5 razones para (re)valorar «Curro Jiménez»

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Hace apenas dos semanas que se celebraba el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas en España. Este acontecimiento llevó implícita la emisión de programas especiales de caracter político pero también de recuerdo de lo que los españoles empezábamos a ver en nuestras pequeñas pantallas (aquí me incluyo aunque seguramente la mayoría de los lectores de este post estaban todavía en el mundo de las ideas platónicas). De entre todas ellas destacará Curro Jiménez, la historia de un barquero andaluz quien se ve abocado al bandolerismo por una injusticia cometida por un poder político autárquico y producida por RTVE. Su emisión se inició en 1976 y finalizó en 1979. He aquí nuestras cinco razones para (re)valorarla.

1.Una ficción de la transición. Tal como comentábamos, en estos programas especiales emitidos de recuerdo de lo que veíamos por la tele se hizo una especial incidencia en  la ficción televisiva que tenía, en aquellos momentos, un fuerte componente ideológico-democrático y una especial relación con la sociedad y los cambios que se estaban produciendo en el país. Así, la historia del bandolero andaluz proscrito, presentada por el actor Sancho Gracia a Adolfo Suárez —quien conocía perfectamente la importancia de la televisión como transmisora ideológica—  gozó del apoyo institucional inmediato tanto por su temática inicial que, sin duda era fácilmente comercializable, como por los valores que transmitía: la lucha contra el tirano, los valores de la amistad y la colaboración entre personajes ideológicamente dispares, la reivindicación del pueblo frente a los estamentos oligárquicos y la reivindicación de la unidad de España como entidad frente a un invasor. Las transposiciones a la contemporaneidad no eran difíciles de realizar, como tampoco resultó difícil esta tarea educadora entre unas audiencias que solo disponían (disponíamos) de dos cadenas televisivas entre las que elegir programación. Este fuerte componente político no solo alcanzó a la serie en sí misma sino a la vida privada de su actor principal, Sancho Gracia, amigo personal de Adolfo Suárez —de hecho, Suárez fue su padrino de boda y también del hijo del actor, el ministérico Rodolfo Sancho— y de Felipe González.

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 2.Los clichés del género o «enseñar deleitando». Si la primera razón era ideológica, no cabe duda de que la eficacia de la serie se debió a la perfecta utilización de clichés de géneros bastante diversos. Por una parte, la creación de argumentos en los que una persona corriente se ve empujada a la marginalidad social por culpa de una injusticia aleatoria que le conduce a una toma de posición frente a la misma podía ser la historia de cualquiera de nosotros. Y, por otra parte, también podíamos compartir este posicionamiento que transformará a Jiménez en un bandolero generoso que robará a los ricos para dar los dineros a los pobres convirtiéndole  en un «vigilante» que subsanará los errores de la justicia y se enfrentará a la tiranía.  A este cliché muy del gusto de las audiencias de todos los tiempos, se unirá la mezcla de temas y tópicos de otros géneros como las historias sentimentales y especialmente los esquemas del western —pensemos que el spaghetti western y el fantaterror serán los grandes géneros masivos en la épocade tal manera que éstos van a agilizar considerablemente la línea temática esencial de Curro Jiménez, sorprendiendo al espectador semana a semana y transformándolo en un fanático de la misma, un fiel seguidor de las andanzas de los tres personajes prinicipales de la serie, otro de sus méritos.

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Pepe Sancho (El Estudiante), Sancho Gracia (Curro JIménez) y Alvaro de Luna (El Algarrobo)

3. Los personajes. Y si hablamos de clichés, debemos continuar con la construcción de los personajes de la banda de Curro, todos ellos marginales, todos ellos contrapuestos y con habilidades que desplegarán hábilmente para la solución de cada una de las situaciones con las que se enfrentan. A la apostura de Curro Jiménez y su honestidad compartida con su colega «El Gitano», se juntará la sabiduría libresca de «El Estudiante» —cerebro de la banda—  quien urdirá los planes más estrambóticos imaginables, y la bondad y la fuerza bruta de «El Algarrobo» con una fidelidad a toda prueba. Los nombres no pueden ser más indicativos de su configuración, como tampoco se puede negar que estos personajes supusieron durante mucho tiempo un lastre-etiqueta identificativa de los actores que los encarnaron. Así, a pesar de tener una amplia trayectoria profesional posterior, Sancho Gracia es y será siempre Curro Jiménez, como también Álvaro de Luna será el Algarrobo; no así Pepe Sancho quien sabrá desligarse de su etiqueta aunque no de la de su trabajo como el falto de escrúpulos don Pablo de Cuéntame cómo pasó. A los personajes principales deberemos unir, como gancho de la producción,  la gran cantidad de actores y actrices secundarios de renombre que se unieron al reparto: desde los clásicos de Cifesa (Alfredo Mayo o Eduardo Fajardo) a las actrices  significadas políticamente (Terele Pávez o Emma Cohen) pasando por las actrices del «destape» (Patty Shepard, Mirta Miller, Bárbara Rey o Fiorella Faltoyano).

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4. Los directores. A pesar de que consideremos como un fenómeno contemporáneo el trasvase de directores cinematográficos a la ficción televisiva, no cabe duda de que Curro Jiménez se adelanta a su tiempo. Las temporadas de la serie van a contar con la participación de nombres esenciales del cine español que conferirán una estética y una planificación no vista hasta el momento en la ficción televisiva nacional: Francisco Rovira Beleta, nominado dos veces al Oscar a la mejor película de habla no inglesa por Los Tarantos y El amor brujo; Joaquín Luis Romero Marchent, padre del western español de la época; Antonio Drove, director de algunos de los títulos del cine del destape de los ochenta; Pilar Miró, directora de cine y realizadora icónica de la  la ficción televisiva española; y, finalmente, Mario Camus, director, entre otras películas, de La colmena y Los Santos inocentes. Todo un lujo y una garantía de trabajo bien hecho para una serie novedosa desde este punto de vista.

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El Ministerio del Tiempo (episodio piloto). Rodolfo Sancho se registrará como Curro Jiménez para poder salvar a «El Empecinado»

5.El imaginario colectivo. Las cuatro razones enumeradas concluyen en una final que, desde nuestro punto de vista, puede considerarse como el indicador esencial de la importancia de una ficción televisiva o cinematográfica: su inmersión en el imaginario colectivo. Y no cabe duda de que Curro Jiménez forma parte del mismo. Algo que no sucedió con el remake, Curro Jiménez: el regreso de una leyenda, la serie realizada por Antena 3 en 1995. Quizá los tiempos habían cambiado, o la calidad de la propuesta era única y exclusivamente comercial.

Solo por saber el motivo del  reconocimiento colectivo de la producción de RTVE ya vale la pena revisitarla.

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