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Crítica “The forest”/”El bosque de los suicidios”(2016): descubriendo Aokigahara

Bajo la premisa “Do not leave the forest” nos adentramos en la película del director debutante Jason Zada basada en la idea de David S. Goyer con unas (inevitables) resonancias a los cuentos de advertencia, a clichés del género de terror y a la cultura del suicidio de Japón, tercer país con más suicidios del mundo después de Corea del Sur y de Hungría y primera causa de muerte en hombres entre 20 y 44 años. Sara Price (Natalie Dormer), una chica estadounidense va en busca de su hermana gemela, Jess que trabaja como profesora en un colegio de Japón y que ha desaparecido en el bosque de Aokigahara a los pies del monte Fuji (aviso de posibles spoilers). Este no se trata de un bosque cualquiera sino que, siguiendo la leyenda (que podría estar inspirada en el cuento Kuroi Jukai de Matsumoto de 1960 según la cual una pareja de enamorados acaba suicidándose) y contrastando la información con aportaciones de la BBC, entre 50 y 100 personas se suicidan cada año en el silencioso Aokigahara: un hecho real que ha inspirado el film.

No puede pasar desapercibido el hecho traumático en la infancia de ambas aunque experimentado de forma distinta: si bien Sara y Jess a los seis años estaban mirando una película con su abuela mientras sus padres cenaban fuera, Jess presenció el cuerpo muerto de su madre como consecuencia supuestamente de un accidente automovilístico, Sara cerró los ojos prescindiendo de ese recuerdo grabado en su cabeza. En ese sentido, el peso de los brutales recuerdos se manifestaba en una personalidad depresiva en el caso de Jess que iba a probar fortuna en Japón mientras su hermana construía su vida en los EEUU. Presenciamos la dualidad o una visión dicotómica de la vida positiva en el caso de Sara y negativa, en el caso de Jess cuyos lazos emocionales son realmente el motor que permite que la acción avance y la generadora de la tensión psicológica que configura la atmósfera sugerente, envolvente y de misterio.

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Deudora de los relatos de fantasmas japoneses o yūrei cuyo equivalente occidental radicaría en espíritus que han sido apartados de la vida pacífica tras la muerte por diferentes causas como el suicidio, Sara es advertida por todos aquellos que se encuentra antes de adentrarse en el bosque al que ha ido expresamente con la firme convicción de que su hermana sigue viva y necesita ayuda, pues así lo siente a modo de conexión (casi) mística con su gemela. Según las advertencias (con indicadores reales en el bosque) de la encargada de una tienda cercana, si te sales del camino, vendrán los yūrei “a poner tristeza en tu corazón” y harán “que quieras acabar tú mismo con tu vida”, es decir, te inducirán a sacar fuera tus miedos, a “hacer cosas malas” e incluso, al suicidio en el viaje interior que supondrá entrar en el bosque.

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Sin embargo, junto con un hombre australiano que conoce la noche previa a la búsqueda por el bosque y acompañada también por un guía apuestan por desafiar las normas establecidas  buscan a Jess a medida que se van encontrando con cuerdas, sogas, cadáveres y tiendas de campaña amarillas que connotan que aquellos que han ido al bosque no tienen claro si van a decidir acabar o no con su vida. Cae la noche cuando hallan la tienda de campaña de Jess donde, de forma inconfundible, encuentran su libro Flame and Shadows que la ha acompañado desde su decimosexto cumpleaños. Sara, a sabiendas de que no podía pasar la noche en el bosque, decide quedarse allí acompañada experimentando ciertos acontecimientos “extraños” hasta que el guía vuelva a la mañana siguiente: en un ambiente de confusión y de ambigüedad entre los personajes y con presencias que gritan a las espaldas de la protagonista la acción avanzará proporcionándonos un giro argumental con alteración de roles al final del film que no vamos a desvelar en este post pues recomendamos vivirlo y sentirlo en primera persona.

En definitiva, dejaos sumergir en las profundidades del bosque y de este film de buenas intenciones donde más allá de intentar proporcionarnos sustos (scare jumps), nos adentra en las (interesantes) relaciones entre gemelas, en las dualidades humanas además de dejarnos explorar el rico folklore japonés aunque sea basado en ciertos clichés del género.

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