Ciclo cine “Life-and-death-children” (IV): «Babadook» (Jennifer Kent, 2014)

babadook. poster
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El juego infantiles, los monstruos y los libros para (no) dormir sirven de base en la que se sustenta aparentemente Babadook, película inserta dentro del nuestro ciclo Life-and-death children. Sin embargo, Babadook nos va atrapando y llevando hacia donde él desea, haciéndonos comprender su verdadero origen y razón de ser de forma progresiva a través del propio libro. De nuevo, como en dos de las películas analizadas en este ciclo, nos encontramos con una familia monoparental en la que la madre, Silvia debe encargarse sola de su hijo Samuel tras fallecer su marido por un accidente de coche.

The Babadook

El irracional miedo a los monstruos de Samuel (o quizá no tan irracional y más bien motivado por su entorno), el hábito de cerciorarse de que no se esconde debajo de la cama ni entre las puertas del armario parecen ser indicadores de que Babadook es tan sólo un monstruo de Samuel más al que enfrentarse al cerrar los ojos y encontrarse con Morfeo. Sin embargo, desde el principio el discurso de Samuel es el de luchar, enfrentarse y ganar al monstruo, sea cuál sea y en hacer de sus juguetes, armas “para defender a su madre” de los monstruos – en términos generales sin concreciones pues no sabemos a qué nos enfrentamos y la corporeización hacia lo desconocido se metaforiza como monstruo en tanto que agresor (in)visible de Samuel– lo cual provoca el desarrollo de una actitud cada vez más violenta en la escuela con consecuencias tales también como el rechazo de sus compañeros, el planteamiento de cambio de centro, la petición de medicación contra el insomnio o la intervención de los servicios sociales.

Babadook.Samuel

Sin embargo, a veces los monstruos (ya) existen en casa (o en nuestras mentes) y en lo familiar encontramos la extrañeza, aludiendo nuevamente al término “unheimlich” o ”uncanny” freudianos en tanto que lo familiar (los protagonistas, Silvia, Samuel y el espacio, la casa) se tornan extraños y los escenarios se van reduciendo hasta la casa como espacio opresivo  que nos remite con sus juegos de luces y sombras al expresionismo alemán y que sirven de visión claustrofóbica (y enajenada) del estado mental de Silvia. A tal respecto, el desarrollo de ésta se torna impredecible: en un primer momento encontramos una madre comprensiva, tolerante, trabajadora y atenta con su hijo el cual sufre el rechazo de los demás compañeros de clases por ser “diferente”, lo que él concibe como “odio” de su maestra además de las crueles críticas de su propia prima quien le dice que su padre lo abandonó porque no quería encargarse de él, provocándole un gran daño emocional y generando un comportamiento violento por el cual la socialización se vuelve de cada vez más limitada: de la escuela, de los amigos, de la familia (y prima) y, en última instancia, de una vecina de casa que le trata con mucho afecto.

A medida que la socialización disminuye y madre e hijo pasan más tiempo en casa, más se endurece el estado de tensión psicológica en la que intervienen dos grandes visiones ante lo sucedido tras leer el libro Babadook y que nosotros planteamos como la visión de Samuel (simple) según la cual el Babadook ha entrado dentro de casa y se ha apoderado de su madre Silvia y, por ello, suceden cosas extrañas (y esta “posesión” puede erradicarse si él la mata, la lastima para que el ente que la domina desaparezca). Por otra parte, la visión de Silvia (más compleja) según la cual es capaz de actuar dejándose llevar por el dominio de la nostalgia. Es decir, entendemos que después del accidente familiar y de la muerte de su marido, Silvia se recluyó en su trabajo cuidando ancianos y en su hijo, sin pasar las fases del duelo que la ayudarían a aceptar y asumir serenamente su pérdida. Este hecho la condujo, fruto de rasgos postraumáticos, a tener alucinaciones donde su marido la chantajeaba para que estuvieran juntos pero a cambio debía llevar a Samuel con él, es decir, matarle. Hablar de un estado de alucinación en la que la mínima idea de ocasionar daño a su propio hijo es necesario para ofrecer una lectura ciertamente psicológica en la que no existen esos monstruos de Samuel sino existen los monstruos de Silvia y por los cuales Samuel ha estado luchando contra la nada para sentirse preparado y atacar cuando fuera necesario.

Babadook2

Samuel se inserta dentro de nuestro ciclo por, entre las características anteriormente comentadas, ser un niño resilente, fuerte, preparado y valiente para enfrentarse a los monstruos o los fantasmas (y en ese sentido, interviene fuertemente el contacto con su padre fallecido) de su madre en una metáfora del cuento infantil (aparentemente como explicación racional al miedo irracional de Samuel concebido en ocasiones como una etapa transitoria del desarrollo infantil y un hecho al que en ocasiones se obvia su importancia). En ella subyace un estado de enajenación mental adulta provocada por el dolor de la pérdida y la piscina de la nostalgia por un ser amado, su marido cuya pérdida ha sido atribuida por Silvia a Samuel lo cual podría entenderse como una explicación para su violencia y su actitud de ira hacia él. Cuanto más intente alejarse de él (mediante el libro), más fuerte se hace Babadook en tanto que fantasma de Silvia (como lo vemos en la destrucción del libro y la reconstrucción del mismo) y solamente desaparecerá cuando ella se enfrente definitivamente a él (a tal respecto, cobra sentido la declaración de su tía en la que dice que debe superar su pérdida) y ello le permita seguir con su vida con Samuel sin dañinos fantasmas mentales y fortaleciendo sus vínculos emocionales.

Babadook. Silvia

Consideramos efectivo el uso del imaginario infantil a través de los cuentos para (no) dormir en tanto que monstruo que se apodera de nosotros y es capaz de controlar nuestras acciones con explicaciones de cariz sobrenatural como un recurso que esconde una metáfora del estado mental de una madre que sufre alucinaciones por no haber superado sus vivencias pasadas a las cuales debe enfrentarse para poder finalmente seguir adelante sin degradar el vínculo con su hijo-víctima el cual sirve de catalizador y visibiliza las consecuencias angustiosas de su madre por los lazos enfermizos con personas del pasado.

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