El mejor cine indie (X): asuntos de familia, «The Skeleton Twins» y «Junebug»

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Volvemos a reenganchar nuestra sucesión de post reivindicando – o, en su defecto, dando a conocer – el cine independiente después de varias semanas de parón con dos películas que se enmarcarán dentro de una temática que se ha explotado narrativamente desde los inicios de la dramaturgia: la familia. Por supuesto, tras volver a la realidad después de las fiestas navideñas y de las reuniones familiares reglamentarias/obligatorias de estas fechas, en estos dos films que os recomendaremos hoy, «The Skeleton Twins» (2014) y «Junebug» (2005) poco existe de la imagen familiar perfecta que se tiene en mente. Por supuesto, si fuese así, no formarían parte de nuestra lista… Pero, mejor vayamos por partes.

La primera con un paso más o menos discreto por las salas españolas, aunque seleccionada para competir en la Sección Oficial del Festival de Sundance, «The Skeleton Twins» nos narra la historia de dos hermanos mellizos que, tras estar diez años sin saber nada uno del otro, se reencuentran debido a unas circunstanciadas muy particulares: el intento de suicidio de uno de ellos. Así, Maggie (Kristen Wiig), convencerá a su hermano Milo (Bill Hader) de pasar una temporada en su ciudad natal, donde ella aún reside, para ayudarlo durante su recuperación. Así, durante el transcurso del film en una relación de amor/odio, los mellizos intentarán recuperar el tiempo perdido y volver a estrechar lazos; aunque, también (re)abrirán heridas del pasado y se darán cuenta de lo mucho que han cambiado durante los años y lo poco que saben uno del otro.

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Milo y Maggie, dos hermanos que se reencuentran en The Skeleton Twins

Con guión y dirección firmados por Craig Johnson y con un rodaje de apenas veintidós días, «The Skeleton Twins» es un dramedy con mucha honestidad, frescura y con una dosis de mostrar la realidad familiar de manera bastante representativa. Tal y como lo explica su director, es la búsqueda de la mezcla de esos momentos de griterío incansable y de esas carcajadas imparables que existen en cada una de las familias, además de, como describe perfectamente Johnson a su película: «The movie tries to deal with dark shit with a sense of humor» («La cinta intenta afrontar asuntos muy oscuros con sentido del humor»). Y, de hecho, será esto último lo más destacado del largometraje. Con cierta inspiración del estilo narrativo y visual de cineastas bien posicionados dentro de esta tipología de dramedias como Hal Ashby (conocido en la época de los 70-80s con títulos como Harold & Maude, Shampoo o Bienvenido Mr Chance) y Alexander Payne (éste más coetáneo a nosotros con films como Election, Los Descendientes, Entre Copas o Nebraska), la improvisación forma parte del discurso interno de la cinta y algo que el director supo aprovechar para sacarle el mayor jugo a sus protagonistas.

Por supuesto, el mayor aliciente de la película son Bill Hader y Kristen Wiig, dos de los mejores cómicos profesionales en circulación y que derrochan un talento especial en sus papeles de Milo y Maggie, incluso entrando de lleno en un registro dramático en el que, realmente, sorprenden y apuntan maneras. La química especial de Hader y Wiig – que parte de más de una década de amistad y como compañeros en Saturday Night Live – como nuestros mellizos protagonistas es palpable en cada escena y sus diálogos improvisados (que son la gran mayoría) son de un humor que pasea entre la burrada más gorda y la sutileza más elaborada. Empezando por una secuencia con una sesión de playback de la canción de Starship «Nothing’s Gonna Stop Us Now» que no tiene desperdicio.

La segunda, aclamada por la crítica en su año de estreno y completamente ausente de las carteleras de nuestro país – además de pertenecer a mi colección particular de películas favoritas – «Junebug» nos cuenta la historia de Madeleine (Embeth Davidtz), una importante galerista de arte de Chicago que viaja hasta una pequeña localidad de Carolina del Norte tras la pista de un pintor al que pretende contratar y que aprovechará el viaje para conocer a la familia de su recién marido George (Alessandro Nivola), que vive en un pueblo cercano.

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Amy Adams, (prostéticamente) embarazada y auténtica reina de Junebug

Por supuesto, la irrupción de Madeleine en la familia supondrá un acontecimiento inesperado para sus integrantes los que intentarán causar un buena impresión (y viceversa); así como se desenterrarán, avivarán y marchitarán relaciones entre todos ellos. Así, dentro de la familia encontraremos a Johnny (Benjamin McKenzie), hermano pequeño de George, un joven con muy pocas luces y con el que muestra una relación distante; Ashley (Amy Adams), la novia embarazada de Johnny de una personalidad dulce y un tanto inquieta; y, por último, los padres de George, Peg (Celia Weston) y Eugene (Scott Wilson), – aparentemente – pasivos  ante cualquier asunto que concierna a sus hijos. El eje principal de la trama se centrará en las claras diferencias sociales y culturales entre Madeleine y el resto de la familia que chocarán constantemente en las maneras de pensar, hacer y, sobretodo, comportarse frente ciertas situaciones cotidianas dentro del entorno donde se encuentra la protagonista. Una estructura clásica de “pez fuera del agua” que se narrará de manera brillante entre la comedia y el drama – aunque apostando más por este último – mostrando una perfecta radiografía del mundo rural norteamericano, la incomunicación familiar y la diferenciación de clases.

Bajo la dirección de Phil Morrison y con guión de Angus MacLachlan – cuyas carreras no evolucionaron mucho desde la película – «Junebug» es una cinta muy poco conocida para el gran público, pero que es una verdadera maravilla de bajo presupuesto por muchas razones que prefiero que descubráis por vosotros mismos. Sin embargo, como en el caso de «The Skeleton Twins» que el mayor reclamo eran el nombre de sus dos protagonistas, en esta también ocurrirá algo parecido. El título de «Junebug» vendrá asociado directamente con el nombre de una actriz que ahora – y sobretodo este año – ya está completamente integrado dentro de la comunidad cinematográfica: Amy Adams. Su más que espectacular interpretación es gran parte del alma de la película y es, sin duda, uno de sus mejores trabajos hasta la fecha (esa escena del hospital vale la película entera). A parte de ganar todos los premios interpretativos de la comunidad de cine independiente en EE.UU – Spirit Award, Gotham Award, Premio Especial del Jurado en Sundance – y el premio de la Asociación de Críticos (Critics’ Choice Awards); «Junebug» supuso la primera nominación al Oscar – de seis (contando «Arrival» que, prácticamente, tiene una plaza asegurada) – de Adams y la puso en el punto de mira como una de las mejores actrices emergente del momento a sus 30 años (¡y vaya carrera se ha construido desde entonces!); además de ayudar a que la cinta fuese más reconocida fuera de sus circuitos habituales.

Dos dramedies con muy buen ritmo, de caracter intimista y una temática parecida que, seguro, el espectador podrá empatizar en más de un momento y con más de una situación. Dos historias de familias disfuncionales honestas, cuidadas e inspiradas en la realidad que, verdaderamente, valen la pena tener en nuestra lista de visionados y un espacio en el mejor cine indie.

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