluto, pues en su personal odisea en la que se autoproclama (sin serlo) el héroe, acaba en el escalón más bajo de la integridad humana.

Los personajes:

Este (falso) héroe es interpretado por un espléndido Antonio de la Torre, a quien seguimos en todo momento, siendo cómplices de sus engaños que fracasan, de sus peripecias quijotescas contra unos gigantes ocultos bajo una amplia cortina gris de falsas sonrisas y (nula) transparencia. Al final, López-Vidal lucha contra todos y, sin percatarse, contra sí mismo.

Los demás personajes son igualmente interpretados con maestría, unas fenomenales Barbara Lennie (interpretando a Amaia Marín: una periodista impasible) y Ana Wagener (interpretando a la jefa sin escrúpulos del partido político a quien sus compañeros apodan “La Ceballos”)  y un brutal Luís Zahera, que borda la excelencia en cada escena en la que aparece, sobre todo en la asfixiante y tensa escena del balcón.

Manuel López-Vidal (De la Torre) intenta sonsacar información engañando a Luís Cabrera (Luis Zahera)

Los personajes de El Reino son solitarios, pero buscan protección en los demás, sonríen a sus superiores a la vez que les controlan. “Jose Luís, es el cuarto” le dice Manuel López-Vidal a su jefe recalcándole que ya ha comido suficientes carabineros; “A veces se pierde” le repite una y otra vez Paco (un compañero de Manuel exculpado de sus malversaciones, interpretado por Nacho Fresneda) a López-Vidal al haberlo abandonado a sus suerte. Al final, todos los personajes son desconfiados los unos a los otros, y en cualquier instante acaban solos, momento en el que solo hace falta aceptarlo y comprender que, como dice el personaje interpretado por Luis Zahera, “Esto son lentejas, o las tomas o las dejas”.

La música:

Desde el principio, Sorogoyen no quiso utilizar música de orquesta, por ello, el compositor Olivier Arson (quien ya trabajó con él en Que Dios nos perdone y en Madre) coincidió con el director en utilizar unas composiciones de música electrónica, que podría acompañar en todo momento dando una sensación de no parar, cosa que consigue con éxito. La música enfatiza la tensión que reina en todo el filme mediante unos arreglos, armonías y pulsaciones muy marcadas que acaban sincronizándose con los rápidos y nerviosos diálogos de los personajes y con los latidos del corazón de los espectadores.

La realización:

A esta frenética música, le acompaña un vertiginoso montaje y una realización sublime. Escenas como el plano secuencia inicial en el que Manuel entra a un restaurante por la puerta de atrás, igual que el personaje de Ray Liota en la famosa escena de Goodfellas (1990) de Martin Scorsese, la escena del registro de la policía, la de la casa de Andorra, la del balcón (anteriormente mencionada) o la de la autopista, muestran la maestría de Sorogoyen y su equipo con la cámara, dándonos escenas brillantemente realizadas, con un toque de autoría sublime.

El Reino es y será una de las mejores películas españolas de toda la historia. Todos los departamentos del filme, fotografía, dirección artística, montaje, sonido, dirección, producción, reparto, guión… aportan todo su ser y conocimiento en él, y con ese gran esfuerzo y compenetración, crean una perfecta y arriesgada obra maestra.

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