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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

En busca de la felicidad: «Joy», el nuevo dramedy de David O. Russell

He de admitir que no soy una ferviente seguidora del trabajo de David O. Russell. Y eso que yo fui de las que le llegó a agradar su anterior película, American Hustle (2013), a pesar de que a la mayoría de cinéfilos de mi entorno no acabaron de conectar del todo con la cinta. Pero, centrémonos en el tema que nos concierne. El pasado 8 de enero se estrenó su octavo largometraje, Joy con Jennifer Lawrence como protagonista, siendo ésta su tercera colaboración con el cineasta (y no creo que sea la última) Escrita por el propio director y basada en hechos reales, el film narra la particular historia de Joy Mangano, una madre divorciada y ama de casa que gracias a su ambición y creatividad (más concretamente, inventó The Miracle Mob) se convirtió en la reina de la teletienda de EE.UU. a principios de la década de los 90.

Entonces, sí. Como el espectador deduce nada más conocer la trama, esta va a ser una historia de autosuperación donde Joy aspirará por todos sus medios encontrar su lugar en la vida y cumplir su Sueño Americano mientras tendrá que abrirse paso en el estresante e inhumano mundo empresarial, además de tener que lidiar con el menosprecio y la negatividad constante de su familia. Abriendo la cinta con la frase «Based on the stories of daring women. One in particular», Jennifer Lawrence interpretará a una matriarca de familia estilo hockey mom con una personalidad fuerte, emprendedora, independiente y segura de sí misma – adjetivos que se van reiterando en sus acciones durante todo el film – que no tendrá ningún reparo en mostrar su lado más vulnerable como madre y su lado más frío como mujer de negocios. En resumidas cuentas: tenemos una historia y una protagonista con las que nos resulta sencillo empatizar.

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La familia disfuncional de Joy (casi) al completo

En este sentido, la elección de Jennifer Lawrence de interpretar a una mujer que debe abrirse paso en un mundo empresarial rodeada de hombres no es casual. Su escrito para el blog de Lena Dunham, abrió un debate sobre la desigualidad salarial en Hollywood entre actores y actrices, como también la falta de cargos femeninos de importancia dentro de la industria. Entonces, está claro que el espíritu y el discurso feminista de Lawrence impregnará toda la película –  y yo diría casi como una reivindicación personal – y Joy Mangano será un papel importantísimo dentro de su carrera.

Ahora bien, con todos los ingredientes sobre la mesa, la propuesta de David O. Russell se queda a medias. Lo que empieza con una estructura de cuento – o cuento de Navidad, si se prefiere, ya que la mayor parte de la acción transcurre en invierno – donde al más puro estilo Big Fish, se plantea una narración en voz off que contará el viaje de nuestra protagonista, este elemento no conseguirá encajar dentro de la historia. Encontrando todos los elementos que caracterizan los proyectos de Russell: los personajes extravagantes, los diálogos rápidos, un ritmo ágil, una puesta en escena coreográfica entre la cámara y los actores y, sobretodo, el importante uso de la música dentro de la trama; el film alternará un tono más convencional y dramático con un registro fantástico/onírico que no acaba de funcionar en su conjunto. Esta vez, a diferencia de otras de sus producciones, como es el caso de American Hustle en el que el ritmo frenético, la excentricidad de los personajes y el look setentero de la cinta sí permitía algún que otro exceso estético y narrativo, Joy será un dramedy con una amalgama de referentes visuales que producirán una mezcla de estilos que no casan entre ellos y un extraordinario reparto de secundarios – Robert De Niro, Édgar Ramirez, Isabella Rossellini, Virginia Madsen, Elisabeth Röhm, Dascha Polanco, Dianne Ladd, Bradley Cooper – con un cometido más bien funcional que dramático.

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Jennifer Lawrence hace otro de sus grandes papeles en Joy

Sin embargo, aunque el guión de Joy puede que sea, más o menos, prototípico y que la propuesta estética del director sea un poco caótica, pero una cosa podemos afirmar: David O. Russell sabe sacar lo mejor de sus actores y, sobretodo, de Jennifer Lawrence. Está claro que es el mayor reclamo de la película y, francamente, el film no sería lo mismo sin ella. Veremos a una Jennifer Lawrence muy distinta de los histéricos y disparatados personajes de sus papeles anteriores para David O. Russell. Lawrence nos vuelve a demostrar su gran carisma frente a la cámara, la frescura que la caracteriza y la enorme maleabilidad que tiene como actriz en Joy enseñando su lado más maternal y más contenido, a pesar de la vertiente más alocada y naif del film, con la que se defiende también de maravilla. Con solamente 25 años de edad, Lawrence podría obtener su cuarta nominación a los Oscar por su interpretación de Joy Mangano (y es lo más probable que suceda) después de haber estado nominada por su debut como Ree en Winter’s Bone en 2011 (película magnífica en todos los sentidos), por su rol de Rosalyn Rosenfeld en American Hustle hace dos años y por ganar el galardón a Mejor Actriz con apenas 22 años gracias a su Tiffany de Silver Linings Playbook, estas dos últimas películas de David O. Russell. Parece que los hechos hablan por si solos…

Pero, no me malinterpretéis. Joy es una buena película. No vamos a decir que es un film soporífero e inaguantable que no se deja ver. Para nada. Eso sí, con una historia muy convencional que satisfará al público más clásico y que supondrá algún que otro “pero” en la boca de los espectadores que buscarán más que ver a una siempre magnífica Jennifer Lawrence cargándose todo el peso de la cinta.

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