5 razones para ver «Feud»

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El pasado 5 de marzo FX estrenaba la última producción del más que prolífico showrunner Ryan Murphy. Su título, Feud; su contenido no era otro —aparentemente— que el relato de la rivalidad de dos de las grandes divas del cine de Hollywood, Joan Crawford y Bette Davis o a la inversa. La producción había despertado una enorme expectación no solo por la temática en sí misma sino también por el elenco que se había anunciado ya desde el momento de hacerse público el proyecto. Una expectación que fue creciendo alentada por el maestro de las redes sociales, Murphy, quien nos ofreció el primer teaser de la serie en enero y los magníficos títulos de crédito en el más puro estilo de Saul Bass también el mismo mes. He aquí las cinco razones para verla, volverla a ver y apreciarla aún más si cabe. Y también para ver la película What ever happened to Baby Jane?.

1.El giro realizado por Murphy. No cabe duda de que una de las series más comentadas en los últimos años ha sido American Horror Story a la que hemos dedicado desde este blog comentarios, 5 razones y seguimientos específicos. A lo largo de las cinco primeras temporadas de la serie hemos ido asistiendo a distintos desarrollos relacionados con temáticas específicas del género del horror que presentó desde su inicio un formato novedoso en la que participaban actores y actrices recurrentes y con estéticas hiperbólicas, además de referencias constantes a la cultura popular. Esta dinámica se vió casi radicalmente transmutada en la última entrega de la misma, Roanoke, en la que el equipo Murphy-Falchuck-Minear-Brennan nos plantearon un juego de inmersiones narrativas con formatos relacionados con el falso documental, la docufiction,  el reality show, la actividad en redes sociales, el fandom y, de manera especial, la incidencia de los medios de comunicación. Un esquema ya esbozado en los últimos episodios de AHS, Asylum con la inefable Lana Winters y desarrollado como punto central en el primer juicio  mediático de la historia estadounidense en American Crime Story. Pues bien, Feud va a reconstruir en parte el rodaje de la película What ever happened to Baby Jane? dirigida en 1962 por Robert Aldrich, que se irá combinando con las relaciones de ambas protagonistas en el set, sus vidas privadas y los testimonios posteriores sobre las mismas de actrices  como Olivia de Havilland, Joan Blondell o Geraldine Page.

Bette Davis and Joan Crawford in between scenes from the film 'What Ever Happened To Baby Jane?', 1962. (Photo by Warner Brothers/Getty Images)

Bette Davis y Joan Crawford en el set de rodaje de la película de Robert Aldrich

2. «Fude is about pain». Ya desde el primer momento de la serie, Olivia de Havilland (Catherine Zeta-Jones) realiza la declaración de prinicipios de la misma y de las entregas posteriores. Así, los espectadores que creían asistir al duelo a muerte (bueno, a casi muerte) de todos los personajes actuales y futuros de la serie, van a comprobar que, en realidad, la propuesta de Murphy va a presentarnos a seres solitarios y extraordinariamente complejos. Si bien es cierto que del amor o la admiración al odio solo hay un paso, Murphy nos propone el eslabón central de ese paso: el dolor y, con toda seguridad, lo hará desde todos los puntos de vista posibles. En esta primera entrega será la necesidad de respeto por su trabajo en el cine que Crawford reclama a una Bette Davis a la que admira profundamente y a la que propone como protagonista para una película que ella misma se encarga de suministrar a Robert Aldrich. Una película que ambas necesitan para reconducir sus carreras que han caído en el olvido en un mundo en el que solo parece importar la juventud y los beneficios económicos. Un dolor que tendrá un desarrollo magistral en el tratamiento de los personajes que pululan en este nuevo mundo murphyano.

