Confluencias entre dos universos: el cine de Mamoru Hosoda

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Desde que en 2013 el hasta la fecha considerado como el “rey de la animación japonesa”, el Maestro Hayao Miyazaki, anunciaba su (supuesta) retirada como director tras el estreno de su largometraje «El Viento se Levanta», todos los medios especializados y cinéfilos han ido a la búsqueda de aquel cineasta que estuviera a la altura de substituirlo en el trono. Satoshi Kon, bien podría haber sido un excelente candidato a ser heredero de Miyazaki, aunque su muerte prematura en 2010 acabaría con la trayectoria del director y dejaba con incertidumbre el inevitable relevo de la animación nipona una vez que el gigante de la industria, el estudio Ghibli, se quedase sin su dos grandes exponentes – por un lado, Miyazaki; y por el otro Isao Takahata.

Así pues, este relevo generacional parece que, al fin, se está consolidando. En estos momentos existen un gran número de cineastas que están logrando hacerse un hueco en la gran industria en la que Ghibli parecía no tener competencia alguna. El puesto en este “trono ficticio” se debate entre dos creadores emergentes – que no por ello novatos. A la obra más poética e intimista de Makoto Shinkai se le añadirá Mamoru Hosoda, a quien dedicamos este post y que por su acercamiento temático, se le ha comparado en varias ocasiones con el trabajo de Miyazaki. Pero, vayamos por partes.

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Makoto es “la chica que saltaba a través del tiempo”

Nacido en Nakaniiwaka el 19 de septiembre de 1967, Hosoda comenzaría como todo futuro cineasta en el terreno del anime, como animador. Empezará a mostrar su buen hacer como director con dos títulos que, aunque no parezcan de extrema relevancia, fueron muy importantes dentro de su carrera. Será el encargado de realizar el paso a la gran pantalla de la serie de TV «Digimon» con «Digimon Adventures» (1999) y, más adelante, el de «One Piece» con el OVA «One Piece: Barón Omatsuri y la Isla Secreta» (2005). Entonces, después de ser nombrado director del estudio MADHOUSE – fuerte competidor de Ghibli – y tras dejar pasar la oportunidad de dirigir una de las películas más exitosas de la animación nipona, «El Castillo Ambulante» en 2004, Hosoda realizaría su primer largometraje con guión propio.

Siendo una adaptación del manga de Ranmaru Kotone con el mismo nombre, la trama de «La Chica Que Saltaba a Través del Tiempo» (2006) girará entorno a Makoto, una estudiante de secundaria normal y corriente que pasará las horas entre clases, reuniones con sus mejores amigos y los problemas existenciales de una chica adolescente. Sin embargo, su vida dará un vuelco el día que accidentalmente descubra que tiene el poder de viajar en el tiempo, especialmente a un punto concreto del pasado. De esta manera, Makoto utilizará su “nueva habilidad” para beneficio propio y sin importarle las consecuencias – negativas y positivas – de sus actos en el futuro. Con esta película, Hosoda introduce lo que serán sus temáticas más frecuentes: por un lado, la confluencia entre dos mundos paralelos – la realidad y la fantasía – pero sin olvidar la exploración del factor humano, sobretodo los diferentes valores familiares; y, por otro, la toma de decisiones cuando se alcanza la edad adulta.

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El mundo virtual de OZ en «Summer Wars»

Su segundo largometraje escrito por él mismo, «Summer Wars» (2009) narrará la historia de Kenji un joven de personalidad retraída y amante de la tecnología que, durante sus vacaciones de verano y gracias a una serie de rocambolescos acontecimientos, terminará pasando las vacaciones junto a la familia de la chica más popular de su instituto, Natsuki, e inmerso en una batalla informática dentro del juego de realidad virtual OZ. Así, Kenji, junto a Natsuki y el resto de la extensa y peculiar familia de esta última, tendrán que lidiar desde la localidad rural de Ueda con esta amenaza cibernética a nivel mundial. Según Hosoda, la premisa de la cinta tendrá su punto de partida en la obsesión por las redes sociales y en el impacto que éstas ejercen sobre la sociedad con ecos de lo que ya habíamos visto en su trabajo en «Digimon Adventures» con avatares en forma de criaturas fantásticas que combatiran en un mundo digital en representación de los humanos. El film será el más potente a nivel estético y extravagante en su tono con algún que otro toque de comedia más alocada, aunque manteniendo los valores familares y el trabajo en equipo.

En 2011 dejaría su puesto en MADHOUSE para abrir su propia empresa a la que llamaría Studio Chizu y realizaría su primer largometraje completamente bajo su productora que se estrenaría en 2012. Con «Wolf Children» nos encontramos con la cinta más emotiva hasta el momento de Hosoda y la más laureada por crítica y público. La trama girará entorno a Hanna una joven que, de manera inesperada, se enamorará de un misterioso chico. Pronto, éste le revelará su mayor secreto: es un hombre-lobo. Tras varios años de relación, la joven dará a luz a dos niños mitad humano y mitad lobo, Yuki y Ame. Con la repentina muerte del padre, Hanna no tendrá más remedio que afrontar sola los desafíos de criar a sus dos particulares criaturas. Una historia emotiva de principio a fin que se aproxima más a la realidad que a la fantasía con la exploración de las relaciones materno-filiales en donde Hanna tiene que averiguar como ayudar a sus hijos a encontrarse a sí mismos y hallar su lugar en el mundo independientemente de su condición.

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Para Hanna no será nada fácil ser madre soltera de dos niños-lobo

Así, en 2015 nos llegaría la última película de Hosoda que será la que pondrá de manifiesto de manera más obvia la temática recurrente en su obra. En «El Niño y la Bestia» – a la que pertenece la fotografía de portada – se narrará la historia de Kyuta, un niño solitario de Tokyo que cruzará la frontera a otro universo sobrenatural y en el que entablará amistad con Kumatetsu, una criatura habitante de este mundo fantástico y que se convertirá en guía espiritual del pequeño. Por supuesto, este fortuito encuentro les llevará a emprender un sinfín de aventuras. Una alegoría a las relaciones paterno-filiales que, de alguna manera, se puede considerar una continuación de su obra maestra «Wolf Children».

Está claro que Mamoru Hosoda es uno de los grandes exponentes del cine de animación japonesa de los últimos diez años y lo va a seguir siendo en sus producciones venideras. A pesar de las extremas conexiones con la obra de Miyazaki que son difíciles de obviar – la convivencia de lo fantástico y lo real/humano y la importancia de la mitología y el folklore tradicional (aunque, Hosoda en menor medida) – al propio cineasta no le gustan dichas comparaciones. Con todo el cariño del mundo, por supuesto, Hosoda intenta alejarse de la sombra del Maestro Miyazaki a toda costa realizando sus propios trabajos y sin contar con referencia alguna. Y, por ahora, lo está logrando. En sus cuatro películas hasta la fecha, Hosoda consigue un universo personal con un desbordante nivel visual. En definitiva, un autor que vale la pena conocer.

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