Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«¿Cuándo te has enamorado de mí?»: «Watchmen» (HBO) Ep. 6-7-8

En esta recta final hacia el último capítulo, Damon Linderlof, nos ha vuelto a dejar boquiabiertos con tres episodios que, sin temor, podríamos definirlos como algunos de los mejores de la serie. En ellos ha primado en su grandeza el efecto plot twist que tanto le gusta a Linderlof quien, más allá de sorprender por completo a todos los espectadores, ha llegado a cambiar y jugar con la historia ya escrita y dibujada por Moore y Gibbons.

El sexto capítulo de Watchmen comienza en un momento crítico para todos los personajes y sobre todo para Angela Abar, quien, consciente de que ya no tiene (casi) nadie con quien pueda confiar, engulle las pastillas de Nostalgia -que, recordemos, le confiscó a su recientemente descubierto abuelo y asesino del jefe de policía Judd Crowford- en un acto de supervivencia y de venganza. Estas pastillas, portadoras de recuerdos, hacen que Angela viva un viaje por las vivencias y memorias de la juventud de su abuelo Will Reeves.

La cámara nos situará en el año 1939 en Nueva York, en la gala de promoción de los nuevos policías del distrito, de entre los que destaca Will Reeves, y no por el hecho de que se le muestre como un policía ejemplar y heroico, no; es por el hecho de ser el único policía negro de la promoción. Frente a un desesperado intento de ejercer su trabajo como policía intentando mantener la paz y castigar las injusticias de su zona, comprenderá que se encuentra en una situación desigual en la que estará él solo contra toda una conspiración de la que formarán parte muchos agentes de su propio cuerpo de policías y otros tantos ciudadanos miembros, todos ellos, del Ku Klux Klan.

El Capitán Metrópolis le da la bienvenida a Justicia Encapuchada tras entrar en los Minutemen.

En un ambiente tenso y agresivo marcado por grandes contrastes de una imagen en blanco y negro -que volverán a remitir a ese género cinematográfico noir- William Reeves encontrará su verdadero alter ego bajo la máscara y la soga que formarán parte de su nueva persona: Justicia Encapuchada. Junto a Angela Abar (que vive en primera persona los recuerdos de su abuelo) veremos cómo se forma este (anti)héroe de temperamento ultraviolento y concienciado por acabar con el Klan. Además veremos cómo se crea el primer grupo de justicieros de América, los Minutemen, y la relación personal de Will tanto con su esposa y su hijo, que va adoptando la personalidad de su padre, como con un miembro de la agrupación de héroes que pasará a convertirse en su amante.

Resolviendo y cerrando misterios de la serie y consiguiendo definir al personaje de Will Reeves, su origen y el por qué de lo que le hizo a Judd Crawford (quien comprendemos que fue parte del grupo del KKK, Cyclops), el capítulo funciona a la perfección, conviertiendose en uno de los más interesantes de la serie no solo por su contenido narrativo, si no por sus aspectos más técnicos que sorprenden de forma grata al espectador.

Una vez establecido el origen de los personajes más importantes de la serie, era hora de que fuese el turno de la protagonista, Angela Abar. En el séptimo capítulo, An Almost Religious Awe (Un fervor casi religioso) se nos presenta a una agente y justiciera débil intentando sanarse de los duros estragos de la sobredosis de Nostalgia en la mismísima Torre del Milenio custodiada por la misteriosa Lady Trieu, quien llevará a cabo la sanación de Abar por encargo explícito de la agente Laurie Blake.

Lady Trieu y Angela Abar desayunan mientras discuten en una escena llena de tensión.

Angela, en este proceso de desintoxicación, irá recordando escenas de su niñez en Vietnam (el estado numero 51 de América, donde celebran y veneran la figura del Dr. Manhattan, hecho que veremos en el tratamiento del color y en cómo el color azul prima en cada uno de los planos), en concreto, aquel fatídico día en que sus padres fueron asesinados por un kamikaze vietnamita, un recuerdo que se irá intercalando con otros momentos y escenas con maestría gracias a un excelente trabajo de montaje. Mientras Angela se va recuperando, Laurie graba las palabras inconexas que la justiciera clama en sus duros sueños y que acaban llevando a Blake hasta la casa de la mujer del difunto Crawford, donde cae presa de Keene y la Kaballería; una escena con grandes toques irónicos que se mofa de las clásicas situaciones absurdas de ficción superheroica, además de, claro está, poner a Laurie en una situación de vida o muerte.

Laurie Blake cae al fin presa del Séptimo de Kaballería.

Tras conocer más a la misteriosa Lady Trieu y su plan para salvar al mundo y evitar que la Kaballería mate al Dr. Manhattan (quien al parecer se encuentra en la Tierra), Angela -ya recuperada casi por completo- emprende su huída hasta su casa, donde se nos descubre uno de los grandes misterios de la serie: el Dr. Manhattan fue Cal durante todo este tiempo.

Así llegamos al octavo capítulo de la serie: A God walks into a bar (Un Dios entra en un bar). El episodio comienza con la entrada del Dr. Manhattan a un bar de Vietnam en busca de la joven policía Angela Abar. Esta, sin creerse que la persona que tiene delante suya sea el verdadero Jon Osterman, atiende al relato que le cuenta el superhéroe.

El capítulo se centrará en la narración de los diferentes hechos que le va contando el Dr. Manhattan, fragmentos de su vida y de la futura relación que tendrá él con Abar; momentos que el titán vive a la ve en un mismo momento y que irán apareciendo de forma desordenada, haciendo flashbacks y flashfoward que recordarán a la estructura del cómic Before Watchmen: Dr. Manhattan (J.M. Straczynski, Adam Hughes). Osterman le contará a Angela cómo creó en Europa (Luna de Júpiter) su paraíso personal cuyos Adán y Eva -basados en una pareja que conoció cuando el era un niño pequeños son dos seres puramente bondadosos, la dura relación que tendrán(debido a la personalidad fría y en ocasiones distante de él) y cómo después visitó al solitario Adrian Veidt en su gran fortaleza de la Antártida en busca de un método para poder vivir en paz con Angela que le hiciese perder la consciencia de quién es y de sus poderes. Veidt –siendo esta vez, irónicamente, el mortal otorgándole un deseo a un Dios– le proporciona ese método a cambio de que el Dr. Manhattan le dejase vivir en su paraíso en la luna de Júpiter (ahora sabemos que Veidt estaba ahí por decisión propia y no exiliado como castigo por lo ocurrido en 1985).

El Dr. Manhattan es presentado con calma, mostrandonos tan solo las manos y el resto de su cuerpo menos su rostro, igual que se hacía en muchas películas de temática religiosa cuando aparecía Jesucristo.

Una vez explicado a la perfección el misterio con el que nos dejó Linderlof en el capítulo anterior, volvemos al presente de la serie donde la Kaballería está a punto de hacerse con el Dr. Manhattan; cosa que, pese a los esfuerzos de Angela, acaba ocurriendo, dejándola sola. Así nos deja el penúltimo capítulo de Watchmen, mordiéndonos las uñas de nervios y excitación por cómo han ido sucediendo los capítulos y las tramas hasta un punto crucial de vida o muerte para casi todos los personajes. Seguramente el último episodio nos depare más misterios, vueltas de tuerca, tensión acumulada y acción frenética, todo ello mezclada con un posible final devastador que sentencie todos los temas que se han ido replanteándose a lo largo de la serie.

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