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Jessica Lange (Joan Crawford) y Susan Sarandon (Bette Davis) en la serie

3. Los personajes y el reparto.  Sin duda alguna los personajes centrales de la serie van a ser los encarnados por Jessica Lange (Crawford) y Susan Sarandon (Davis). Ambas darán vida a dos grandes divas del celuloide que en el año 1962 habían visto como su carrera profesional había ido en declive, dos actrices maduras que deberán luchar contra el gran pecado que una actriz puede cometer: volverse mayor. Así, frente al mito de dos caracteres fuertes —que también, la serie va a diseñar dos temperamentos y cosmovisiones totalmente contrapuestas que se unirán en un proyecto común. Por una parte, Crawford es configurada como la actriz hollywoodiense por excelencia que vive anclada a su pasado y  a su gloria como actriz —algo que nos recordará terriblemente a la Norma Desmond de Sunset Boulevard, absolutamente conservadora, necesitada de admiración y de cariño por parte de sus hijos, empresaria frustrada de Pepsi-Cola heredada de uno de sus maridos y ciertamente obsesionada por el regreso a las pantallas como único modo de sentirse viva y, sobre todo, admirada. Por otra parte, Bette Davis será presentada como una superviviente que, tras su salida de los esquemas de los castings por su madurez, no duda en aceptar más que pequeños papeles en Broadway, en anunciarse en la sección laboral de los diarios y en hacer las campañas promocionales más estrambóticas para una diva que entenderá imprescindibles para seguir trabajando.  Y no duda en irse a la televisión como plataforma de futuro para los actores. Dos caracteres más que opuestos que se enfrentarán en el set de rodaje pero que tendrán sus momentos más íntimos más que alejados del glamour que se les presupone.

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Creación (Alfred Molina) vs producción (Stanley Tucci)

4.Un documento sobre la historia del cine. No sería justo hablar de Feud sin referirnos a otro de los personajes esenciales de esta historia, el del director Robert Aldrich (Alfred Molina), un ser igual de solitario y encerrado en los esquemas de la producción hollywoodiense como las propias actrices y que servirá para ofrecer la imagen más descarnada de la industria del cine y de las dificultades con las que se enfrentan los creadores a la hora de encontrar financiación para sus filmes o, simplemente, que un productor crea en ellos. Porque el pobre de Aldrich no solo será la persona que deberá lidiar con las dos actrices sino que nos mostrará la cara más descarnada del mundo del cine: la lucha contra los productores (encarnados en Jack Warner-Stanley Tucci), la creación de amistades y enemistades a través de una prensa absolutamente carroñera que puede crear o destruir carreras, el pliegue creativo ante las exigencias del mercado y los beneficios, y la renuncia a los propios principios por propia supervivencia. En este sentido, es aboslutamente magistral la relación que la serie establece entre Aldrich y su ayudante Pauline Jameson (Alison Wright) una joven  con un talento indiscutible que quiere dirigir su primera película, un hecho absolutamente impensable en un mundo controlado por hombres.

5. Contemporaneidad. Y es que todos los aspectos que hemos mencionado son de una extrema contemporaneidad. Nada se ha movido en la industria del cine. ¿No se sigue hablando de beneficios de taquilla por encima de la creatividad?, ¿No se pasan muchos actores a la televisión?, ¿No siguen reclamando las actrices maduras estadounidenses que no se las retire solo por haberse hecho mayores?, ¿No sigue estando la industria en manos de los hombres?, ¿No se sigue reclamando un salario equitativo entre hombres y mujeres?, ¿No leemos solamente el nombre de una directora como ganadora del Oscar? y así sucesivamente. Feud no estará, pues, exenta, de una fuerte crítica a la industria y, de manera especial, a la reivindicación de la mujer en ella. Por eso no podemos dejar de mencionar el enorme personaje de la inescrutable  Mamacita (Jackie Hoffman), mano derecha de Joan Crawford y voz reivindicativa de la mujer quien reclamará su incorporación  en la dirección y la necesidad de papeles femeninos para un colectivo que supera numéricamente al masculino, un dato del que parece no haberse enterado la industria. Pero sí que lo ha hecho Murphy quien, a su consabida escritura de papeles fememinos ha asignado el 50% de la dirección de Feud a mujeres. Todo un ejemplo.

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Mamacita (Jackie Hoffman), mano derecha de Joan Crawford

Por todo ello, es una serie de obligado visionado. Y una serie que nos proporcionará más de una sorpresa, la segunda ya está servida porque la siguiente entrega de Feud estará protagonizada por Diana de Gales y Carlos de Inglaterra, aunque todavía no sepamos quiénes serán los actores que les darán vida. Conociendo a Murphy y su capacidad de creación de hypes, no creo que tardemos mucho en tener noticias de ella.

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