Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

“El joven Sheldon: episodios 14 y 15, temporada 3”

“A Slump, a Cross and Roadside Gravel” es el título del episodio decimocuarto de esta tercera temporada de nuestra serie, que comienza, como adelantaba en mi anterior entrada, con Missy jugando al béisbol. Ahora vuelve a hacerse evidente la presión que sufre la pequeña por ser la única chica del equipo. Quiere, a toda costa, demostrar que puede estar a la altura de sus compañeros y parece que esta misma presión -a pesar de los buenos trucos empleados por su entrenador y abuelo en potencia- le lleva a fallar a menudo. De ahí que, como ocurre a muchas personas al verse en apuros, Missy opte por pedir ayuda a Dios por medio de la oración: solo nos acordamos de Santa Rita cuando truena. El hecho es que a la pequeña le funciona esta “estrategia”, por lo que se aferra a ella en cuerpo y alma. Esta estrecha relación con Dios provoca al principio una gran euforia en su religiosa madre, que ve, por fin, aflorar los frutos de sus propias oraciones y su esfuerzo educativo, pero, como era de esperar, esta alegría no tardaría en desaparecer. Y es George quien abre los ojos en esta ocasión a su ingenua esposa, al tratar de ver más allá de la aparente bonanza que parecía existir tanto en la piedad de Missy como en la relación entre Georgie y Sheldon.

Y es que Mary se hace consciente de que Missy está adquiriendo una imagen de Dios de cariz supersticioso y mágico, basada en su propio interés y conveniencia. Tanto es así, que da lugar a que sus compañeros de equipo de pidan antes de los partidos que restriegue -a cambio de dinero- por sus bates de béisbol la cruz que con tanto cariño le había regalado su madre al ver su despertar religioso. No obstante, Mary consigue gestionar la situación adecuadamente, como suele ocurrir en la serie.

Esta trama argumental da lugar a situaciones graciosas relacionadas con la ingenuidad con que la niña trata a Dios y que deben haberle hecho sonreír incluso a Él. Por ejemplo, Missy dice que lleva la curz para sepa Dios “que va en serio”; en otro momento, cuando deja de dirigirse a Dios, dice que ya “ha colgado”; y en una de las ocasiones en que reza, le pide disculpas por interrumpirlo, pues debe estar muy ocupado con temas más importantes como las enfermedades, las guerras, el hambre o la pobreza. El desenlace de este tema tampoco está libre de humor, ya que, cuando parece que ya ha captado la corrección de su madre en lo que a su relación con Dios se refiere, la niña, al ver que va perdiendo uno de sus partidos, le pide a su padre que le de la cruz que antes tanta suerte pareció traerle; como si la cruz fuera el teléfono por el que consiguiera línea directa con el Todopoderoso.

Conforme el episodio se desarrolla, también descubrimos por qué los otros dos hermanos parecen estar en tan buena sintonía. Pero, como ya alertaba George Sr., esa situación no podía estar trayendo nada bueno: algo debían de estar tramando sus dos vástagos. Y así era. Georgie, que sigue estudiando la manera de hacer dinero fácil (en lugar de lo que realmente debía estudiar), descubre que, en la gravilla de los laterales de las carreteras, se concentraban ligeras cantidades de platino desechadas por los catalizadores de los coches. Ni corto ni perezoso, llega a la conclusión de que, entre su cuerpo y la mente de su inteligente hermano, podrían conseguir grandes sumas de dinero. Sheldon, primero, se niega, pero, seducido por el pícaro Georgie, sucumbe a su peculiar forma de provocarlo: el no decepcionar a su admirado Dr. Protón, que podría, en cambio, sentirse orgulloso de su científica hazaña. De este modo, podremos ver a los dos hermanos recolectando gravilla de los arcenes pala en mano; bueno, Sheldon no acabó muy cansado que digamos. Esto es una forma suave de decir que no dio un palo al agua en lo que a trabajo físico se refiere: su participación vendría después, en el terreno científico. Para ello, necesitan un horno a temperatura tan alta que tienen que recurrir al de la sala de experimentos del colegio, con el permiso falso de George (no puede negarse que forman un buen equipo: cada uno aportando lo mejor de si mismo según sus habilidades). Pero, como ya habréis sospechado, el experimento no salió nada bien, a pesar del gran interés de sus artífices. Pero también esta otra trama argumental da lugar a conversaciones entre los hermanos de lo más sustanciosas, como, por ejemplo, aquella en la que Sheldon pregunta incrédulo a su hermano -obsesionado con las chicas- si su objetivo es conseguir una mujer que lo quiera por su dinero.

