5 razones feministas para ver ‘Sex and the City’

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La creación de Darren Star, Sex and the City (Sexo en Nueva York, HBO, 1998-2004), sigue siendo la obra más mítica de entre todas las protagonizadas por mujeres. Defendida y denostada a partes iguales, contiene elementos que permiten defender una lectura feminista, aun reconociendo que en ocasiones esta perspectiva puede quedar en entredicho. Estas serían 5 razones para (re)visitarla con interés feminista:

1. Protagonismo femenino: la serie elige a cuatro mujeres mayores de 30 años, con éxito profesional, independencia económica y autonomía sexual. El arco argumental es una celebración de la soltería, añadiendo críticas realistas y a veces amargas sobre la vida en pareja o la maternidad. Este protagonismo siempre es positivo, los personajes jamás son ridiculizados o juzgados mientras que siempre eligen y deciden por sí mismas. El punto de partida del primer capítulo es la idea de que el príncipe azul no existe y tampoco existen ya “desayunos con diamantes” (1×1, Sexo en Nueva York).

2. Ruptura de la perspectiva androcéntrica: la acción y el discurso se escriben en clave femenina porque ellas son el sujeto activo. Se trata de una female gaze que se verifica, por ejemplo, a través de la construcción del cuerpo de los varones, por primera vez objetos para ser mirados; también se observa a través de la discusión que las protagonistas tienen respecto al canon estético, los imperativos de juventud o las técnicas cosméticas y quirúrgicas para embellecerse. Es un mensaje contradictorio que aparece a lo largo de las seis temporadas, en directa oposición con la apariencia de unos personajes glamurosos y altamente sofisticados en lo estético.

3. Problemas existenciales relacionados con el género: se plantean cuestiones mucho más profundas de lo que la crítica patriarcal ha reconocido o entendido. Las temáticas están en directa relación con la subcultura femenina y la subjetividad de las mujeres, lo que las aleja también de la experiencia masculina convencional y marca un punto de inflexión en el discurso hegemónico de la cultura popular. No es menos importante el enfoque didáctico sobre cuestiones como las enfermedades de transmisión sexual, los anticonceptivos, la salud reproductiva o los embarazos no deseados. Constituye un nuevo acercamiento a la sexualidad femenina inédito hasta entonces en televisión.

4. Voz propia y transgresión: fue la primera ficción seriada que ofreció espacio a las mujeres para hablar de los problemas de las mujeres, rompiendo además con los tabúes y los eufemismos impuestos por la feminidad normativa. Sus estrategias principales son los diálogos ingeniosos y con alta connotación sexual, en los que la ironía, el humor, el carácter simbólico y el sarcasmo son los primordiales ingredientes. La característica más transgresora de la serie es esa voz que se atreve a nombrar y ser nombrada, tanto en lo cotidiano como en lo habitualmente oculto o reservado (prácticas sexuales, juguetes eróticos, masturbación femenina, lesbianismo, fantasías, etc.).

5. Amistad y sororidad: ellas son amigas, compañeras y cómplices. Construyen una relación sólida e imprescindible que viene a negar principios esenciales del patriarcado, como la supuesta, universal e inevitable rivalidad entre mujeres. El elemento que hace singular este producto es la relación que se establece entre las cuatro protagonistas, muy superior (más sólida, profunda, sin fisuras) a la que establecen con los varones. La amistad es un potente hilo conductor, las protege en las situaciones difíciles, pone la nota de humor para desmitificar las cuestiones complicadas, les ofrece espacios de reflexión y les impide ser víctimas de del patriarcado. Avanzadas las temporadas, cuando sus vidas han cambiado tanto que les cuesta encontrar tiempo para verse, Carrie dice: “Es importante que saquemos tiempo para estar juntas” (5×3, La fortuna es una vieja dama). Muchas críticas sobre la serie destrozan esta solidaridad, debido a la ausencia de perspectiva de género. De ahí que se considere superficial tanto el contenido de las conversaciones entre los personajes como el mismo hecho de reunirse para hablar y compartir confidencias.

Para saber más: MENÉNDEZ MENÉNDEZ, M. ISABEL. “¿Cayó el feminismo con las torres gemelas? Sexo en Nueva York antes y después del 11-S”. Marta Fernández Morales (ed.). La década del miedo. Dramaturgias audiovisuales post-11 de septiembre. Peter Lang AG, Spanish Perspectives on English and American Literature Colection, Berna, 2013 (ISBN 978-3-0343-1311-7), pp. 207-239.

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