“Bullying”: Reseña del episodio 17 de El joven Sheldon, “Jiu Jitsu, plástico de burbujas y Yoo-Hoo”

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Este episodio resulta original con respecto a los anteriores en el sentido de que posee un corte menos realista que destaca su histrionismo. Y esto se consigue no sólo porque comienza con lo que parece un documental sobre predadores y presas en el reino animal que se extrapola hasta el ámbito humano con imágenes realmente cómicas como la de un gallo al que casi vemos lo que, precisamente, se conoce popularmente como “el gallillo”; sino también porque el joven Sheldon actúa de una forma nada natural en su representación humana de “la presa”. De este modo, podemos verle asustadísimo (así lo expresan sus ojos, que parecen quererse escapar de las órbitas oculares para seguir luego hacia el exterior del habitáculo) en el autobús del colegio, cuyo caos interior roza también lo inverosímil, con libros y otros objetos volando, alumnos peleando, corriendo, achuchándose, etc. etc. mienras el vehículo se encuentra en plena marcha. Su miedo no desaparece al salir de ese mini-infierno móvil, sino que se mantiene, como demuestra su permanente intento de no ser visto, para lo que se oculta de manera cómica encima y detrás de un árbol (con posiciones simétricas que mueven a la risa), tras los coches, e incluso tras el carrito del cartero, hasta adentrarse por fin en su casa, tras recorrer a toda velocidad los escasos 97.5 metros que distaban entre ésta y la parada.

Tratando de buscar una solución relacionada con la defensa propia, tampoco en esta ocasión se olvida de sus siempre útiles libros nuestro protagonista, al hacerse con uno sobre el arte marcial clásico y milenario japonés denominado Jiu Jitsu. El hecho de que éste se base, entre otras cosas, en luxaciones y contorsiones al adversario, da lugar a escenas cargadas de humor derivado de las posturas que hacen Sheldon y su amigo Tam al tratar de poner en práctica lo que iban aprendiendo en teoría , y que no parecen dar ningún resultado al interesado aprendiz.

El terrible miedo que Sheldon siente se manifiesta también en otras acciones tales como el hecho de forrarse el cuerpo con plástico de burbujas para amortiguar los posibles golpes que le pudiera propinar su acosador(/a). Pero no llega a poder utilizar esta iniciativa fuera de casa debido a que es descubierto por su madre antes de ir al colegio, no sólo por lo encorsetado que se le ve al moverse, sino porque, al dejar de hacerlo al sentarse, la explosión de las burbujas (que acompañan casi inveitablemente a la de las risas) lo delatan sin piedad.

Todo ello se llega casi a entender cuando se descubre el motivo de sus temores, que no era otro que el ser víctima de bullying. Y digo “casi” porque resulta difícil hacerlo al completo cuando descubrimos que el “predador” en este caso no es otro que una (aparentemente) angelical niñita de seis años, Bobby Spark, su vecinita. Esta problemática desencadena una serie de visitas y encuentros y desencuentros entre los padres de la “presa” y el “predador” no exentos también de humor. Estos hechos hacen evidente que no es sólo paradójico que un niño de 9 años se sienta amenazado por una niña varios años más pequeña que él, sino que, paralelamente, también personajes tan fuertes y corpulentos como son sus padres, se sienten realmente controlados e incluso atemorizados por sus respectivas esposas. Esto es así hasta el punto de que, finalmente, ambos parecen tomar su propia iniciativa para solucionar el problema que atañe a sus hijos, pero tienen que hacerlo a escondidas, en el gallinero de los Spark, donde, compartiendo unas cervezas, los dos hombres se sinceran y consiguen llevar el tema a buen puerto. Pero ni esta iniciativa, ni el pago que Sheldon hace a su hermana de 4 dólares (sus ahorros de toda la vida) y de concederle el control exclusivo del mando a distancia durante dos meses a cambio de que le de su merecido a la pequeña Bobby (cosa que no llega a hacer, sino que, en su lugar, pasa la tarde jugando con ella y su hermano) consiguen evitar que Sheldon acabe el episodio como lo empezó: huyendo de su “predadorita” (si es que este paradójico término pudiera existir).

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Como podemos deducir de lo expuesto, el episodio podría decirse que gira en torno a la idea de que, en esta vida, no siempre son las cosas ni las personas lo que parecen ser, ya que, por ejemplo, seres aparentemente angelicales pueden hacerle la vida imposible a otros que parecen ser capaces de comerse el mundo, bien por su inteligencia, por su imponente apariencia física, o por cualquier otra cualidad.

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