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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

5 razones para ver «Law & Order: Criminal Intent»

Ya hace tiempo comentábamos en este blog cinco razones para ver en bucle una de las series emblemáticas de la ficción criminal contemporánea, Law & Order: Special Victims Unit, hoy queremos reivindicar otra integrante de la franquicia creada por Dick Wolf en 1990 y que vio la luz en 2001, Criminal Intent (en España, acción criminal), una serie que, tal como sucede con Special Victims Unit, sigue enganchando a los espectadores quienes, a pesar de que conocemos perfectamente los casos y su resolución, seguimos pegados a la pantalla para ver cómo se las arreglan los investigadores de turno para pillar a los malhechores de cada uno de los episodios.

1. Una serie eminentemente policial y clásica. A pesar de que la franquicia iniciada por Dick Wolf en 1990 combinaba dos de los géneros relacionados con la ficción criminal, la policial y la legal, Criminal Intent va a tener su premisa esencial en la investigación de los diferentes casos a los que deberán enfrentarse los detectives de homicidios de la policía de Nueva York. Así, a diferencia de las distintas series que conforman la creación de Wolf, Law & Order y Law & Order: Special Victims Unit en las que los fiscales -o deberíamos mejor decir las fiscales ya que, si por algo son reconocidas las temporadas, especialmente las de SVU, es por la presencia y actividades de las representantes de la justicia- tienen un papel esencial, Criminal Intent va a seguir de manera escrupulosa los cánones del género: el intento de restauración (no siempre conseguido) del orden ciudadano roto por un agresor sin, en principio, ningún tipo de trascendencia sociológica. En definitiva, los casos que deben resolverse se corresponden con la idea del crimen como una actividad depredadora individual (venganzas, rencores, psicopatías…) que si bien suelen producirse en ambientes marginales, también alcanzan a las capas sociales más pudientes. De este modo, Criminal Intent desarrollará sus argumentos bajo la consideración del crimen como género en una vuelta a los inicios de la ficción criminal no solo decimonónicos sino también de los años dorados del cine negro estadounidense. Todo un reto, aunque no pueda parecer así, en unos momentos (2001-2010) en que la ficción televisiva ya había entrado más que de lleno en las sofisticaciones narrativas. Una vuelta, pues, al género en estado (casi) puro. Un clásico.

Parte de los integrantes de la brigada policial de la serie

2. Private eye vs public eye. Sin embargo, y a pesar de su estructura clásica, Criminal Intent va a realizar un malabarismo casi imperceptible que le convertirá en una ficción criminal diferente. Por ello debemos recurrir  de nuevo a los cánones del género y al desarrollo de la ficción televisiva de los años 90 : mientras los cánones del género marcan la centralidad de sus argumentos en la figura de un detective -el llamado private eye cuyos ejemplos esenciales serán Sherlock Holmes o Philip Marlowe en la literatura y Columbo y su contrario Monk, solo por mencionar a uno de ellos en la televisión-  sobre el que recae todo el peso de la acción; la ficción televisiva desarrollará la lucha contra el crimen como un mecanismo corporativo en el que los detectives están sometidos a la disciplina de equipo al estar integrados en brigadas específicas en las que la convivencia suele ser conflictiva, se desarrolla la vida privada de los personajes y el detective con mayúsculas suele quedar difuminado – el llamado public eye, con Hill Street Blues como serie emblemática. Pues bien, Criminal Intent resultará ser una mezcla de ambos esquemas: se mantendrá la figura de un detective siempre brillante que desarrollará su trabajo en una brigada que, contrariamente a la contemporaneidad de la ficción criminal, estará siempre a su servicio y  no al contrario. El choque de personalidades, sin embargo, está asegurado.

3. Personajes complementarios y problemáticos. La premisa de actuación de los detectives de Criminal Intent no va a ser la investigación del «qué» y del «quién» (algo que ya sabemos desde las primeras escenas del episodio) sino el «por qué» se ha comentido la agresión. El fuerte componente psicológico de la serie va a tener en los criminales el centro conceptual pero va a suponer el diseño de los personajes-detectives desde una perspectiva  intelectual más que desde la pura acción. Los detectives de la serie serán eminentmente conflictivos: Mike Logan (Chris Noth) tendrá un pasado turbulento y violento que le conducirá al ostracismo al poner en evidencia la corrupción política, y  Zach Nichols (Jeff Goldblum) mantendrá una lucha constante con la figura de su padre, un eminente psiquiatra, del que ha aprendido sus técnicas científicas pero del que le aleja estrepitosamente su sensibilidad creadora y su espíritu rebelde con una cierta dosis de síndrome de Asperger incluida. Cada uno de ellos tendrá en sus compañeras de trabajo que comparten en todas las temporadas de la serie a su contrapunto esencial: Megan Wheeler (Julianne Nicholson) será una pragmática y visceral mujer que combinará su trabajo policial con su relación sentimental con un jefe de la mafia con el que tendrá un hijo  -evidentemente un artificio argumental debido al embarazo real de la actriz-, y la efímera Serena Stevens (Saffron Burrows), una especie de clon de la personalidad arrolladora de Zach Nichols. Sin duda una de las razones por las cuales las audiencias descendieron estrepitosamente en la octava temporada de la serie y se reclamó la vuelta de los grandes nombres de la misma: Goren y Eames.

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Goren (Vicent d’Onofrio) y Eames (Katryn Erbe), almas de la serie sin ninguna duda.

4. Bobby Goren-Alexandra Eames, el tándem perfecto. Sin duda alguna, la pareja formada por Bobby Goren (Vicent d’Onofrio) y Alexandra Eames (Kathryn Erbe) es el alma de Criminal Intent. La extrarodinaria química de los dos actores se ve aumentada por la configuración de sus personajes: Robert Goren  tendrá un conflicto de personalidad extremo al combinar su enorme intuición con una tendencia a la autodestrucción esquizofrénica explicada a lo largo de las temporadas por la personalidad de sus padres a los que siempre ha evitado, y Alexandra Eames se configurará como una experimentada e institucional agente marcada por la muerte de su esposo en acto de servicio y que mantendrá una extrema complicidad y admiración por las nada convencionales formas de Bobby Goren, su auténtica alma gemela profesional e incluso personal. Unos personajes perfectamente diseñados y con un arco evolutivo extraordinariemente desarrollado, especialmente el de Goren, a lo largo de las diez temporadas en las que han trabajado juntos. Un tándem perfecto al que debemos añadir un nombre esencial en la serie: el del capitán Danny Ross, interpretado por un soberbio Eric Bogosian.

5. Crossovers y cameos. Una de las características de toda la franquicia de Wolf es la enorme cantidad de apariciones estelares en sus episodios. Una lista interminable de guest stars  -normalmente nominados y ganadores de Emmys- que en Criminal Intent alcanzará a nombres como los de John Krasinski, Rosanna Arquette, Whoopi Goldberg, Judd Hirsh, Brooke Shields, Michelle Trechtenberg, Joan Lett, Denis O’Hare (nuestra adorada Liz Taylor de American Horror Story Hotel), Neil Patrick Harris y, de entre todos ellos, tres nombres: Rita Moreno y Roy Scheider como padres de Bobby Goren, y Ben Kingsley como padre de Zach Nichols. Un lujo absoluto, como también lo será el hecho de poder contar a lo largo de las temporadas con la presencia e interactuación en el argumento de los tres detectives de la serie, Goren, Logan y Nichols acompañados-asistidos-controlados por la inefable Alexandra Eames, el gran personaje femenino de Criminal Intent.

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