Ciclo cine “Life-and-death children” (II): «The Others» (Alejandro Amenábar, 2001)

Los otros
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Amenábar juega con las percepciones de la audiencia, entre aquello que es visible o invisible, entre lo que se proyecta a través de una atmósfera donde las luces y sombras y las transiciones entre la vigilia y el sueño son esenciales como metáfora para distinguir los franqueables límites entre la vida y la muerte, los vivos de los fantasmas en el que se adopta la perspectiva de una madre, Grace, cuyas actuaciones con respecto a sus hijos Anne y Nicholas son cuestionables y responden, en cierto modo, a rasgos de sobreprotección que rozan lo enfermizo. Si bien los hijos reciben una educación monoparental (o, más bien, si se nos permite, un adoctrinamiento ineficaz), ésta es estricta y basada principalmente en las enseñanzas que se derivan de la Biblia y que parecen posicionar a Grace, también, como una autoridad moral entre las actuaciones y actitudes que están bien o mal y por las cuales se sancionan aquellas que estén fuera de la norma.

Así pues podríamos plantear que la película se desarrolla en el seno de una familia católica cuya ideología se sustenta en las nociones del bien y del mal, el paraíso y el infierno en las que Dios ampara a sus siervos en la tierra aunque también castiga a los niños creyentes que mienten en tanto que se entiende como una acción moral reprochable, haciéndolos residir temporalmente en el limbo, uno de los cuatro infiernos y haciéndolos vagar condenados de forma permanente.

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Además, la madre es responsable de proteger a sus hijos de su fotofobia, enfermedad que condiciona por completo su vida en la que deben mantenerse alejados de la luz del día. Aunque ésta se da como sobreprotección que provoca el sufrimiento así como otros efectos negativos en el desarrollo de los niños que incluso podrían vincularse, tal y como han planteado algunos estudios, con rasgos del llamado (aunque también cuestionado) síndrome de Münchhausen por poder en el que la madre puede ser la que causa deliberadamente daño, lesión o induce a la enfermedad a sus propios hijos los cuales adoptarían el rol de víctima, en ese caso.

Ahora bien, si nos centramos más concretamente en nuestros life-and-death children podremos interpretar que la creación de la atmósfera de misterio y de terror del film de Amenábar se supedita, entre otros entre otros elementos, a un imaginario infantil: el cuerpo infantil (Anne) así como los juguetes se tornan espacios donde la muerte –  en conexión con la vida-  puede encarnarse y provocar la sensación de extrañamiento (unheimlich según la terminología freudiana). Nos estamos refiriendo específicamente como un ejemplo ilustrativo a la escena en la que vemos a Anne de espaldas vestida de blanco jugando con un títere y cuyo rostro y manos no le pertenecen en realidad.

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Com en El Sexto Sentido (la primera analizada de nuestro ciclo) la película Los Otros también juega con las expectativas de la audiencia, jugando con los seres que consideramos vivos o que aparentan serlo y los que creemos vivos y la realidad de los personajes se descubre con un giro argumental final claro en la que se desvela que los “otros” son ellos mismos, que son los fantasmas que habitan en la casa. Cuando Mrs. Mills, Mr. Tuttle y Lydia entran en la mansión para encargarse de ella empiezan a ocurrir hechos misteriosos que son interpretados por Anne y Nicholas como si “otros” quisieran habitar en una casa que no le pertenece. Grace llega a considerar que sus propios hijos están poseídos cuando no les ofrece la oportunidad de ser escuchados ni de intentar entender su actitud o aquello que sienten alegando que se trata de la imaginación y de la fantasía propia de los niños (que, siguiendo esta línea de pensamiento, puede ser totalmente ignorado). Ella puede ser, incluso, considerada como la única fuente de conocimiento que intenta racionalizar todas las actuaciones y restando importancia a esas “raras ideas infantiles” que no merecen su atención pues ante su aparente determinación, seguridad y orden (en tanto que autoridad adulta) se contrapone de forma binaria las dudas, el desorden y el caos (de parte de la esfera infantil). Sin embargo, la curiosidad, las dudas o la búsqueda de respuestas pueden ser indicadoras de sus ganas de saber y de aprender más que ser tildadas de muestras de ignorancia infantil y permiten a la audiencia abrir otras percepciones reflexivas sobre su propia identidad en pantalla, sobre su vida o su muerte.

Amenábar se nutre de nuestras expectativas como audiencia (a partir de un esquema que rompe con las dicotomías aunque parte de ellas) poniendo como epicentro los protagonistas infantiles dentro de un espacio intermedio y transitorio que conecta lo visible con lo invisible, la realidad con la fantasía, la vida y la muerte y cuya habilidad puede llegar a responder a su funcionalidad como médiums.

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