En fin… aquí cada loco con su tema. Así, resulta inevitable que la pobre Mary aparezca rezando desesperadamente por los miembros de su familia, y pidiéndole ayuda a Dios para poder seguir guiándoles hacia Él. Yo no creo que ningún esfuerzo caiga en vano; de hecho, cada uno de los Cooper (incluida Meemaw) son buena gente… aunque sea a su estilo.

El episodio 15 resulta un contrapunto ante el anterior. Aunque el decimocuarto tuvo sus puntos graciosos, como ya he señalado, el que paso a comentar está cuajado de ellos gracias, especialmente, a la ironía de Meemaw. Y, para colmo, ahora estas características sarcásticas, que, en un principio, poseía la abuela de Sheldon casi en exclusividad y que luego eran comparables a las de su nuevo pretendiente, el entrenador Dale, ahora tienen un tercer personaje fuente de las mismas. Se trata de la exmujer de Dale. La conversación que las dos abuelas -guapísimas ambas, por cierto- tienen en la grada del campo de beísbol no tiene desperdicio. No paran de gastarse bromas desde el minuto cero, y las dos las encajan con un sentido del humor envidiable. Esto sorprende aún más cuando sabemos que la exesposa sabía con quien estaba tratando. Tan bien lo pasan -y nos lo hacen pasar a los espectadores- que quedan para tomar unas copas y se hacen amigas. Para nuestra sorpresa, quedan en el mismo bar donde entra el Dr. Sturgis y en el que todos le conocen y saludan como si de una estrella se tratase (incluso le frotan la calva para que les traiga suerte en los partidos que allí televisan): este es el fruto de sus citas con George para tomar cervezas y charlar. De estos encuentros se deriva la posibilidad de que quizá Meemaw no se haya olvidado del todo de Sturgis… ya veremos qué pasa.

El episodio deja lugar también para uno de los temas recurrentes de la serie: el feminismo. Y es que, en la Universidad, Sheldon tiene que hacer un trabajo en equipo -cosa que él odia. Por su edad, ven lo más conveniente el reunirse en su casa, lo que da lugar a una interesante conversación entre la compañera de Sheldon y Mary, cada una defendiendo su lugar en el mundo como mujer. La primera se queja de que no se tome en serio a las mujeres en el ámbito de la ciencia (tema importante también en The Big Bang Theory): solo hay tres chicas en su clase y una de ellas va a abandonar sus estudios para casarse. Mary, aunque primero se siente abrumada por la defensa de la estudiante de la vida profesional de las mujeres, después sabe abogar también por su propia elección. Así, le hace ver a la joven que lo importante es que se respete a cada mujer el derecho a elegir el camino que la haga más feliz sin imposiciones, pero que ninguna opción tiene por qué menospreciarse.

Por otra parte, Georgie y Missy encarnan una situación bastante frecuente y de corte machista en este episodio. Por una parte, nos conmueve ver a Georgie ocuparse de su hermana dándole consejos y animándola a acercarse a saludar al chico que le gusta. Y, por otra, parece no poder evitar salir a cuidar a su hermana pequeña cuando por fin se decide a seguir sus pautas y es correspondida por dicho chaval. Amenazante, le advierte a gritos que no la toque y lo insulta, cuando él solo le había tocado inocentemente a modo de saludo cordial.

Reflexiones que vienen bastante acordes con las fechas en que se emiten estos episodios, coincidentes con la celebración del día de la Mujer. Ojalá todo ello sirva para ir creando poco a poco una sociedad más justa donde todos -hombres y mujeres- seamos respetados y vivamos en paz y harmonía.

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