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Representación Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

5 razones para revisitar «The Practice»

En 1997, la cadena estadounidense ABC programaba la emisión de una nueva serie, The Practice (en España, El abogado). De temática eminentemente legal, la serie nos sumergía en los casos con los que debían enfrentarse los integrantes de este bufete de abogados (un cambio de término en la traducción al español muy significativa) que deberán desplegar todos sus recursos para poder salir airosos (o no) de las distintas situaciones a las que se enfrentan. En principio nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, queremos ofreceros nuestras cinco razones para revisitar una serie cuya trayectoria se extendió hasta 2004 consiguiendo una gran cantidad de nominaciones a los Emmys para sus protagonistas y alzándose con el premio a la mejor serie dramática en 1998.

1. Su productor, David E. Kelley. Pero ¿quién es este productor? y ¿qué ha hecho? son dos de las preguntas que sin duda os estáis haciendo en este momento. Algo lógico por distintos motivos, la edad de nuestros lectores es uno de ellos, el otro es que la época de reconocimiento de los showrunners como creadores y nombres para recordar todavía no había comenzado. Si en la actualidad nombres como los de J.J.Abrams o Ryan Murphy son más que archiconocidos, no sucede lo mismo con los artífices del paso de la segunda edad de oro de la televisión a la edad de oro actual. Kelley es uno de ellos porque, ¿quién no ha oído hablar de L.A. Law? ¿Y de Ally McBeal? ¿o de Boston Legal? (dejémoslo en las dos últimas), todas ellas de temática legal y con protagonistas y casos muy distintos pero que definen la fijación de Kelley por un género que sumergirá absolutamente en la contemporaneidad al escenificar las distintas formas de entender y de enfrentarse al hecho criminal y plantear cómo la legalidad no necesariamente es sinónimo de la justicia. Un aspecto que se reiterará  ficciones criminales coetáneas a la emisión de The Practice como podemos ver en una de las franquicias de culto de los amantes del género, Law & Order.

Bobby Donnell (Dylan McDermott) y la fiscal Helen Gamble (Lara Flynn Boyle)

2.Un equipo diferente. El argumento de la serie se centra en los casos que caen en las manos de un equipo de abogados encabezados por Bobby Donnell (Dylan McDermott), un joven jurista que desde pequeño acompañaba a su padre, un empleado de la limpieza de una importante firma, y que, por tanto creció en este ambiente. Su deseo de convertirse en abogado y poder defender casos de personas maltratadas por el sistema y con escasos recursos económicos hace que abra su propia firma legal  -que se irá ampliando a medida que se incorporen nuevos miembros al mismo a lo largo de las temporadas-  con jóvenes idealistas como él y altamente especializados, algo que supone no solo la diversificación del trabajo sino especialmente una diversificación en el protagonismo de los episodios atendiendo a cada uno de los casos. Y también pertenecientes a capas sociales no privilegiadas, algo que los separará estrepitosamente de sus compañeros de profesión y de creador, los miembros del estrambótico y sofisticado bufete «Fish & Cage» y con los que también compartirán años de emisión -y algún que otro crossover–  en las pantallas. Así, la serie se convertirá en una serie coral y altamente equilibrada en la que Donnell no ocupará el centro conceptual sino que se verá acompañado/sustituido por Rebecca Washington (Lisa Gay Hamilton), Eugene Young (Steve Harris), Ellenor Frutt (Camryn Manheim), Lindsay Dole (Kelli Williams) y Jimmy Berlutti (Michael Badalucco).

Uno de los crossover entre «The Practice» y «Ally McBeal»

3.Personajes con una fuerte carga moral y social. Si algo caracteriza a los personajes de The Practice es su alto concepto de la moralidad que en la mayoría de las ocasiones va ligado a fuertes creencias religiosas que condicionarán su manera de actuar ante los casos que deben defender en los tribunales. Tanto Donnell como Berlutti (como también sucederá con el detective Elliot Stabler de Law & Order: SVU) han tenido una educación católica que no condicionará sus líneas de defensa pero sí provocará serios dilemas personales al ver cómo las enseñanzas religiosas recibidas no coinciden o tienen poca relación con la realidad y la vida cotidiana del bufete y la suya propia. A la constante decepción de Donnell ante el abismo que separa lo legal de lo justo y  la lucha de Berlutti contra su adicción al juego (como también sucede a Andy Sipovich de NYPD Blue con el alcoholismo) se unirán dos personajes extraordinariamente bien diseñados: el de Eugene Young quien vio el ajusticiamiento de su hermano mayor obligado a confesar un crimen que no cometió y el de Ellenor Futt, judía practicante y madre soltera por inseminación artificial a quien otros abogados ridiculizan por este hecho y por su obesidad, una corporeidad que contrasta con la imagen ideal de mujer espectacular a la que nos tenían acostumbradas las series de televisión como discurso hegemónico.

Ellenor Frutt es, sin duda, uno de los personajes más interesantes de la serie

4.Una evolución sórdida. Por todo ello, no es de extrañar que la placidez y relativo optimismo o entusiasmo de las primeras temporadas se derive hacia una sordidez argumental en la que las audiencias ven cómo las víctimas pertenecientes a las capas más desprotegidas no siempre salen victoriosas de las salas de justicia (algo que emparentará a la serie con las ficciones criminales y legales contemporáneas) y también verán cómo nuestros abogados idealistas deberán aceptar casos absolutamente indefendibles desde el punto de vista moral (narcotráfico, trata de blancas, asesinos) que el bufete debe asumir como mecanismo de supervivencia. Una sordidez argumental que correrá en paralelo con una construcción cada vez más oscura de las relaciones interpersonales de los personajes y de sus arcos individuales así como de la desmembración del bufete en otros nuevos equipos de abogados. Algo que despistó absolutamente a las audiencias y que, sin duda, contribuyó a la caída de espectadores de la serie que, antes de ser definitivamente cancelada, sufrió un severo recorte de presupuesto, despidió a seis de sus personajes principales pero que fichó a un abogado falto de escrúpulos, Alan Shore (James Spader) que, tras ser despedido, contrató a una nueva firma, la Crane, Poole & Schmidt, o si se prefiere, a los protagonistas de Boston Legal.

5.Boston Legal. Las simpatías del público hacia el personaje de Alan Shore (incluido un Emmy para James Spader) y sus defensores se transformó en un spin-off que también lleva la marca de Kelley, Boston Legal (ABC, 2004-2008) emitida el mismo año en que finalizaba The Practice ofreciendo una nueva versión de la abogacía, la más cínica e interesada, dirigida por un ultraconservador mujeriego y con principio de Alzeihmer calificado como el «House de la abogacía». Sea como fuere e independientemente de que la serie nos guste o desagrade estrepitosamente, no podemos negar el mérito de su creador al presentarnos tres versiones diferentes y simultáneas en su emisión de un mismo tema, en el más puro estilo -salvando las distancias-  de Lars Von Trier y sus cinco condiciones. Un ejercicio digno de reconocimiento.

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