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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Mucho más que una película de monstruos: «Cloverfield» (2008)

El 18 de enero de 2008 se estrenaba Cloverfiled (en España, Monstruoso), dirigida por Matt Reeves y producida por J.J.Abrams en la que seguíamos, a través de los materiales encontrados en una cámara personal recuperada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, las consecuencias devastadoras del ataque de un monstruo aparecido de la nada a la ciudad de Nueva York. El día: el 22 de mayo de 2009.

Esta pequeña introducción argumental señala ya los elementos esenciales de una película sorprendente a la vez que inquietante que fue ampliamente elogiada por la crítica no solo por el formato elegido para su confección sino también por los enormes niveles de lectura que nos ofrece . Y es que Cloverfield es mucho más que una película de monstruos aunque su productor, J.J.Abrams, confesara que la idea de realizarla surgió en un viaje a Japón en el que su hijo se quedó prendado del material de merchandising de uno de los monstruos emblemáticos donde los haya, Godzilla. Cloverfield es un ejercicio impresionante de metanarrativa.

La grabación personal será el elemento narrativo esencial de la película

El primer video que el espectador contempla pertenece a Rob (Michael Sathl-David) quien tras pasar la noche con su novia Beth (Odette Annable) se disponen a realizar una excursión a Conney Island. Inmediatamente pasaremos a la grabación que Jason (Mike Vogel) realizará junto a su novia Lily (Jessica Lucas) de una jornada especial: la de la fiesta sorpresa que preparan para Rob que está a punto de marcharse a Japón y en la que seguiremos a todos los participantes en ella y en la acción, al mujeriego Hud (T.J.Miller) y a una amiga común Marlene (Lizzy Caplan).  Sin embargo, la aparente placidez de la fiesta con borrachera e intentos de seducción fallidos incluidos de este grupo de jóvenes yuppies de Nueva York se verá interrumpida por el inesperado ataque de una fuerza por el momento invisible que destruirá sistemáticamente la ciudad y, especialmente, sus símbolos.

De esta manera, las grabaciones personales, la aplicación de los presupuestos del cinema vérité y, de manera especial, la traslación de los materiales ciudadanos para la reconstrucción de un evento colectivo van a ser los elementos narrativos esenciales de CloverfieldLas audiencias van a vivir con los personajes todos y cada uno de los acontecimientos del argumento de dos maneras distintas que desarrollarán los dos elementos configuradores de la acción: como voyeurs de la intimidad de los personajes y sus relaciones por una parte, y como participantes-víctimas de un ataque que, aparte de destructor, supondrá la puesta en escena del pánico colectivo, del miedo a lo desconocido y, sobre todo, de la desorientación. Tres aspectos estos últimos que relacionarán directamente a la película con los ataques del 11 de septiembre de 2001 al World Trade Center, un acontecimiento que subyace a lo largo de todo el film  y que la convierte en eso: en algo más que una película de monstruos. Así, la memoria emocional de los espectadores va a ser fuertemente sacudida por las imágenes de persecuciones, caídas de monumentos emblemáticos de la ciudad (la estatua de la libertad, como también sucediera en The Planet of the Apes)  pero especialmente por el pánico de unos personajes que no saben a dónde dirigirse ni cómo enfrentarse a un hecho-ataque que ha roto su cotidianeidad y también sus vidas. En realidad, que ha roto las vidas de todos los ciudadanos.

Imágenes de la huida de los personajes por las calles de Nueva York

Un despliegue emocional asimilado a lo que se conoce actualmente como el horror sensorium y que tendrá en  el planteamiento fotográfico de cámara inestable realizado por Roger Ebert a su principal aliado tal como demuestra el hecho de que muchos espectadores experimentaron durante la proyección de la película no solo desequilibro sino también náuseas y migrañas.

Esta lectura sociopolítica va a verse complementada por una lectura más simple de la película: el ataque devastador de un monstruo no acabado de formar completamente, que a su paso va desprendiendo parásitos que infectan a la población y al que deberá enfrentarse el ejército norteamericano. Un argumento típico que no seguirá en su desarrollo los esquemas usuales porque ni el ejército será un salvador de la población, bien al contrario, ni aparecerá un deus ex machina que resolverá la situación no solo por su valor sino también por su ingenio o por sus vínculos familiares con una de las víctimas (como sucede en Godzilla, The Host ,en casi toda la saga de Jurassic Park incluida Jurassic World y en la mayoría de películas de serie B como Sharknado y similares). La criatura de Cloverfield, como alíen o depredador, va a suponer una amenaza constante y destructiva para la humanidad que, con toda probabilidad  -como suele suceder en la mayoría de los monstruos-  lo ha creado y contra la que se rebela. Un cliché del género, una rememoración de la lucha entre criatura y creador solo que esta vez es la ciudadanía corriente la que nos cuenta la historia. Una nueva referencia al mundo del post 11-S.

El monstruo incompleto de Cloverfield

Es indudable que Cloverfield se ha convertido en una película de culto y no faltan motivos para ello. Un fervor que se extendió en su momento a una fuerte campaña de marketing viral realizada  -como no podía ser de otro modo- por Bryan Burke, creador de la Lost Experience y que ha alcanzado a videojuegos,  páginas web con números que desbloqueaban tonos de móvil con el sonido del monstruo, precuelas manga, bebidas, secuelas y parodias. Y como película de culto que es, su visionado  -a veces difícil-  se convierte en imprescindible.

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No cabe duda de que los atentados al World Trade Center el 11 de septiembre
 

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