«Evil Kin» (Discovery, 2013) o las máscaras de la perversidad

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Hoy en Grupo RIRCA hablamos sobre la perversidad y nos preguntamos, ¿innata o construida? Si bien ésta no es nuestra pregunta de análisis propiamente, si subyace en la premisa del programa que ponemos en tela de juicio, Evil Kin del canal Investigation Discovery (2013) en el que se combinan testimonios reales con un formato televisivo que promueve, también, un elemento ficcionalizador que no podemos dejar de contemplar de forma objetiva.

Siguiendo las tesis de Zimbardo y aquello que él señala como “efecto Lucifer” se nos plantea el cuestionamiento de si las buenas personas pueden corromperse hasta llegar a cometer hechos atroces y sin aparente explicación lógica sino más bien a un proceso que, en algunos casos, se asemeja a la enajenación mental o la patología mental. Precisamente, el programa Evil Kin puede contribuir a ese cuestionamiento. Ahora bien, nos planteamos, ¿cuál es la piel de la maldad?, ¿cómo viste la perversidad?, ¿nos corrompemos o nos corrompen? A modo de procedimental, el programa analiza casos donde la familia es representada como un espacio de corrupción y de creación de horror en tanto que se gestan conductas que transgreden el propio concepto de familia como un lugar de crecimiento, de desarrollo y también de seguridad y de protección.

En ese sentido, encontramos patrones de conducta en los que miembros de una misma familia son capaces de cometer actos violentos, sádicos o incluso mortales a ellos mismos. La casa y los miembros constituyentes son los mismos creadores, perpetradores y víctimas de sus propias acciones que visibilizan la oscuridad de la psique humana y de lo que ésta es capaz de hacer no sólo a otras personas sino a personas que forman parte de su propia familia.

Analicemos un caso en concreto que puede resultar representativo de lo dicho hasta ahora: en The Evil Inside, el cuarto episodio de la primera temporada se nos plantea un caso en el que se hace una reconstrucción de una familia en la sus apariencias es solamente una simple máscara superficial que cae por su propio peso. Éste, como el resto de casos, es resultado de una investigación en la que se hace latente la colaboración entre la policía, psicólogos, periodistas y también múltiples entrevistas de los vecinos de las respectivas familias que representan los casos de estudio de cada episodio en los que se incluyen recreaciones de vídeo ilustrativas.

La familia Malows estaba formada por la pareja, sus cuatro hijos y dos nietos viviendo todos juntos en condiciones insalubres y caos que ellos consideraban como habituales y que sus vecinos no entendían hasta el punto de que empezaron a tenerles miedos por su comportamiento y a crear un caos fundado por actos tales como ejercer violencia a sus propios animales, enterrando hasta siete de sus gatos en el jardín. Sin embargo, Thomas, uno de los hijos de los Malows de 14 años sí tenía una predisposición para ser amable con algunos de sus vecinos y tener algunas conversaciones con una vecina anciana que lo animaba a luchar por su futuro. Y él era el principal culpable de asesinato de su vecina Mary Claire por asestarle hasta 35 puñaladas como consecuencia (según la línea de pensamiento patológica y el modus operandi de Thomas Malow) de haberse intentado meter en una conversación que no le incumbía y que Thomas estaba teniendo con bruscos modales fuera de su casa junto con otros dos jóvenes. Él llegó a la escena del crimen con una curiosidad poco común y más bien morbosa de lo que había sucedido. Ello junto con sus confesiones policiales inconsistentes ya que ponían en evidencia que conocía muchos detalles y, además, acabó llorando por lo sucedido lo cual no encajaba con el tipo de relación que mantenía con su vecina. Por ello, la policía quiso abrir una investigación para conocer su entorno familiar en la que se detectó que había en principio una buena disposición para colaborar con la policía aunque sí detectaron esas condiciones insalubres en las que no podían crecer debidamente los niños.

Sin embargo, la policía detectó que Thomas disponía de un anexo donde podía tramar sus actos y que su comportamiento se tornaba más extraño y entraba en conflicto con el resto de relatos de los miembros de la familia. Esas historias se entrecruzaban con el fin de confundir la investigación policial y cada uno de ellos en las confesiones ante la autoridad trataba de incriminar a otro miembro de la familia para salvarse a sí mismos hasta que el propio Thomas confesó lo sucedido. La cuestión radica en que los propios miembros de la familia y la casa como entorno han representado, según las razones que  la policía y psicólogos del caso aportan, el motivo fundamental para que toda la negatividad provocara que el adolescente buscara una víctima contra la que plasmar y erradicar toda esa rabia interna y Mary Claire fue precisamente esa víctima. Ese asesinato solamente fue la punta del iceberg de una familia llena de historias oscuras y delitos atroces donde el miedo y la perversidad eran la tónica diaria y donde en menos de 24 horas 5 de sus miembros fueron acusados por la policía por abuso sexual, violencia física y psicológica, violación, incesto, tráfico de drogas y crímenes encubiertos.

En definitiva, Evil Kin resulta un programa realmente interesante para investigar la construcción de la maldad, la perversidad y la simulación de intentar entender las razones de una psique humana depravada y dominada por patologías mentales que combina casos con testimonios reales con el rastreo de ejemplos que la ficción toma y se nutre.

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