Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Pasteleros en el salvaje oeste: «First Cow» (Kelly Reichardt, 2020)

En el año 2020 se ha notado mucho la presencia de mujeres creadoras del séptimo arte. Filmes como She dies tomorrow de Amy Saimetz o Las niñas de Pilar Palomero son dos de las cintas más sorprendentes dirigidas por una mano femenina que se han estrenado hace poco y que han demostrado que en la industria hacen falta más mujeres que nos cuenten historias sobre inquietudes, sueños, pesadillas, injusticias, alegrías… Kelly Reichardt -directora de filmes independientes como Wendy and Lucy (2008) y Certain Women (2016)- es una de esas mujeres que nos han conseguido emocionar este año con su última película titulada First Cow , basada en la novela The half-life de Jonathan Raymond y producida por A24.

El filme nos cuenta la historia de dos hombres solitarios que se encuentran en el oeste americano y se alían para crear un negocio de venta de pasteles y buñuelos. No obstante, para poder cocinar los manjares que venden con mucho éxito en el mercado del pueblo, deben robarle la leche a la única vaca del lugar: la que posee el alcalde. Esto hará que su negocio y sus vidas estén al borde de un precipicio, pues si se descubre su engaño sus vidas correrán peligro. Sin duda no es que parezca una historia llena de acción y aventuras, pero tampoco se pretende. Reichardt se aleja de ese western clásico caracterizado por duelos, violencia constante, vaqueros, indios, caballos y grandes paisajes áridos para plasmar una visión más realista y costumbrista de lo que fue el verdadero oeste americano. La directora pretende acercarnos a la vida de las personas que serían secundarios sin importancia en esas epopeyas míticas de John Ford, dando a su filme una visión más cercana y humana.

Orion Lee y John Magaro interpretan a los entrañables protagonistas de First Cow

Los protagonistas de First Cow son dos figuras solitarias y silenciosas que se encuentran en un ambiente hostil en el que deciden aliarse formando una muy bella amistad. King Lu (Orion Lee) es un inmigrante asiático con dotes para persuadir a los compradores del triste y austero mercado del pueblo de Oregón en el que viven. Tiene toda la labia y espíritu emprendedor que le falta a su compañero Cookie (John Magaro), de personalidad callada, trato amable y mirada inocente. Cuando éste demuestra sus dotes para cocinar deliciosos pastelitos, King Lu no duda en impulsar las capacidades de su amigo para ganarse un buen dinero, muy a pesar de que eso suponga tener que ir al anochecer al terreno del alcalde y robarle la leche de su vaca. Mientras Lu vigila la casa de la eminencia desde lo alto de un árbol, Cookie se acerca a ordeñar al animal. Su ternura y amor por la naturaleza se hace más que evidente en cómo el pastelero habla y trata a la vaca, con el mismo respeto, familiaridad y fraternidad como si fuese un ser humano. Al fin y al cabo, la vaca y el cocinero comparten la naturaleza serena que les falta a muchos pueblerinos incivilizados del condado.

Cookie acaricia el cuerpo y ordeña a la res cada noche. Cocina ricos pasteles que lleva con su compañero a la plaza del pueblo. Se sientan en el suelo y tienden su puesto. Una manta, unas piedras y maderas para presentar su producto, y una pequeña hoguera donde hacer buñuelos a medida que se los van comprando. King Lu cada día sube más el precio al ver el éxito de los dulces que prepara su compañero y que remata con una fina cobertura de miel. El punto álgido de su negocio y su pronta caída es la visita del alcalde, que felicita al pastelero por su hazaña y le encarga un pastel para poder dejar en ridículo a un militar amigo suyo. Pronto se descubrirá el delito de los pasteleros y se comprenderá su final; en parte ya anunciado al principio del filme.

Cookie es un personaje silencioso y sencillo que muestra amor y respeto por todo ser viviente, en especial con la vaca a la que ordeña con cariño

La historia es realmente simple. No busca ninguna complejidad, sino que se basta con la sencillez y la pausa. Reichardt gusta de tomarse su tiempo para que admiremos largas escenas donde la belleza de la imagen tiene más protagonismo que lo que sucede. Como he comentado antes, más que rendir homenaje e inspirarse en grandes filmes del western, son películas como Ugetsu (Kenji Mizoguchi, 1953) y Suna no Onna (La mujer de la arena, Hiroshi Teshigahara, 1964) las que, confiesa Reichardt, más han influenciado a la hora de dirigir y editar. La directora también ha reconocido que fueron de gran inspiración las obras de pintores como Winlow Homer y Frederic Remington (retratistas del oeste americano) para la estética del filme. Ella y su director de fotografía Christopher Blauvelt capturan imágenes en las que priman los tonos verdes que enfatiza la naturaleza que rodea constantemente a los personajes. También destacan juegos con la profundidad, luces y cómo dotan a la imagen de un formato de 4:3 y grano que simula como su hubiese sido rodada con celuloide. Sin embargo, la gran capacidad de la película para transportar al espectador al siglo XIX se la debe al vestuario diseñado por April Napier -que también ha trabajado en filmes como Lady Bird (Greta Gerwig, 2017) y Booksmart (Olivia Wilde, 2019)- pues su labor consistía en recrear la vestimenta de diferentes culturas que coincidían buscando fortuna en el salvaje oeste americano. Como vemos, un exhausto trabajo exitoso, pues Napier consigue su objetivo.

La naturaleza inunda a los personajes. La flora y la fauna es espectadora inmóvil de las vidas de las personas que dan a parar en ella

 

El resultado final de First Cow es el de una película realista y minimalista que nos habla del poder de la amistad, de encontrar a un compañero de viaje (no necesariamente sentimental), . En definitiva, Kelly Reichardt nos ha dado una muy bella película que merece la pena contemplar y dejarse llevar por ella.

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