5 razones para ver «Cowboy Bebop»

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Una vez más colabora con nosotros Víctor Navarro Remesal, Doctor en Game Studies y profesor de videojuegos, cine de animación y narrativa interactiva en el Centro Superior de Enseñanza Alberta Giménez adscrito a la Universidad Pontificia de Comillas. Hoy nos da sus 5 razones para ver Cowboy Bebop:

1. La hibridación de géneros. Cowboy Bebop es ciencia ficción espacial. También es noir y policiaco, aunque bien se podría considerar un western. Eso sin olvidar su herencia del cine de artes marciales hongkonés. ¿Y qué hay de lo que recoge de las space operas trágicas de Leiji Matsumoto, o de la comedia de aventuras y ladrones de Lupin III? Cowboy Bebop, en sus 26 episodios (más una película), reúne todo eso sin limitarse a armar un pastiche postmoderno: mientras que space westerns como Firefly son mucho más literales en sus mezclas, en Bebop las fuentes siempre están al servicio de una visión nueva, única. Bebop es, ante todo, Bebop. La declaración de intenciones que aparece en su opening, en la que los creadores remiten al rompedor jazz que se hacía en Harlem en 1941, deja clara sus ambiciones: “They must create new dreams and films by breaking traditional styles. The work, which becomes a new genre itself (sic), will be called… COWBOY BEBOP”. Pues eso, una mezcla libre, espontánea, salvaje: un género en sí mismo.

2. Arquetipos humanos. Del mismo modo que mezcla los estilos de sus referentes para crear algo único y compacto, Cowboy Bebop entiende sus tropos y arquetipos como estándares a los que dar nueva vida: el cowboy taciturno, la mujer fatal, la bella durmiente o el ex-detective estoico son aquí personajes con volumen, con contradicciones y peso, nunca los clichés en los que los había convertido el abuso. En lugar de atajos, cimientos sobre los que construir; en lugar de fórmulas, clásicos sobre los que variar. Así, tanto sus cuatro protagonistas (cinco si contamos al perro Ein) como los muchos secundarios que se cruzan, aunque sea por un capítulo, aparecen siempre como seres humanos complejos, imperfectos, vivos.

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3. La economía narrativa. Cada capítulo de Cowboy Bebop dura 25 minutos y prueba que no hacen falta más para contar una buena historia: son relatos pulp ejemplares, riffs maestros de ideas probadas con giros nuevos, películas-miniatura. Shinichirô Watanabe (director: Samurai Champloo, Sakamichi no Apollon, Space Dandy, The Animatrix, Blade Runner: Blackout 2022) y Keiko Nobumoto (guionista: Wolf’s Rain, Space Dandy, Tokyo Godfathers) equilibran el minimalismo firme con explosiones de exceso en el momento justo: diálogos mínimos, composiciones precisas y montaje lacónico se combinan con escenas de acción frenéticas, persecuciones y destellos de sakuga (animación detallada y de gran calidad, a modo de setpiece) que nunca se alargan más de lo necesario. Tan económico es su estilo que en esos veinte minutos caben numerosos momentos de intimidad, costumbrismo y reposo. O sea, de humanidad.

4. Las historias personales: epílogos de un pasado sugerido. Cowboy Bebop alterna episodios autoconclusivos (misiones en las que los cazarrecompensas protagonistas persiguen a una presa) con otros en los que se despliegan los arcos de cada personaje. Estas “historias principales”, sin embargo, no están completas, sino que la serie empieza habiendo dejado el grueso de los acontecimientos atrás y estos apenas se recuperan en flashbacks fugaces, siempre incompletos. Los protagonistas de Bebop han abandonado sus vidas anteriores y se ven obligados a volver a ellas en busca de algo parecido a la clausura o la paz. Ahí está el músculo emocional de la serie: en esos pasados de los que nadie puede huir y que definen la aproximación existencialista de la obra, su voz contundentemente trágica. Recuperando las ideas anteriores, Cowboy Bebop no se limita a volver a contar historias pulp arquetípicas, sino que explora sus epílogos, sus consecuencias, el peso de la existencia y la libertad que queda después de estas.

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5. La música. Cowboy Bebop tiene tres firmas que la explican: los mencionados Watanabe y Nobumoto y Yoko Kanno, legendaria compositora japonesa (Macross Plus, Ghost In The Shell: Stand Alone Complex) que tiene aquí su mejor trabajo. Acompañada de la banda Seatbelts, Kanno combina el jazz con percusiones tribales, rock, bossa nova, blues e incluso gospel, creando, una vez más, un estilo en sí mismo, único y reconocible al momento. Bebop suena a Bebop y podría decirse que su música, más allá de acompañar o ilustrar, es la propia serie, su tono, su voz, su espíritu. Temas cantados como ‘The Real Folk Blues’, ‘Gotta Knock A Little Harder’, ‘Blue’, ‘Rain’ o ‘Call Me Call Me’ son piezas vitales en la serie, y el instrumental ‘Tank!’ está a la altura de las mejores composiciones del jazz japonés, tan icónico como el tema principal de Lupin III que compuso Yuji Ohno. Ayuda, claro está, que sea la pieza de algo que habíamos obviado hasta ahora: el que bien pudiera ser el opening más memorable del anime moderno y (vamos a mojarnos) de la televisión de las últimas décadas. Ese minuto y medio convence mucho más que estas cinco razones, o que cualesquiera otras.

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