Crónicas del hombre que cae: «Mad Men»

TRUE DETECTIVE
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Nuestro colaborador de hoy es Iván Bort Gual. Doctor Europeo en Ciencias de la Comunicación y especialista en Narrativa Audiovisual, Análisis Fílmico y Teoría e Historia del Cine. Profesor del Centro de Enseñanza Superior Alberta Giménez de Palma de Mallorca, adscrita a la Universidad Pontificia de Comillas,  nos ofrece la recomendación de  Mad Men o la frágil belleza de los sueños en Madison Avenue editado por Errata Nature.

Es una afirmación extendida como mal vicio entre investigadores, no exenta además de cierta egolatría académica, aquello de considerar que en el ejercicio previo de prospección bibliográfica imprescindible a toda redacción de un texto digno, no haya casi nada escrito sobre “lo mío”. Un falso e ingenuo sentimiento de petulancia autoral, creyéndose un bonito y hermoso copo de nieve, en términos palahniukianos. En el caso de quien aquí suscribe, el recuerdo es cristalino cuando, en los albores del nuevo milenio, enfrascado en una tesis doctoral sobre la segunda —o primera, o tercera, vaya usted a saber— edad de oro de la ficción televisiva norteamericana, uno tenía que acudir a los estantes anglosajones para encontrar —y con suerte— buenos libros que se tomaran tal objeto de estudio con la suficiente seriedad. Por entonces, apenas Kristin Thompson, Stacey Abbott, Steven Peacock o Glen Creeber, entre pocos otros, eran autores que aceptaban el envite.

Por fortuna para los ávidos lectores en lengua cervantina, hace ya bastantes años que editoriales como Errata Naturae decidieron cobijar en el interior de sus coloridas y simpáticas cubiertas a textos centrados en el estudio y la reflexión sobre nuestras queridas series de televisión. En el caso de Mad Men o la frágil belleza de los sueños en Madison Avenue, compilación de audaces escrito(re)s coordinada por Raquel Crisóstomo y Eric Ros, se trata de un ecléctico volumen donde tienen cabida variopintas aproximaciones que van desde los estudios de género —femenino, no cinematográfico, entiéndase—, como la de la propia Crisóstomo o la de Manel Jiménez y Xavier Grabolosa; hasta lecturas sociohistóricas, como la de Juan J. Vargas-Iglesias o Anna Tous-Rovirosa; pasando por visiones íntimas y personales como las de Enrique Vila-Matas o una iniciática e interesantísima entrevista con el mismísimo padre de la criatura: Matthew Weiner, que todo aspirante a guionista debería leer.

Dejando a un lado el muy sintomático —por aquello que las series tienen de esclavista “actualidad”— e inevitable riesgo de frivolidad que puede ser interpretado en el hecho de publicar un libro con voluntad analítica sobre una obra, Mad Men, que no había acabado aún a fecha de primera edición —se publica en marzo de 2015 cuando la serie finaliza en Estados Unidos en mayo—, es muy de celebrar poder toparse con textos como el que nos ocupa, tanto para el académico, para el fan o, como directamente asumen sus autores convocando a Henry Jenkins, para los aca-fans. Está claro que a nadie se le ocurre publicar un texto que desgrane una película que no tenga en cuenta los veinte últimos minutos de su metraje, por ejemplo, como sería la maliciosa traslación que aquí podríamos hacer —lo mismo sucede también con otros Erratas Naturae como el de Breaking Bad o The Walking Dead—, pero en el caso de la particular morfología de la serialidad televisiva parece un hándicap ampliamente aceptado y completamente permisible.

Aquí nos empantanamos, claro, en ese perverso terreno de lo que a cada uno le gustaría ir encontrándose cuando pasa, una a una, y paladeándolas como dejándose caer en un Old Fashioned en vaso Riedel, las páginas del reseñado libro. A propósito de caerse en whisky, a uno le viene inevitablemente a la cabeza el maravilloso opening de la serie, y el modo en cómo en algún otro monográfico publicado sobre Mad Men, como el de Reyes de la Madison Avenue, a cargo de Capitán Swing, Jesús González Requena descompone con su habitual lucidez la icónica partícula de apertura del show. En esta línea, quizá, se echa en falta en la compilación que nos ocupa un poco más de análisis textual ­—de estirpe semiótica—. Ése que nos indicaría que pese a que Matthew Weiner anota a Las buenas chicas de Claude Chabrol, Ocho y medio de Federico Fellini o El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder como simientes de Mad Men, uno sería capaz de detectar, en la construcción del significante, en la susodicha secuencia de apertura de la serie, hasta cinco referencias hitchcockianas en apenas cuarenta segundos: Con la muerte en los talones, Vértigo, Encadenados, Extraños en un tren y La soga.

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