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5 razones para volver a Stars Hollow

Aunque la serie terminó en 2007 y no parece que haya retorno a su universo colorido y abundante, Las chicas Gilmore (Gilmore Girls) sigue siendo un producto que merece la pena conocer o revisitar. Entre otras muchas razones, por estas cinco por lo menos:

1. El humor inteligente: Durante las siete temporadas de esta ficción de WB-CW hay un despliegue de dobles sentidos, chistes bien traídos, finas ironías e ingenio desbordado que parece no tener fin. Especialmente en los rapidísimos diálogos entre Lorelai y Rory, la madre y la hija de apellido Gilmore (interpretadas por Lauren Graham y Alexis Bledel, respectivamente), se dan a menudo batallas dialécticas hilarantes y llenas de recompensas para el público atento.

2. Los “gilmorismos”: Relacionada con el punto anterior está la presencia constante de referencias culturales que enriquecen los diálogos y contribuyen al conflicto y al humor.  La intertextualidad y el dialogismo son tan frecuentes e importantes para la estructura de la serie que la crítica terminó por acuñar el término “gilmorismo” para el particular uso que los guiones hacen de ellas. Un espectador o espectadora con buenos conocimientos de cultura estadounidense tiene “premio” en cada entrega, pudiendo convertirse el visionado en un concurso para ver quién reconoce más referencias (lo que, por propia experiencia puedo dar fe de que tiene cabida y utilidad también en el aula).

3. El feminismo: Lorelai Gilmore fue uno de los primeros personajes de la ficción televisiva etiquetado como feminista en el episodio piloto de su serie. Modelo positivo por su independencia, por su capacidad para salir adelante creando redes personales y profesionales sólidas, por su empatía, por su lealtad y por su éxito en la conciliación de la vida familiar y laboral, Lorelai (con sus altibajos y algún que otro “valle negro” en los guiones que la hacen caer en fantasías románticas que poco encajan con su construcción narrativa) consiguió lo que parecía imposible en los Estados Unidos: protagonizar una serie de éxito siendo madre soltera (embarazada de adolescente, se negó a casarse con el padre de su hija) en una de las cadenas familiares más tradicionales del país.

4. El bildungsroman: Además de retratar el camino de Lorelai hacia su propia versión del sueño americano, Las chicas Gilmore nos permite acompañar a su hija Rory en su proceso formativo, desde el día en que es aceptada en un instituto de élite (Chilton) hasta su graduación en una de las universidades de la Yvy League. Desde el primer episodio se aprecia cómo la educación (y aspectos concretos de ella como la lectura de clásicos que incluyen Moby Dick Madame Bovary) es para Rory una prioridad absoluta. Lejos del modelo de adolescente obsesionada con su aspecto y con ser popular en el instituto, Rory aparece como uno de los primeros ejemplos del geek chic que han llevado a su máxima expresión los protagonistas de The Big Bang Theory. Mucho antes de que Sheldon Cooper hiciera su aparición, Rory ya sabía eso de que “smart is the new sexy”.

5. El optimismo: Aun a costa de caer en la tentación de “buenrrollismo” que tanto critican algunos en las redes sociales, me atrevo a decir que Las chicas Gilmore puede ser una parada para descansar un poco de tanta oscuridad seriéfila reciente. En un momento en el que nos rodean fabulosas ficciones oscuras como The Bridge, True DetectiveWayward Pines, la luz, el ambiente optimista y esa especie de ingenuidad de pueblo pequeño que se aprecia en Stars Hollow nos dan un respiro entre cadáver y cadáver, drama y drama. Imposible de comparar con ninguno de los títulos mencionados por muchas razones, la propuesta de Amy Sherman-Palladino puede sin embargo ofrecernos ese ratito de desconexión que a veces nos hace falta, sin dejar por ello de hablar de temas importantes como los modelos de familia, la sexualidad, la micropolítica, la educación o el mercado laboral.

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