Cine, literatura y videojuegos (XXVIII): «Battlefield One», una primera guerra mundial de última generación

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El pasado octubre llegaba a nuestros ordenadores y videoconsolas la última entrega de la saga de shooter games más aclamada del momento, con permiso de Call of Duty. Se trata de Battlefield One. Tras estos primeros meses en los que el videojuego ha estado en el mercado es lícito afirmar que la expectación que generó al ser anunciado en su momento no fue injustificada, aunque tampoco puede decirse que ofrezca nada excesivamente novedoso a excepción de la ambientación, que en esta ocasión nos traslada a la Primera Guerra Mundial; un conflicto rara vez representado en formato videojuego. Normalmente han sido la Segunda Guerra Mundial, o conflictos contemporáneos como la Guerra de Irak los más explotados, aunque más recientemente la saga rival de Battlefield también se ha desmarcado de esta tendencia y ha optado por una temática futurista. El último ejemplo es Call of Duty: Infinite Warfare, actual  competidor de Battlefield One por la hegemonía del género. Podría decirse, pues, que mientras unos tiran del pasado y de conflictos reales, otros avanzan hacia el futuro, representando conflictos imaginarios. Pero hablemos del videojuego de Electronic Arts.

Battlefield One mantiene las fortalezas de anteriores títulos de la desarrolladora sueca DICE, como lo son sus inmensos mapas, sus batallas a gran escala (de hasta 64 jugadores), el gran peso que se le otorga a los distintos vehículos controlables, unos gráficos inigualables, las cuatro clases de personajes personalizables y adaptables al estilo de juego de cada jugador (con pequeñas variaciones respecto a anteriores ediciones, como la creación de la clase médico), y un aspecto que aunque no se mencione muy a menudo, en mi opinión resulta muy efectista y enriquece la experiencia de un videojuego dotado de una perspectiva en primera persona; el gran realismo de los enfrentamientos a melé (o cuerpo a cuerpo) que cada vez resultan más plásticos a nivel visual. Muchos dirán que todo esto no aporta prácticamente nada nuevo, lo que resulta innegable. Sin embargo, el hecho de aplicar todos estos ingredientes a un conflicto como la Primera Guerra Mundial convierte a Battlefield One en un shooter distinto a los vistos hasta ahora, y en un producto muy demandado por la comunidad de jugadores, muchos de los cuales estaban ansiosos por volver a participar en conflictos pretéritos.

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El gas mostaza o los zepelines son dos de los elementos característicos de la Primera Guerra Mundial que se han incluido en Battlefield One.

Se mantiene por lo tanto el tope de 64 jugadores, y en esta ocasión contamos con diez mapas variados en el paquete de juego inicial, entre los que no faltan bosque, montaña o desierto, todos ellos enclaves en los que tuvieron lugar batallas reales. La variabilidad meteorológica o la destructibilidad de los escenarios (seña de identidad de los productos de DICE) dotan a estos escenarios de vida propia. A esto se le une un amplio abanico de modos de juego online, con la vuelta de clásicos como conquista, dominación o todos contra todos o asalto, y el añadido de otros tantos nuevos, como palomas mensajeras (un captura la bandera adaptado a este conflicto) o el interesante modo operaciones, uno de los platos fuertes de esta entrega, pues contribuye a humanizar lo que se ve en pantalla, impidiendo así que se frivolice con un conflicto que acabó con entre 10 y 31 millones de vidas, entre civiles y militares.

Para lograr este fin los desarrolladores han incluido un narrador que pone al jugador en situación antes de que la batalla se inicie, proporcionándole información histórica relevante acerca del conflicto en cuestión. De este modo, se visibiliza el hecho de que esta fue una contienda real, protagonizada por personas reales en circunstancias extraordinarias, algo que jamás debería olvidarse por mucho que esto sea un juego, y su objetivo sea lúdico. Es incluso posible que la empatía del jugador se active, y aunque esto sea más discutible, lo que parece claro es que Battlefield One está dotado de un componente emocional poco usual en un género que suele ser más bien aséptico a este respecto.

Este componente se ve todavía más explotado en un modo campaña que a diferencia del de Battlefield 4 si cumple, y con nota. El modo historia se divide en seis mini campañas que nos proporcionan seis experiencias narrativas interactivas que nuevamente se acercan al factor humano, haciendo especial hincapié en valores como la familia o la amistad, y el impacto que una guerra puede tener sobre ellos. Así pues, puede decirse que esta modalidad de juego es francamente sólida, y que una vez más pone de relieve la determinación de la gente de DICE en su cometido de proporcionar una experiencia emocionalmente impactante.

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A nivel de mecánica de juego destaca especialmente la posibilidad de luchar a lomos de un caballo.

A grandes rasgos Battlefield One es shooter de última generación que aporta pocas novedades a nivel de mecánica de juego, pero que innova en lo que a representación respecta, con elementos propios de la Primera Guerra Mundial como las trincheras, el gas mostaza y las máscaras usadas para contrarrestar sus efectos, la carga con bayonetas, la posibilidad de ir a lomos de un corcel, la aparición de lo zepelines, los soldados acorazados, el uso de lanzallamas, o el pilotaje de avionetas como el legendario Barón Rojo. Nada nuevo, no, pero no se le puede pedir mucho más a un género que vive obsesionado con el componente visual, produciendo videojuegos que año y medio después de su lanzamiento han quedado obsoletos. ¿O quizás sí deberíamos exigir más?

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