El preludio del diluvio: “It’s a Matt, Matt, Matt, Matt World” y “Certified” (recaps 5 y 6)

Matt
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Nos acercamos peligrosamente al cierre definitivo de The Leftovers. Kevin y su séquito se precipitan hacia el séptimo aniversario de la desaparición de un porcentaje de la humanidad. Ahora todos los personajes confluyen en un único enclave, y sólo resta saber cuanto de magia y cuanto de cruda realidad tendrá el desenlace.

EL FIN DEL MUNDO ANTES DEL FIN DEL MUNDO

El quinto episodio abre con una escena desconcertante en la que observamos a un soldado francés desnudándose dentro de un submarino, para acto seguido robar  una llave y encerrarse en un compartimento para gran desesperación del resto de la tripulación. Lo próximo que sabemos es que ha presionado un botón rojo, con todo lo que ello implica.

Al parecer, el soldado estaba convencido de que una bestia marina iba a emerger del Pacífico y provocar el fin del mundo, y el único modo de evitar el advenimiento del fin del mundo sería lanzar una bomba. Parece que casi todo el mundo puede ser un salvador en The Leftovers.

MISIÓN: SALVAR A KEVIN

Esta acción tiene un impacto considerable en lo que a la línea narrativa principal respecta, ya que debido a la explosión causada un gran número de vuelos internacionales son cancelados, forzando al reverendo Matt (auténtico protagonista de este quinto episodio) y su séquito particular, formado por John, Michael, y la reticente Laurie, a tomar una ruta alternativa para llegar a Australia, donde su cometido será el de encontrar a Kevin y llevarlo de vuelta a Miracle antes del día del aniversario. Este es el plan inicial de Matt, fruto de su convencimiento de que Kevin es el mesías, y que debe estar en el lugar sagrado en el momento justo.

Matt, Laurie, John y Michael se embarcan en una misión de rescate.

Matt, Laurie, John y Michael se embarcan en una misión de rescate.

UN BARCO, UNA ORGÍA Y FRASIER EL LEÓN

Para alcanzar a Kevin estos peculiares apóstoles deben volar a la Isla de Tasmania, y más tarde navegar hacia tierras australianas. El único inconveniente es que para ello deben convencer a un grupo de viajeros que ha alquilado el único barco que realiza este trayecto. Y no se trata de un colectivo cualquiera; su intención es celebrar una orgía a bordo. Además, transportan con ellos al legendario león Frasier, cuya historia habla de una capacidad inusitada para la fertilización de hembras. Finalmente conseguirán el beneplácito de la organizadora para acompañarles, gracias a un chiste sobre curas y pederastia contado por el mismísimo reverendo, lo que no hace sino confirmar hasta qué extremos está dispuesto a llegar Matt en su particular cruzada.

MATT Y DIOS

Además de los ya mencionados a bordo se encuentra toda una celebridad: Dios. Aunque para ser del todo exactos se trata de un hombre llamado David Burton, de quien se dice que habría sobrevivido a una caída en una montaña que debería haber tenido consecuencias fatales, pero de la que salió indemne cuando todos le daban por muerto. Tras el accidente, y siempre según su versión, resurgió de una cueva como Dios. Ahora se dedica a repartir cartas de póker en cuya reverso se pueden leer las respuestas a las preguntas más comunes que la gente suele tener acerca de Dios.

Captura de David Burton, también conocido como Dios.

Captura de David Burton, también conocido como Dios.

Sin embargo, Matt presencia como este hombre arroja a otro por la borda, en un acto muy humano. Y aunque la posibilidad de que lo que este hombre afirma sea cierto parece no cruzársele por la cabeza en ningún momento, Matt termina por atarlo a una silla para entrevistarse con él, y descubre mucho más acerca de si mismo que sobre el sujeto en cuestión. Aprende que él, al igual que todo ser humano, es también egoísta. Su camino no es tan virtuoso como pudiera parecer, pues ninguno lo es en realidad. Su auténtica búsqueda es la de la autocomplacencia, una condena no mejor que muchas otras. Podría decirse que frente al sacrilegio personificado en la figura de este hombre-Dios llamado David Burton Matt encuentra finalmente su parte más humana. Tanto es así que decide admitir que padece una enfermedad terminal, y dejar atrás su autoimpuesta carga para apoyar a su hermana Nora en su búsqueda personal de una conclusión. La familia es la familia, después de todo.

LAURIE

La gran protagonista del sexto episodio es Laurie, el punto disonante en toda esta historia. Laurie representa la racionalidad frente a lo místico, lo mágico y lo religioso. Se auto otorga el rol de Judas Iscariote, conocedora del papel que juega, aunque no todo sigue igual que antes, puesto que Laurie ha decidido permitir que todos los demás sigan adelante con sus planes, por más irracionales que estos puedan parecer. Antes de abandonarlos a su suerte, sabedora de que no puede participar de aquello en lo que jamás creerá, tiene una última conversación con su ex marido para asegurarse de que la decisión de tentar una vez más a la muerte es suya y sólo suya, y no fruto de las presiones externas. Una vez completado el trabajo, se marcha.

La conversación final entre Kevin y Laurie está marcada por un tono extrañamente pacífico.

La conversación final entre Kevin y Laurie está marcada por un tono extrañamente pacífico.

EL DESQUICIAMIENTO POR SISTEMA

Todos y cada uno de los personajes parecen haber llegado a un punto de no retorno en el que toda certidumbre ha desaparecido. Nadie se atreve a vaticinar ya como terminará todo, o tan siquiera si lo hará. Nora está decidida a utilizar la máquina de radiación. Matt la acompaña. Kevin tratará de cruzar el río una última vez para llevar a cabo las distintas misiones que le han encomendado. Grace quiere que hable con sus hijos. John quiere que haga lo mismo con su hija Evie. Y Kevin Sr. quiere que hable con el difunto Christopher Sunday para obtener así la canción final que le permitirá impedir el advenimiento del segundo diluvio universal. No hay rastro de razón en todo esto, y quizás sea ese el mensaje final de The Leftovers.

Lo mejor: La evolución del personaje del reverendo Matt Jamison; de lo divino a lo humano. Ver a un Kevin decidido y en paz. Las palabras malsonantes de Kevin Sr., siempre bienvenidas. Y, en general, todo el abanico de emociones que siempre despliega la serie.

Lo peor: Resulta difícil mencionar algo. Casi todas las cartas están dispuestas sobre la mesa, y ya solo queda esperar a descubrir que ocurrirá pasados siete años del acontecimiento que lo empezó todo. No podríamos pedir más.

Lo que esperamos: Un final de serie a la altura de las expectativas creadas, uno que resulte emocionalmente satisfactorio. Debemos tener en cuenta que The Leftovers se centra ante todo y sobre todo en el espectro de las emociones humanas, principalmente en la cuestión de la negociación de la pérdida, por lo que dependiendo del tipo de final que esperemos el batacazo puede ser espantoso. Probablemente no se trate de una producción para todos los públicos por su marcado tono gris. Si no perdemos de vista aquello sobre lo que versa la serie, seguro que el sentimiento final será de satisfacción. Crucemos los dedos.

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