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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«Behind the curve»: terraplanistas en el mundo de las ‘fake news’

En la laureada novela gráfica Sabrina, de Nick Drnaso, que le granjeó a su autor una nominación a los premios Man Booker, la desaparición de una joven es el telón de fondo de un drama que habla sobre las ausencias y cómo gestiona estas últimas el ser humano. Pero la novela gráfica también habla de un tema candente: la infoxicación, o el hecho de que la miriada de medios de comunicación de masas de los que disponemos actualmente se convierten en una maraña de ruido/información en la que cada vez es más difícil discernir qué es real, qué es cierto, o qué información es relevante porque hay un interés encubierto en ello.

No es un tema baladí sobre el que reflexionar. George Romero, otro de los grandes cineastas pensadores, utilizó una de las películas de su saga de zombies para una digresión sobre este tema. Diary of the Dead era, además de la típica cinta de muertos vivientes, una digresión sobre la relevancia de los medios de comunicación y su inherente manipulación.

En este contexto contemporáneo, en el que el lector-espectador-consumidor ha de abandonar su tradicional papel pasivo y convertirse en un miembro activo de ese proceso de comunicación constante y recíproco al que nos someten las redes sociales, aparece el concepto de fake new y postverdad. Atrapados en una segunda revolución de Gutemberg, cualquier usuario de las redes puede convertirse en el elemento central del proceso comunicativo y no resignarse a su papel de mero receptor. Las posibilidades infinitas que ofrecen las nuevas tecnologías y las redes sociales (youtube, instagram, etc.) han desplazado el foco emisor de los grandes centros mediáticos a la diáspora informativa actual, donde alguien con suerte, tesón o las dos cosas puede terminar siendo generador de debate o, por lo menos, divulgador de ideas. Sean las que sean.

Un fenómeno como el terraplanismo (corriente ideológica que promueve la idea de que la Tierra es plana en vez de un esferoide oblato) no hubiera tenido la difusión de la que goza actualmente si no hubiera sido por las redes. Como pasa con cualquier otro contenido, la difusión que internet proporciona hace que los nichos de opinión o ventas se hayan expandido brutalmente hasta alcanzar cotas que hace veinte años no habríamos podido ni soñar. Esto tiene una cara buena y otra mala. La buena es que el conocimiento se divulga más rápido: jamás habíamos tenido a nuestro abasto la cantidad de información que tenemos ahora. La mala es exactamente lo mismo: ese poder de difusión también lo tienen la ideas nocivas, equivocadas, relativistas o revisionistas. Esos nichos de internet son el caldo de cultivo de un nuevo analfabetismo, del culto a la conspiración y a las teorías secretas. El terraplanismo es sólo una de ellas pero actúa como punta del iceberg de este maremagnum.

Behind the curve (Daniel J. Clark, 2018), traducido al español como La Tierra es plana, es un documental que busca indagar en el movimiento terraplanista, afincado principalmente en Estados Unidos. La cinta sigue los pasos de varios de sus más importantes representantes, nos explica cómo fueron gradualmente interesándose por esa teoría alternativa y aceptando sus preceptos, cómo se organizan y cómo se reúnen para compartir información y realizar lo que desde fuera parece terapia de grupo. El director intenta ser lo más aséptico posible: el documental podría haber virado rápidamente hacia el retrato paródico, pero Clark prefiere dar voz a los propios protagonistas para que sean ellos mismos los que se retraten. Junto a esto, también tenemos como contraste la opinión de expertos en astronomía, geografía y ramas afines de la ciencia. La idea es que el espectador pueda, en la medida de lo posible, hacerse su propia idea sobre lo expuesto y no que la cinta le imponga una determinada visión. Pero con todo hay que decir que a veces parece que no es así, porque algunos de los entrevistados son tan excéntricos que nos recuerdan que el lema de que la realidad siempre supera a la ficción es tristemente cierto. Cuando algunos de los terraplanistas nos cuenta que no sólo comulga con esas ideas, sino también con la de que los dinosaurios fueron enterrados para poner a prueba la fe del hombre, las chemtrails fumigan los centros urbanos, las vacunas son un elemento de control de la población, hay una conspiración judeo-masónica-satanista-illuminati para gobernar el planeta, el hombre nunca llegó a la Luna, los reptilianos están infiltrados entre nosotros, etc., el panorama que se dibuja es verdaderamente esperpéntico.

El documental no es tanto, al final, un film sobre las creencias propiamente dichas, sino un intento de entender la psicología de esas mismas creencias, de cómo esas personas han llegado a ese punto. Diversos expertos en sociología y psicología explican los procesos mentales de pertenencia a un grupo, de gregarismo, y por lo tanto, de defensa de una verdad que les diferencia y a la vez los une. Como en casos parecidos, no servirán los insultos o las ridiculizaciones si queremos tratar con estas personas. El enfrentamiento y el desprecio sólo crear una reafirmación en las ideas propias.

El film termina con un experimento pensado por los propios terraplanistas para probar de una vez por todas que nos encontramos sobre un plano. En los planos finales somos testigos de los resultados que arroja el experimento, que evidentemente no son los esperados. El investigador los comprueba y dice «Interesante…», dándonos una clave de análisis final. O bien las evidencias físicas, experimentales, reales, científicas, pueden hacer cambiar de opinión… o bien estamos hablando de otra cosa: de dogmas de fe, de adecuar la realidad a nuestras expectativas, de ser fieles a unas creencias aunque éstas se demuestren equivocadas.

 

Hace unos meses, una periodista de RTVE, Raquel Martínez, publicaba un tuit en el que se alineaba con las teorías conspiratorias de los chemtrails. Que lo dijera un personaje público, que además trabaja en el ente nacional, provocó un auténtico flame en la red social (a pesar de que la periodista lo compartiera en su perfil personal) y demuestra hasta qué punto estamos contaminados por la infoxicación si una persona que se supone que es profesional de la comunicación puede dar pávulo a ciertas ideas. Hay mucho trabajo que hacer, y el principal pasa por crear lectores-espectadores críticos con la realidad, que se adapten a estos nuevos tiempos de infoxicación y fake news, y que sepan encontrar la aguja en el pajar de los mass media para no ser constantemente engañados.

 

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