Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Un buen par de pájaras: Tuca y Bertie

En ocasiones anteriores hemos escrito aquí sobre series de animación para público adulto. Yo misma publiqué hace poco una reflexión a propósito de la segunda temporada de (Des)encanto, de Matt Groening. Mi compañero Víctor Navarro, por su parte, os dio sus cinco razones para ver BoJack Horseman, que aún sigue en emisión. Al hilo de esta última por los puntos que tienen en común, en este post yo me acerco a Tuca y Bertie, que con una sola temporada de 10 episodios ha comenzado y terminado este mismo año en Netflix.

El creador de BoJack Horseman, Raphael Bob-Waksberg, trabajó en el diseño de sus personajes con la ilustradora Lisa Hanawalt. A partir de esa labor, ella recibió el encargo de ofertar su propia serie, y optó por otra comedia de animación, más alegre que la protagonizada por el caballo (más sitcom que sadcom) y focalizada en personajes femeninos (¿o debería decir en “hembras”?). Así nació Tuca y Bertie, cuyas figuras centrales son dos ‘pájaras’ antropomorfas a las que les calculamos unos treinta y tantos, y que son amigas y antiguas compañeras de piso en una ciudad diversa y estresante llamada Bird Town. Al contrario que el caballo-hombre de Waksberg, Tuca y Bertie no conviven con personas, solo con otros animales,  e incluso con plantas, con toques humanos.

Cuando arranca la ficción, que combina la sensibilidad feminista en el subtexto con un enfoque postfeminista en el humor y la estética, la zorzal Bertie ha decidido empezar a convivir con su  novio Speckle –un petirrojo con bastante dependencia emocional–, por lo que la tucán Tuca debe mudarse y comenzar una vida en solitario. Esto no es fácil para una mujer-ave que es la reina del caos y la improvisación, y para quien su amiga era un pilar de estabilidad y confianza. El contraste entre las dos y sus proyectos de vida (independencia radical frente a cotidianeidad convencional en pareja; trabajo estable aunque poco satisfactorio frente a faenas puntuales para ir sobreviviendo), así como su lealtad mutua, serán las bases de sus aventuras televisivas.

La propuesta de Hanawalt, que parece haber sido víctima de un conflicto laboral entre empresas y guionistas, pero cuya cancelación puede ser también la enésima muestra del machismo en el mundo audiovisual, es original, tiene un ritmo endiablado y es muy divertida. En muchas ocasiones roza lo políticamente incorrecto, y desde luego transgrede límites de manera nunca vista antes (inefable un episodio en el que las ladillas que pilla Tuca adquieren vida propia y se convierten en personajes independientes).

Emparentada, como no podía ser de otra manera, con la más exitosa y mucho más lánguida BoJack Horseman, Tuca y Bertie recuerda también a Sexo en Nueva York por su carácter urbanita, sus desmadradas conversaciones sobre sexo desde la óptica femenina o el énfasis en la amistad entre las protagonistas. Tiene además el aliciente de ofrecer al público la posibilidad de jugar a identificar las voces tras los cameos, entre las que encontramos la de Laverne Cox, mujer trans afroamericana que se hizo popular en Orange Is the New Black.  La diversidad está aquí muy presente, como las comediantes que prestan sus gargantas a Tuca y Bertie personifican: la tucán parlotea con el desparpajo de Tiffany Haddish y la zorzal charla con la gracia de Ali Wong.

Habiéndome quedado solo a medias satisfecha con (Des)encanto, y habiéndome resultado imposible engancharme a la tristeza y el humor grueso de BoJack Horseman, he encontrado en Tuca y Bertie una serie breve, pero que merece la pena conocer. En un momento en el que el feminismo parece ser moneda de cambio en varias industrias, incluida la televisiva, hallo aquí verdaderos esfuerzos por dibujar una ficción entretenida pero no irrelevante, donde la perspectiva de género, si bien no es constante, sí al menos se contempla en muchas de las tramas. Me he sonrojado con las locuras hiperactivas de Tuca y he reído con la ansiosa Bertie y sus ambiciones pasteleras. Me han sorprendido algunas de las creaciones artísticas de Hanawalt (increíble esa vecina que no habla, pero que lo dice todo con su cuerpo-planta) y he lamentado oír noticias sobre el final de la serie –cosa, esta última, que no puedo decir muy a menudo.

 

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