Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Crítica de «La forma del agua», de Guillermo del Toro

El agua es tan maleable y voluble según su contenedor, dando así forma a lo incorpóreo y volátil.  Una taza o una olla pueden cobijarla, pero también un buque o un bote hundido; entonces el agua rompe la estructura para hacer suyo el objeto. La forma del agua es prácticamente infinita y tan solo depende de la capacidad de lo que tenga delante, como Guillermo del Toro, cuya imaginación ha querido concebir este relato moderno sobre el amor. También estamos ante una narración sobre las diferencias y los marginados, el fracaso del sueño americano, los monstruos y las personas corrientes y cómo todos ellos unidos permiten entender el reflejo del espejo cristalino. Para el director SU forma del agua es verdosa, exótica y silenciosa; contenedora de mil fantasías, pero, sobre todo, SU forma del agua es una que se muestra ajena, distante…incomprensible para el entendimiento del hombre. SOLO para el hombre.

La forma del agua, de Guillermo del Toro

Alabada por todos los festivales por los que ha pasado y encumbrada como la gran favorita para llevarse el Oscar a mejor película, La forma del agua es una cinta con luces y sombras, donde prevalece el poder hipnótico que ejerce la criatura acuática sin nombre sobre el espectador, aunque faltan la complejidad narrativa o los sustos a los que nos tenía acostumbrados el mexicano.

De menos a más

El metraje arranca como una versión modernizada de la francesa Amelie, todo muy bucólico y casposo a la vez. Una limpiadora muda que cuida a su amigo pintor homosexual y juntos degustan los clásicos programas de tv de la época. Mucho zapateo al son de una banda sonora confeccionada para la ocasión, junto a melodías del momento. La joven se termina enamorando de una bestia anfibia, que responde a sus cuidados con inteligencia y un poderoso intercambio emocional, recordando, obviamente, a La criatura de la laguna negra, de Jack Arnold (En España, La mujer y el monstruo), pero más aun si cabe a La bella y la bestia. Nadie tampoco puede olvidar el parecido que mantiene con el personaje Abe Sapien del universo Hellboy, de Mike Mignola. El director también lo llevó al celuloide e incluso intentó estructurar una relación amorosa entre él y la Princela Nuala.

La historia es un pastiche de todos estos argumentos, sin atisbos de sobresaltos y sustos, aderezado, eso sí, con el trasfondo de la guerra fría y la paranoica persecución que se mantenía entre norteamericanos y rusos. Esta trama se configura como un elemento más que necesario para adornar una historia simple. Una necesidad que proporciona mayor trasfondo al visionado de la cinta y que completa la sensación general.

La simplicidad (¿excesiva?) en la narración

La historia que nos propone el director mexicano es de una simpleza total. No por ello debe catalogarse como poco arriesgada, de hecho uno de los valores positivos que podemos sustraer de la cinta es su capacidad para llegar a todos los espectadores por igual. No se necesita comprender demasiado para que la historia de amor tenga sentido, ayudado eso sí por la lengua de los signos, la cual parece que la criatura logra entender, pero no dominar en exceso. Tampoco son obligatorios los diálogos interminables o los discursos grandilocuentes, simplemente ocurre así: una mujer se enamora de un monstruo.

Cuestión de géneros

Guillermo del Toro rinde tributo al cine en general: no pasan desapercibidos los minutos dedicados al cine mudo, al de acción, el thriller de espías y el romántico. Guste más o menos, aquí el cineasta cumple con nota alta al configurar una amalgama de las sensaciones propiciadas por la combinación de todos estos géneros.

Una puesta en escena apabullante

La mayor virtud de La forma del agua es su puesta en escena. No hay desencantos aquí y la fotografía, así como la elección de los actores, son de un total acierto. Una banda sonora donde el piano y ese tono nostálgico puede oírse cada poco tiempo proponen una inmersión total en esta película. Por todos estos elementos La forma del agua es una cinta bella, positiva, con fantasía y criaturas imposibles. Por todo esto, SU forma del agua es una donde fracasan todos los hombres y gana una mujer, la única capaz de darle sentido al amor bajo la forma de un monstruo.

Extra

Si han llegados hasta aquí, entonces estén muy atentos a La ofrenda, del escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo, un regalo para los que se han quedado eclipsados con el ser anfibio y quieran saber y ver más de él, esta vez, en la literatura. Ya sea en el cine o en los libros, parece que tendremos la presencia de esta criatura marina durante un buen tiempo. ¡Que dure!

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