Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

El desvanecimiento del ser. «Vortex» (Gaspar Noé, 2021)

Todo aquello que vemos o nos parece ver
no es más que un sueño dentro de otro sueño.

Edgar Allan Poe

Dedicada a todos aquellos a los que se
les pudre el cerebro antes que el corazón.

Gaspar Noé

Desde aquel cortometraje –Carne– sobre un carnicero que abusaba de su hija que precedía a la incómoda Solo contra todos (1998), el director argentino Gaspar Noé, ya realizó toda una declaración de intenciones de lo que su carrera artística cinematográfica iba a ser y significar.

No hay film de este peculiar y alabado director cuyo relato y puesta en escena no generen en el espectador rechazo, vergüenza, terror, confusión y/o resignación. Las películas de Gaspar Noé retratan los aspectos más sórdidos y terroríficos de nuestra sociedad, del ser humano. El realizador disfruta entregándonos cada poco tiempo una nueva fábula macabra con la que dejar devastados (pero aun sentados en las butacas) a sus más acérrimos seguidores y asqueados a sus máximos detractores.

El póster de Vortex, la última película de Gaspar Noé

Quien conozca la filmografía de Noé sabrá que, más allá de que las historias que nos presenta ya de por sí sobrecogen el alma, el distintivo trabajo en la puesta en escena y la puesta en cuadro de las mismas es una marca autoral más que evidente encaminada a hiperbolizar la terrorífica e inquietante situación que viven sus personajes.

Es recurrente el uso del (falso) plano secuencia en muchas de sus cintas como Irreversible, Enter the void o Climax donde la cámara -siempre en taquicárdico movimiento- se niega a abandonar por un segundo a los personajes. Todo sufrimiento será retratado y encuadrado por la cámara. También son frecuentes los espacios nocturnos donde los personajes deambulan tintados por luces de neón o focos que generan imágenes con fuertes contrastes lumínicos y tonales.

La pareja protagonista de Vortex ya no (con)vive en la misma realidad. Una terrible enfermedad les separa.

Noé retrata el terror de la vida corriente, de personajes que acaban experimentando el infierno en la tierra. «Se trata de una película de terror psicológico» afirma el director sobre Vortex, su última película alabada por crítica y público. Y es que el film es en efecto una cinta de terror claustrofóbico y agonizante. Retrata uno de los terrores de nuestra sociedad. El terror de una enfermedad: el alzheimer.

Vortex trata sobre una pareja de ancianos interpretados magistralmente por Françoise Lebrun -icono del cine francés y protagonista de La maman et la putain (Jean Eustache, 1973)- y Dario Argento -hito del giallo y director de films como Suspiria (1977) o Profondo Rosso (1975)- que deben lidiar con las incómodas y terribles consecuencias que surgen, o pueden surgir, en el ocaso de la vida.

Él es crítico y teórico de cine. Está preparando un libro sobre los sueños y el cine. Ella era una gran psiquiatra. Ahora su mente se va desvaneciendo progresivamente. Le hacen feliz las flores, los juguetes y reencontrarse con su hijo (Alex Lutz) y su nieto. Le da miedo «ese hombre extraño» que la sigue a todas partes: su marido. Ambos viven en una antigua casa llena de caos y desorden. Un espacio recargado lleno de objetos que cubren mesas, sillas, cantaranos… de cuadros y posters (de Metropolis, Une femme est une femme, El río y la muerte…) que cubren las paredes… en definitiva, un espacio desordenado, sobrecargado y asfixiante que funciona como materialización del estado mental y físico de la pareja protagonista.

Uno de los planos más emotivos del film: las manos de Argento traspasan el umbral entre ambas realidades/cuadros para tranquilizar y amar a Lebrun.

Al principio del film, Noé presenta a sus personajes en uno de los últimos momentos de lucidez y de, aparente, felicidad. El padre abre una ventana. La madre igual. Están cara a cara. Sonríen y se dirigen a la terraza donde disfrutarán de una copa de vino. Esas ventanas que se miran y se reconocen se convertirán en dos «ventanas» paralelas –jamás volverán a reconocerse ni a cruzarse– en las que tan solo podremos asomarnos los espectadores. Noé rueda el film en una constante pantalla partida en la que ofrece dos encuadres diferentes. Mientras que una de esas ventanas/encuadres sigue a un personaje, la otra permanece con el otro o graba la misma situación desde otra perspectiva diferente.

La propuesta de Noé -que como decíamos, siempre intenta generar una puesta en cuadro evocativa y llena de significado, aunque ya trabajó con la pantalla partida en Lux Aeterna (2019)- hace que el espectador cargue sobre sus hombros con el doloroso peso de conocer más información que el resto de los personajes del film. Es más, el director no solo genera un discurso pesimista y existencialista en el relato sino que traslada la infranqueable potestad de la muerte a nuestra realidad. Los títulos de crédito no solo anuncian los nombres del director y actores del film sino que también indican el año de nacimiento, con lo que pretender reafirmar que todos somos presos del tiempo. Un tiempo que se agota. Viendo los años de nacimiento podemos calcular cuánto tiempo de vida les podría quedar a los mismos intérpretes del film.

El propio espacio fragmenta, oprime y recluye a los personajes, que no pueden hacer más que resignarse a lo que tenga que pasar.

Vortex avanza de una forma cada vez más dura y dolorosa. Es sin duda uno de los films más emocionales y más duros del realizador argentino. Todas esas escenas de violencia, drogadicción, venganza, sangre, etc. que retrató en el pasado son eclipsadas por la crudeza de un relato tan tristemente cotidiano -aproximadamente unas 50 millones de personas sufren alzheimer o algún tipo de demencia en el mundo- pero a la vez tan desolador. Cuando oyes a Noé aclarar que se trata de un film de terror psicológico te extrañas, pero ¿Cómo no? caes en seguida en que, en efecto, la vida misma tiene momentos de pura pesadilla. La unión y el amor pueden ayudar a afrontarlos, como muestra la película, pero no son en absoluto una garantía.

El film está construido con un tempo preciso que genera una dilatación agónica del tiempo. Noé trabaja con tres personajes principales, pero sabe generar a través de ellos unas subtramas que continúan al acabar la película que no hacen más que perpetuar lo decepcionante de la vida. Noé nos anuncia que el drama y el terror es la herencia constante de nuestra existencia, de nuestra vida. Es lógico pensar en films de temática similar como la reciente The father (Florian Zeller, 2020) o la alabada Amour (Michael Haneke, 2012), pero sin duda Vortex propone una puesta en escena, una puesta en cuadro y un relato único al más puro estilo desolador que solo Gaspar Noé consigue generar. Del dolor crea una obra de arte para la posteridad.

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