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El mejor cine indie (VIII): en tierra hostil, «Ain’t Them Bodies Saints» y «Texas Killing Fields»

En esta octava entrega de nuestras recomendaciones de cine de bajo presupuesto volvemos a nuestra fórmula inicial de un par de películas por post hablando de dos producciones que, a pesar de tener premisas más cercanas al cine de mayores audiencias al tratarse de thrillers (más o menos) prototípicos, pasaron totalmente desapercibidas en nuestro país: Ain’t Them Bodies Saints (2013) y Texas Killing Fields (2011) – ya sea por su más que discreto paso por las carteleras españolas un año más tarde de su estreno en Norteamérica, como es el caso de la primera; o por su lanzamiento directo en DVD, en el caso de la segunda.

La primera, Ain’t Them Bodies Saints , bajo la dirección y guión de David Lowery – hasta entonces conocido como montador de otras películas de cierto renombre dentro de la industria indie como Upstream Color (Shane Carruth, 2013) o Listen Up Philip (Alex Ross Perry, 2014) y que, casualmente, cuenta en estos instantes con una película en cartelera con un cambio de registro radical, Peter y el Dragón de Disney – narrará la historia de amor entre dos jóvenes fugitivos con un largo historial delictivo en el estado de Texas – al más puro estilo Bonnie & Clyde – que tendrán que separarse tras ser capturados por la justicia. Ambientada en los años 70, en la cinta seguiremos las vidas paralelas los dos amantes: por una parte, Ruth (Rooney Mara), tendrá una vida tranquila al lado de su hija Sylvie alejada de cualquier malentendido con la ley; mientras que, por otro lado, Bob (Casey Affleck), en un momento desesperado, escapará de la cárcel y atravesará el peligroso estado para reunirse con su familia perdida. Por supuesto, las noticias de la huida de Bob hará que la sosegada vida de Ruth dé un vuelco inesperado en que no tendrá más remedio que enfrentarse con su pasado.

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Ruth (Mara) y Bob (Affleck) momentos antes de la tragedia

Conocida en España con los títulos – más que apropiados en este caso – de Un Lugar Sin Ley o Los Amantes de Texas, se ha descrito al film en varias ocasiones como un neo-western (incluso, algunos la han llegado a denominar melo-western) donde Lowery despliega un maravilloso ejercicio de referentes estéticos y narrativos, todos ellos direccionados hacia el ámbito de lo sensorial y lo introspectivo. Con una cadencia más bien pausada, el concepto de la cinta está basado en las canciones folk norteamericanas de las décadas de los 60-70 cuyas letras contaban historias de forajidos y llenas de un tono nostálgico que Lowery capta a la perfección en cada plano gracias, en gran medida, a la estupenda faena de su director de fotografía, Bradley Young. Rodada en 35mm y con la aspiración de emular el trabajo de dos de los más grandes DoPs de la historia del cine – Vilmos Zsigmond en Heaven’s Gate (Michael Cimino, 1980) y Néstor Almendros en Days of Heaven (Terrence Malick, 1978); juntamente con Robert Elswitt en There Will Be Blood (PT Anderson, 2007) – Ain’t Them Bodies Saints tiene una belleza estética impecable que muchos ya han asimilado a las obras del cineasta Terrence Malick, Badlands (1973) y To the Wonder (2012).

La segunda cinta será la carta de presentación de la cineasta Ami Canaan Mann – hija de la máquina de hacer blockbusters, el director/productor Michael Mann – quien, junto a otro debutante, el guionista Don Ferrarone, llevará a la pantalla el thriller Texas Killing Fields (traducida en España como Tierra de Asesinatos). Basada en una sucesión de hechos reales ocurridos en el territorio texano entre Houston y Galveston a partir de los años 70, donde se llevaron a cabo más de 30 asesinatos – la gran mayoría chicas jóvenes – de los cuales, pocos terminaron resolviéndose. Ambientada en la zona apodada como «the killing fields» o «highway to hell» y descrita como «el lugar perfecto para matar a alguien y salirse con la tuya», la trama se centrará en las investigaciones de la policía local: por un lado, el caso de asesinato de una joven con estrecha relación con los maleantes de la ciudad; y, por otro, la inminente desaparición de Anne (Chlöe Grace Moretz), una adolescente solitaria providente de un hogar desestructurado. A pesar de la apariencia de un thriller procedimental – y, en parte, sí que lo es – la cinta expresará la relación que se establece entre la vida profesional/ personal de los tres detectives encargados de las investigaciones y cómo sus valores morales y maneras de hacer chocan constantemente: Brian Heigh (Jeffrey Dean Morgan), el padre de familia protector y religioso con un carácter pragmático; Mike Souder (Sam Worthington), solitario y violento; y Pam Still (Jessica Chastain), una mujer en un mundo de hombres con un carácter visceral e impulsivo.

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El detective Heigh (Morgan) junto a Anne (Moretz) en Texas Killing Fields

Una fórmula que nos puede recordar – a pesar de que esta cinta es anterior – a una de las serie considerada de culto de los últimos años creada por Nic Pizzolatto, True Detective; al menos, a su primera temporada (sin reminiscencias filosóficas de por medio). Texas Killing Fields es un reflejo de la parte más oscura, sórdida y podrida de la América profunda en donde la perversión y la violencia están a la orden del día y donde todo parece estar permitido. Contando con alguna que otra situación e imagen poco agradables, el film mantiene una tensión palpble durante toda la cinta. Incluso, el director original ligado al proyecto, el británico Danny Boyle, renunció a su producción porque la consideraba “demasiado oscura para que alguna productora se atreviese a hacerla”.

Tanto en Ain’t Them Bodies Saints como en Texas Killing Fields nos encontramos con dos thrillers sosegados poco convencionales en los que gran parte del peso de la narración recaerá en la belleza de sus imágenes, perfectamente cuidadas y elaboradas y, por supuesto, lideradas por el estilo intimista que caracteriza a la amplia mayoría de producciones indies. Ambos films nos enmarcarán dentro de un microcosmos llamado Texas donde nuestros personajes serán víctimas de la opresión del paisaje y la hostilidad de la sociedad hermética que lo habita. Unas atmósferas inquietantes donde las amplias llanuras desérticas y silenciosas son las verdaderas protagonistas.

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